Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de noviembre de 2014

De vuelta en la mazmorra

¿Alguna vez te quedaste dentro del coche mientras echaban gasolina? Seguramente nunca te paraste a escuchar el sonido del combustible entrando en el deposito pero es similar al latido de un corazón, terroríficamente similar para alguien a quien un sonido puede traerle mil recuerdos. Ser trasladado bruscamente por la mente nunca es bueno, no sabes donde vas a caer y te pierdes, andas erráticamente de recuerdo en recuerdo intentando salir a flote de nuevo pero cada recuerdo malo te lleva a uno peor y entras de vuelta en el bucle que creías haber abandonado y giras y giras sin control, de vuelta en la mazmorra.

jueves, 28 de noviembre de 2013

La crisis de 1808 y la guerra de la independencia


Era la noche del 31 de diciembre de 1807 y se habían reunido en la plaza mayor de Madrid. Casi eran las 12 y  por todas partes se oían risas y gritos de jolgorio, los cuartos comenzaron y todo el mundo calló. Las campanadas comenzaron. Una… dos… tres… cuatro… cinco… seis… siete… ocho… nueve… diez… once… la doceava campanada se detuvo y su sonido quedó vibrando en el aire. Entonces el cielo se abrió y un haz de luz cayó sobre la plaza, justo en el centro, sobre la hoguera. Todo el mundo observaba boquiabierto la grieta del cielo, que se hacía cada vez mayor. Un fuerte estruendo, como de cristales rotos, sonó y el cielo se cuarteó. De pronto un extraño artefacto comenzó a bajar por la luz, era una especie de bola de algún material opaco y se posó suavemente en el medio de la hoguera. Las llamas lamian la superficie de la bola y entonces una compuerta se abrió y gritos de dolor inundaron el silencio. Una silueta humana había salido de la bola y se retorcía de dolor entre las llamas, seguida por otra sin mejor suerte. Cuando al fin consiguieron salir de la hoguera rodaron por el suelo hasta apagar las llamas que les quemaban y entonces se levantaron, ante la vista atónita de los presentes, aun doloridos.

Ellos eran… ¡Francisco Franco y Adolf Hitler conquistadores de tiempos! Pero el fuego les había dejado bastante perjudicados y estuvieron seis meses en el hospital. Cuando se recuperaron utilizaron sus poderes de convicción y su llegada inesperada para hacerse con el poder y destruir cuanto estaba bien en aquella época. Esto se conocería en las generaciones futuras como “La crisis de 1808”.

Pero un día el cielo se nubló en plena hora de la siesta cogiendo a todos por sorpresa y millones de naves extraterrestres llegaron para conquistar España, porque ya tenían muy visto EEUU. Hitler y Franco hicieron cuanto pudieron por detenerles, pero la tecnología de aquella época no era suficiente para ello así que a los alienígenas conquistaron todo cuanto había y se hicieron con el poder. Los nietos de los alienígenas que lucharon en aquella batalla le contarían a sus propios nietos como sus tatarabuelos habían luchado por su raza y llamarían a aquella batalla “La guerra de la Independencia” y se creó  un día universal llamado Independence Day (porque en inglés era más cool).

martes, 8 de octubre de 2013

Desengaño

Un día, abrió los ojos  y se dio cuenta de que la hierba no era tan verde ni tan tupida, el cielo no era tan perfecto ni la brisa tan dulce como en las historias, como ella lo había llegado a ver. Los arboles se rompían, las flores se marchitaban y las hojas caían. El idílico cielo completamente azul  e los cuentos no le parecía tan bello, el agua era turbia y, lo peor de todo… eran los humanos. No eran perfectos, ni mucho menos, de pronto todo el mundo le pareció feo y desagradable, los malos, quizás, no eran tan malos y los buenos no tan buenos. No había bellas princesas ni príncipes ni tampoco aquellos apuestos malvados que los sedujeran, todo eso pasaba únicamente en los cuentos. Incluso ella, que aunque nunca se había visto como a  una princesa, si lo había hecho como aventurera o guerrera, se dio cuenta de que no era intrépida ni fuerte, si no más bien débil y cobarde, como todos los demás.

martes, 23 de abril de 2013

Espera


—Espera, espera… no te apresures—Dijo bajo su sombrero de copa—cuanto más rápido vayas más tarde llegaras
Mientras él decía esto ella corría intentando ignorarle, pero el caminaba a su lado lentamente, casi como flotando, ocultaba gran parte de su rostro bajo el sombrero y solo dejaba a la vista una gran sonrisa de afilados dientes. Ella, con sus verdes ojos fijos al frente, intentaba correr lo más rápido posible, pero aun así parecía que su destino estuviese cada vez más lejos.
Su pelo, antes oscuro, empezaba a clarear, las canas se extendían a gran velocidad y en su piel comenzaban a salir arrugas… mas ella no se detuvo.
—Vamos niña, no corras— le dijo con voz burlona— ¿No ves que deberías disfrutar del bello paisaje, de las risas de los niños mientras juegan, de las jóvenes parejas? ¿No ves acaso que cuanto antes llegues antes habrás dejado atrás lo que una vez te importó?
Sus ojos, que se habían ido apagando, empezaron a humedecerse pero ella sacudió la cabeza sin cesar en su carrera, sentía que sus fuerzas la abandonaban poco a poco. Al fin no pudo mas, dejó de correr, cayó al suelo y quedó tendida en él. En un último esfuerzo alzó la vista y un brillo de triunfo inundó su mirada.
— ¿Ves? He llegado
Su afilada sonrisa se extendió aun más.
— ¿de veras crees que es aquí a donde pretendías llegar?
Ella miró alrededor y se dio cuenta de que todo allí era tenebroso, estaba sola en aquel paraje muerto…  El brillo de triunfo desapareció tan rápido como había llegado, llevándose consigo su vida. Mientras él, con su sombrero de copa y su sonrisa de oreja a oreja, arrancaba de su pecho el corazón y lo mordisqueaba con sus afilados dientes. Rió satisfecho.

jueves, 14 de febrero de 2013

Especial San Valentin :D


Abrió la puerta en silencio y la cerró suavemente tras de sí. Su dorado cabello brillaba bajo la luz de las farolas, se escondió tras unos arbustos y se quitó el blanco pijama, dejando ver una camisa a rayas con el hombro descubierto y una falda negra inapropiadamente corta. Ocultó el pijama entre los arbustos y se escabulló en la noche.
Al otro lado del vecindario un apuesto joven se despedía fugazmente de su padre, sentado frente al televisor, que no le prestó demasiada atención, y salía también a la calle. Bajo la luna y el cielo cubierto de contaminación apenas se podían apreciar su silueta, con sus vaqueros y su camiseta azul mientras caminaba intentando no llamar la atención de la escasa gente aun despierta.
Ambos adolescentes caminaban hacia el mismo destino. Él llegó primero. El parque infantil no estaba iluminado y era un lugar perfecto para encuentros furtivos. Apenas se sentó en el columpio, ella llegó, mirando alrededor. Sus miradas se encontraron. Tras reconocerse mutuamente en apenas milésimas de segundo, sus caras se iluminaron y ambos sonrieron. Ella corrió a los brazos de él y él la alzó, abrazándola, y sus labios se encontraron y ambos seres se unieron en uno solo. Sus manos se fusionaron a la espalda del otro y las piernas de ella, que rodeaban la cintura de él, perdieron su forma fundiéndose y mezclándose con su cuerpo. Y sus caras se hundieron, la una en la otra, comiéndose mutuamente, cubriéndose el uno con la piel del otro. Y el ser resultante, algo que era él y era ella, pero a la vez ninguno de los dos, quedó allí, revolviéndose sobre sí mismo hasta que el sol salió. Y cuando los primeros niños, acompañados de madres y padres, acudieron al parque, los primeros gritos se alzaron en el cielo, alertando al vecindario. Y en las casas de donde habían salido los jóvenes se escucharon gritos de búsqueda y de desesperación, llamadas hacia los que una vez habían sido… pero ya nunca serian.  

jueves, 24 de enero de 2013

Sonrisas 5ª parte


Hacía tanto tiempo que no lloraba, que había perdido la capacidad de hacerlo. Había intentado ser más fuerte, había procurado no mostrar su debilidad, pero aquello solo había conseguido que su frustración, su dolor y sus pensamientos quedaran encerrados en su interior, el muro que había construido para protegerse del exterior era ahora su cárcel y se inundaba poco a poco, ahogando cada vez más su corazón, su mente. A veces no podía respirar, sentía una presión insoportable en el pecho, sentía ganas de vaciar aquel mar de dolor, de secarlo a base de lágrimas. A menudo, quizás más de lo que debería, aliviaba la presión con una pequeña cuchilla de afeitar antigua que había encontrado en un cajón y que llevaba siempre consigo, el escozor de sus heridas calmaba por unos momentos los verdaderos problemas que ocultaba. A pesar de todo era demasiado débil para llegar hasta el final, para dejar que su sangre fluyera libre. No temía a la muerte pero era incapaz de llamarla directamente, había empezado a fumar hacia unos mese y aquello la relajaba momentáneamente pero a la vez se odiaba por hacer lo que siempre había recriminado a su familia.

Aquel día estaba especialmente deprimida, durante las clases había estado totalmente ausente y no paraban de rondarle por la cabeza todos los asuntos no resueltos que inundaban su interior, algunos eran concretos, pero de otros solo era consciente de la sensación que dejaban y estos eran los que más le afectaban, el no saber lo que le rondaba por la cabeza producía una doble desazón en su interior. Cuando el sonido del timbre recorrió las aulas, recogió sus cosas y se marchó. Aun quedaban algunas horas de clase pero no podía mas, sus piernas actuaron por voluntad propia. Su cerebro había colapsado y su cuerpo se movía por instinto. Salió de aquel gris edificio y caminó sin rumbo aparente, dejó caer la mochila y la abandonó, siguió vagando por las calles hasta que llegó a las afueras de la ciudad. Se acercó poco a poco a las vías del tren, que rodeaban la ciudad, ella solía ir allí cuando no podía más, cuando sentía que debía desconectar de todo, se sentaba en la pradera cerca de las vías y observaba pasar los trenes. Aquella vez fue diferente, no se detuvo, continuó caminando hasta subir a las vías y e tumbó dejando caer las piernas por un lado y apoyando la cabeza en el metal. Cerró los ojos. Como si se hubiese desenchufado de repente relajó todo el cuerpo y quedó semidormida respirando levemente. Las vías comenzaron a vibrar, ella abrió los ojos y observo las nubes, pero pronto dejó de verlas ya que sus lágrimas comenzaron a brotar e invadieron sus ojos y corrieron por sus mejillas, terminando en el frío metal de las vías. Al fin, su dolor terminaría, allí, en aquel momento. No pudo evitar que una sonrisa de alivio recorriera su rostro justo antes de que la pesada máquina del tren de mercancías la destrozara y repartiera trozos de cráneo, sesos y sangre por los alrededores de la vía, tiñendo de rojo la verde hierba que antes cubría la pradera.

jueves, 17 de enero de 2013

El Violinista 4ª parte final


Una desagradable risotada salió de la garganta del viejo, pero se detuvo en seco cuando aparecieron Neku y sus amigos arremetiendo contra los diez hombres, pronto el parque fue un campo de batalla, los diez hombres luchaban contra nosotros, Neku y sus dos compañeros. Ellos nos superaban en número, pero, a diferencia de lo que pareciera, Neku sabia defenderse, repartía puñetazos aquí y allá;  sabía dónde golpear exactamente para dejarles sin aliento por largos segundos, que le daban tiempo de sobra para volver a arremeter. Sus amigos tampoco eran novatos. Jack y yo apenas tuvimos que hacer nada. De pronto me di cuenta de que uno de ellos sacaba una pistola de la chaqueta y apuntaba a Neku por la espalda; me abalancé sobre él y le tiré al suelo; se escuchó un disparo, un grito, y el sonido de un peso muerto caer al suelo. Todos alzamos la cabeza, buscando la víctima, vimos caer el pesado cuerpo del padre de Jack, la expresión congelada en el rostro, los ojos abiertos como platos, las pupilas dilatadas, un hilo de sangre brotó de su boca, una mancha roja comenzó a extenderse por su camisa y poco a poco la vida fue escapando de su cuerpo, su mirada se apagó y, tras convulsionar, quedó completamente inmóvil. Los hombres que aun quedaban en pie miraron el cadáver horrorizados y luego salieron corriendo, ninguno de nosotros hizo el menor esfuerzo por seguirles.
—Vámonos— dijo Jack.
— ¿Estás bien?—le preguntó Neku. —al fin y al cabo era tu padre.
—Estoy bien, se lo tenía más que merecido.
Me acerqué a él y le abracé fuertemente, el correspondió a mi abrazo y ambos nos fundimos en unos solo por unos instantes. Cuando nos separamos él se agachó y recogió lo que antes había sido su violín, que ahora estaba pisoteado y destrozado. Lo miró nostálgicamente y repitió: “vámonos”

Mientras nos alejábamos oímos  sirenas de policía que se acercaban así que apretamos  el paso en dirección a Mandarake para cambiarnos y despejar la mente de lo que acababa de pesar aunque Jack decía que estaba bien a mi no me lo parecía después de todo acababa de ver como su padre moría delante de él. Llevábamos un rato en Mandarake cuando Neku se levanto y dijo:

—Vamos a comprar algo de comer, quedaos vosotros aquí— dirigiéndose a mí y a Jack.

Acto seguido todos salieron de la tienda, cuando salía me pareció observar como Neku me giñaba un ojo. La puerta se cerró y entonces me di cuenta de que estábamos a solas. Me acerqué a Jack y me quedé un momento observándole, parecía perdido en sus pensamientos.
— ¿Seguro que estás bien?  No tienes que avergonzarte de nada, no hiciste nada malo.
—Yo… no lo entiendo— tenía la cabeza baja y el flequillo le tapaba los ojos— ¿Por qué me siento tan mal? El siempre me ha hecho la vida imposible— se estremeció.
—pero, Jack, el era tu padre y eso no puedes evitarlo.
—y sin embargo… él nunca me vio como a un hijo, si no como a un posible sucesor y más tarde como a una simple molestia.
Era evidente que estaba llorando, intentaba sofocar sus sollozos pero no podía evitar algunos. Me acerqué más a él y le rodeé con mis brazos. Se derrumbó sobre mi hombro, lloró durante unos minutos.
—Lo siento— me dijo cuando se calmó
—Tranquilo, es normal
—Pero…no quiero cargarte con esto
—Si repartimos nuestras cargas será más fácil para ambos, si te veo sufrir y no hago nada me moriría por dentro— me miró, sus hermosos ojos estaban inundados en lagrimas
— ¿Te quedaras a mi lado?
—Por supuesto
—si estás conmigo creo que seré capaz de superarlo todo, nada será imposible si estamos juntos
—Jack, —le miré directamente a los ojos— te quiero.
Nos acercamos más y lentamente nuestros labios se unieron. Fue un beso dulce y cálido, pero también salado, debido a sus lágrimas. Nos fundimos en uno solo, ninguno de los dos queríamos que el beso acabase. De pronto oímos vítores que provenían de la puerta, eran Neku y los demás que habían vuelto. Me sonrojé.
En ese momento sentí que solo con tenerle a mi lado sería la mujer más feliz del universo.

jueves, 3 de enero de 2013

El Violinista 3ª parte


— ¡Chico! Cuanto tiempo— exclamó Neku al ver a Jack — hace mucho que no vienes por aquí, ¡me tienes abandonado! —se giró hacia el dependiente, le indicó que se ocupara de la tienda y nos guió a nosotros hacia la trastienda.
—Lo siento, lo siento— dijo Jack riendo— vendré más a menudo. Pero lo de hoy es importante— se puso serio de repente— Necesitamos tu ayuda.
— ¿Quién es tu amiga? —se acercó a mí.
—Ella es Victoria, me ha salvado la vida.
— ¿Tu vida? ¿En qué te has metido ahora?
—Parece que alguien me quiere para que mi padre les page un rescate. Necesito que nos ocultes
— ¡Con eso no solucionaremos nada! ¿Pretendes esconderte toda tu vida?
—Pero… ¿qué podemos hacer?
—Podrías llamar a tu padre, — Jack le echó una extraña mirada—pero sé que no lo harás así que habrá que encargarse de ellos
— ¿pero cómo?
—Yo tengo una idea— dije tímidamente, ambos me miraron— podríamos tenderles una trampa. Pero es peligroso, sobre todo para ti, Jack, sería usarte de cebo prácticamente. Tenemos que estar seguros de que podemos con ellos.
— ¡Podemos! — aseguró Neku.
—La idea sería atraerles con su música, pero sin que sea demasiado obvio, y una vez que crean que le tienen, atacar nosotros.
— ¿Y dónde puedo tocar? —Jack se quedó pensativo
—Yo había pensado—dije ruborizándome un poco— en una…cita
— ¡Pero así te pondrías tu también en peligro!
—No voy a dejarte solo, además yo sé defenderme.
—Yo lo veo bien. —dijo Neku riendo— Ella es la que se ofrece no la estamos obligando a nada.
Al final Jack accedió a regañadientes, decidimos que al día siguiente iríamos a uno de los parques más transitados de la ciudad y pondríamos en marcha nuestro plan. Cuando llegamos allí Jack y yo nos sentamos en el césped, Neku  unos amigos suyos se escondieron, haciéndose pasar por transeúntes Jack tocó algunas piezas para mí.
— ¿Crees que vendrán? —le pregunté
—No lo sé…
— ¿Puedo… preguntarte una cosa?
—Adelante
— ¿Qué problema tienes con tu padre?
—Suponía que me preguntarías eso— me dijo con una nostálgica sonrisa— desde que era pequeño, siempre me ha gustado tocar el violín. Como mi padre siempre ha tenido dinero, me apuntó a clases con los mejores profesores, sus planes para mí eran que yo heredara su empresa; él quería que el violín fuera un simple entretenimiento para mí, pero se convirtió en mi vida. Cuando él se dio cuenta, me alejó de mis profesores, me prohibió tocar el violín, incluso pagó a todas las academias que estaban a mi alcance para que no me aceptaran. Pero todo esto no me detuvo, con mis ahorros me compré el mejor violín que me pude permitir, salía a escondidas a tocar al parque o por la calle, pero mi padre me descubrió y me dio a elegir entre dos opciones, o me quedaba bajo su techo, con su dinero y su protección, o me iba con mi violín a la calle. Creo que está claro cual escogí— dijo alzando un poco el violín que tenía apoyado en  su regazo — En parte se lo agradezco, porque gracias a eso terminé trabajando en la estación y allí te conocí a ti.
Su historia me conmovió. Ambos nos quedamos en silencio durante un rato; el comenzó a tocar una triste y nostálgica melodía. Por la carretera pasó un coche negro, unos metros más adelante se detuvo en seco. La puerta delantera se abrió y salió un señor con un elegante traje, abrió la puerta trasera y salió otro hombre, de unos cuarenta o cincuenta años, fumando un gran puro. La melodía de Jack se detuvo en seco, el hombre se encaminó hacia nosotros, su vista pasaba de Jack al violín, luego a mí y luego volvía otra vez a Jack, parecía incrédulo. Le dijo algo a su chofer y este volvió al coche.
— ¿Qué haces aquí, padre? —dijo Jack cuando el hombre estuvo lo suficientemente cerca.
—Pasaba por aquí y te he visto desde el coche.
—Estás perdiendo capacidades, cualquiera olería esa mentira a kilómetros de distancia.
—Está bien, he venido para darte una última oportunidad de volver conmigo.
— ¿En serio? ¿Y qué me ofreces? ¿Esa empresa tuya? Ya sabes que no me interesa
— ¿Sigues pensando que es mejor tu música? ¿Prefieres vivir en la calle, como un pobre, a poseer un imperio? Veo que sigues siendo estúpido— impregnó esta última palabra de un infinito desprecio, entonces me miró— y además has encontrado una ramera, ¡qué bonito!
— ¡No te atrevas a decir eso de ella!
Jack se enfureció y se levantó, dejando el violín a un lado. Conseguí sujetarle a duras penas para que no se lanzara hacia su padre, pero, entonces, de pronto, unos hombres vestidos de negro salieron de algún sitio y aprisionaron a Jack, también me cogieron a mí y me inmovilizaron contra el suelo.
— ¿Pensabas que podrías tocarme, renacuajo?
— ¡Eras tú desde el principio! —Jack no podía creerlo.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Reconciliación


Kirtash llegó, después de una larga temporada fuera, a la casa donde vivían la persona a la que amaba y el que había sido su enemigo. Pero allí solo encontró al dragón, a Jack, que andaba muy atareado de un lado a otro de la casa. Cuando le vio, Jack fue hacia él para saludarlo.
—Así que has venido— le dijo con su habitual y cálida sonrisa.
—Por supuesto—Kirtash parecía algo ofendido por la duda— no podía perderme su cumpleaños, por cierto… ¿Dónde está?
—Quería prepararle una sorpresa, me ha costado bastante que se fuera con los niños a ver a Shail, menos mal que no viniste antes, si te hubiera visto no habríamos sido capaces de alejarla de aquí volverá mañana. Ahora podrás ayudarme… si no te importa claro—le miró interrogante
—Bueno… es para victoria, no podría negarme
Cuando se trataba de ella su frialdad se apagaba un poco, se revolvió la oscura melena mientras miraba a Jack, cuyos ojos se habían iluminado de alivio y alegría.
Entre los dos arreglaron toda la casa, la decoraron, hicieron una enorme tarta y dejaron preparada la comida para el cumpleaños, cuando acabaron ya estaba anocheciendo y ambos estaban exhaustos.
— ¡por fin! —Exclamó Jack tirándose al sillón —pensé que no acabaríamos nunca
—Completamente de acuerdo—coincidió Kirtash sentándose, con la elegancia que le caracterizaba, a su lado
— ¿Quieres algo de beber? —le preguntó mientras se incorporaba
—No bebo, no quiero que mis sentidos se confundan…
— ¡Vamos hombre! Ni que te fuera a emborrachar— dijo Jack riendo y trajo una botella y un par de vasos y los puso en la mesita que estaba delante del sillón —es *****, un licor de aquí. No te preocupes, no es fuerte
Sirvió en ambos vasos y el dragón y el shek charlaron por primera vez en mucho tiempo, si es que alguna vez habían llegado a charlar de esa manera. Antes de que se dieran cuenta la noche había caído y faltaba la mitad del contenido de la botella.
—Es curioso que Vic se enamorara tanto de dos personas tan distintas— dijo Jack
—Bueno… quizás no seamos tan distintos—le respondió el shek mirándole a los ojos— ambos nos enamoramos de ella
—Tienes razón—admitió riendo
Cuando sus ojos se cruzaron con los de Kirtash un escalofrío recorrió su espalda, pero algo había cambiado, ya no era como cuando eran enemigos, en los ojos del shek no había tanta frialdad, había desaparecido su odio hacia Jack. Aquel escalofrío significaba algo que Jack no alcanzó a comprender en aquel momento, pero era agradable, ese frio a través de su calor, el hielo entre el fuego. También Kirtash reaccionó, noto algo cálido en su interior, sintió que su capa de hielo estaba siendo derretida suavemente, aunque sin destruirle.
La cara de Jack estaba completamente roja, pero no era culpa del alcohol, se había quedado embobado mirando las afiladas facciones de Kirtash. Mientras tanto, el shek intentaba contenerse y no perder la cabeza, lo cual le resultaba realmente difícil en aquellos momentos, sus ojos de hielo recorrían la cara del dragón, buscando la razón por la que lo había odiado, pero no la encontró, en su lugar vio un chico apuesto de mirada cálida y tierna y rubios cabellos que se alborotaban alrededor de su cara.
Sin darse cuenta ambos se habían ido acercando para observar mejor y, de pronto, se encontraron cara a cara, a escasos centímetros, Jack había bebido bastante más que Kirtash y, por un momento se le fue la cabeza, un deseo irrefrenable de acercarse más a Kirtash se apoderó de él. Y a su vez el shek deseó abrazar al dragón, atraerlo contra su pecho, todas las diferencias y prejuicios que les instauraban sus respectivas razas y el odio mutuo que, se suponía, debían sentir había desaparecido, ahora los que habían sido los peores enemigos se encontraban abrazados en un sillón. Se miraron de nuevo a los ojos y comprendieron, a la vez, que ambos querían lo mismo. Sus labios se unieron en un beso que lo cambiaria todo, el hielo y el fuego, en vez de pelear como siempre lo habían hecho, se acariciaban mutuamente, jugueteaban, se entremezclaban. Por unos instantes el fuego se congeló y el hielo ardió, sin embargo ninguno de los dos desapareció o se transformó, cada uno se rodeaba del otro cariñosamente, pero también apasionadamente.
Kirtash despertó con el sol, a la vez que los pájaros y demás animales que rondaban fuera, cuando abrió los ojos lo primero que vio fue la cara del dragón, sonriente, que dormía a su lado y por alguna razón eso le arrancó una de sus medias sonrisas, no pudo contenerla. Se levantó desnudo de la cama fue hasta el balcón y  observó el despertar de aquel lugar. Aquella casa, de formas redondeadas, tan parecida a la de Limbad había sido testigo de la reconciliación de las razas más poderosas de Idhun. Percibió a victoria, aun estaba lejos pero se acercaba. Volvió a entrar se vistió y despertó a Jack.
—ya viene
Los dos se arreglaron y bajaron a recibir a victoria, venia acompañada de Shail. Cuando les vio salió corriendo hacia ellos y ambos la abrazaron y la levantaron del suelo.
— ¿Qué os pasa? —Dijo sorprendida— es raro veros tan juntos
—Podría decirse que hemos arreglado los problemas que nos separaban— Kirtash miró a Jack y le giñó un ojo mientras lo decía

domingo, 5 de agosto de 2012

Ilusiones


Llegó a su casa, tarde, después de un largo día. Se internó en la oscuridad y llegó a tientas a  la cocina, bebió agua y luego palpo la pared hasta dar con la puerta del baño. Cuando la abrió, la escasa luz que entraba desde la ventana, apenas le dejaba ver las cortinas de la bañera casi completamente cerradas, y se reflejaban vagamente en el espejo. Encendió la luz, y un torrente de imágenes inundó sus ojos, marcas de manos ensangrentadas en el espejo,  la bañera casi rebosante de lo que parecía sangre diluida en agua, medio flotando asomaba una cabellera, que bien podría ser la de su madre, y algunas partes de un cuerpo humano. Sacudió la cabeza y abrió los ojos, la monótona oscuridad del baño continuaba invariable,  las cortinas se mecían suavemente con la brisa que entraba por la ventana. Y, entonces, encendió realmente la luz para encontrarse con su habitual baño de bañera blanca y baldosas azules. Como siempre, las alucinaciones se habían apoderado de ella, aquel catastrofismo suyo le había dado los mayores sustos de su vida, pero llegado a un punto se había acostumbrado. Cada día las escenas más macabras pasaban fugaces por su mente para dejar paso al momento a una realidad rutinaria y absolutamente normal que, a veces, se le antojaba aburrida. Pero al fin y al cabo, aquella era su realidad.

martes, 3 de julio de 2012

El error de la ciencia


Los conocí bajo extrañas circunstancias, no lo recuerdo bien, pero eran un grupo extraño. Hiro era el líder, por llamarlo de alguna manera, era un chico de unos 19 años, con melena negra que le caía sobre los hombros, era muy apuesto; alto, delgado y se movía con la elegancia de un cisne. Junto a él siempre andaba una chica, Nya, algo más joven, de grandes ojos felinos y largo pelo morado, algo en su forma de moverse la hacía parecer un gato. En su cuello, oculto en su melena, siempre estaba Neko, un gato con pelaje de similar color al pelo de la chica. También los acompañaba Jack, un chico rubio de hermosos ojos verdes. Y luego estaba yo, no hacía mucho que los conocía y a veces parecía fuera de lugar, pero ellos me trataban cálidamente, me hacían sentir que formaba parte del grupo.
Nya y Neko tenían una función en el circo de la ciudad. Hiro era su representante. Jack y yo habíamos ido a verles aquel día, nos sentamos con Hiro entre el público y vimos a Nya y a Neko saltando de un lado a otro de la pista, haciendo trucos, malabares y piruetas. Cuando salimos nos reunimos todos, Nya y Hiro parecían muy serios, miraron a Jack y el asintió.
— ¿Qué os pasa? — estaba preocupada
— La hora se acerca, debemos enseñarte un lugar
— ¿La hora? ¿De qué?
— No podemos hablar aquí
Fuimos hasta el aparcamiento y montamos en el coche de Hiro, un todoterreno negro de aspecto imponente. Nos llevó fuera de la ciudad y se internó en el bosque cercano. Campo a través llegamos hasta un claro del bosque con un gran árbol en el centro que, aparentemente, era igual a los demás, salvo por el tamaño. Sin embargo cando llegamos al pie pude apreciar un extraño brillo metálico entre la madera. Hiro se acercó más y palpó la corteza hasta dar con un pequeño agujero, sacó de su bolsillo una pequeña llave y la introdujo. Entonces la madera se apartó, dejando a la vista la entrada a una pequeña cabina. Entramos y la madera regreso a su posición dejándonos totalmente a oscuras por unos momentos, la cabina comenzó a descender. De pronto se detuvo y se abrió una puerta dando paso a una sala circular, de aspecto metálico, había repartidos sillones y un televisor, estaba bien iluminada y en la pared se abrían puertas, muchas puertas, cuyos destinos eran aun desconocidos para mí. Una de esas puertas estaba entreabierta, y dejaba ver al otro lado una agradable cocina.
Nos sentamos en los sillones.
—Impresionante— fue lo único que se me ocurrió
—Podría decirse que es nuestra guarida secreta. Si todo hubiera ido bien no tendrías por que conocer esto, o al menos no en estas circunstancias, pero se les ha ido de las manos, no han sabido cuando parar y la investigación ha ido demasiado lejos.
— ¿Investigación sobre qué? —no entendía que querían decir con aquello
—Zombies— me quedé helada—estaban investigando, querían hacer más resistentes a los soldados, hicieron pruebas con humanos… ya ahora… se ha descontrolado, los sujetos de prueba se han convertido en monstruos, solo es cuestión de tiempo que escapen.
Nos levantamos y me llevaron hasta una de las puertas, en su interior había una habitación, no era muy grande, pero era acogedora.
—hay mas como esta, pero no para todo el mundo— la rabia se encendió en el fondo de los ojos de Hiro y esa rabia escondía en el fondo impotencia.
—¿Por qué no habéis avisado antes a la gente? Podrían haberse puesto a salvo.
— ¿Qué crees que pasaría si fuéramos por ahí diciendo que se acerca un apocalipsis zombie?— pensé por un momento, pero no me dio tiempo a contestar—la mayoría no nos creerían, y los que lo hicieran entrarían en pánico. Además, teóricamente es un secreto del gobierno, si lo desveláramos seguramente nos buscarían y se desharían de nosotros.
—Tienes razón—dije agachando la cabeza— creo que si hubiera sido otra persona la que me lo hubiera dicho no la hubiera creído
—Gracias—me dijo Nya
— ¿Por qué?
—Por confiar en nosotros— me sonrió, pero había en ella una extraña mezcla de aprecio, preocupación y enfado, enfado con las personas que habían provocado todo aquello—sigamos
Mientras caminábamos hacia la siguiente habitación Jack me dijo:
—Como comprenderás no vamos a enfrentarnos a ellos a mano vacía, en aquella sala tenemos lo necesario para protegernos y proteger a los que podamos.
Llegamos a la puerta y cuando la abrieron pude ver al otro lado una amplia habitación repleta de estanterías en las que descansaban armas, muchas armas de todos los tipos y tamaños. Hiro se adentro entre las estanterías buscando algo,  cogió un pequeño machete y me lo dio.
 —Aun no ha empezado y no queremos que nos detengan antes de tiempo, así que solo puedo darte esto por si acaso, intenta camuflarlo.
Lo cogí y me lo até a la cintura, mi abrigo era largo así que quedaría oculto
— ¿Vives con tu madre no?
—Si
— ¿No tienes más familia?
—No…—prefería no hablar del tema
—Vaya… lo siento… De todas formas deberías traerla aquí
Terminaron de enseñarme la guarida y luego volvimos a la ciudad.
Cuando llegué a mi casa no había nadie, llamé a mi madre y me dijo que llegaría pronto asique me quede observando desde el bacón, al cabo de un rato apareció, iba hablando por teléfono y se detuvo en la acera, la observé, charlaba animadamente con alguien, ajena a su alrededor. De pronto me di cuenta de que se acercaban a ella unas personas extrañas, los tres sujetos andaban lentamente, medio encorvados. Me sentí impotente, desde allí no podía hacer nada y parecía que iban hacia ella. De pronto algo desvió su atención y cambiaron de rumbo, bajé a toda prisa y cuando llegué donde estaba ella la cogí del brazo y tiré de ella.
— ¡sube! —Le dije— ¡rápido! Y quédate allí, cierra la puerta y no abras a nadie
Una chica agarró fuertemente el brazo de mi madre, estaba muy pálida y había una extraña expresión en su cara la golpeé y retrocedió un poco aflojando su agarre, tire de mi madre liberándola por completo y las dos corrimos hasta el portal, cuando me asegure de que entraba sana y salva Salí corriendo, tenía que avisar a Hiro y los demás.
Fuimos hacia mi calle en el poderoso coche de Hiro. En la entrada el asfalto se había hundido y estaba inundado de agua turbia surcada por venas negras, dejamos el coche y fuimos andando, aun quedaba acera en los bordes. Había un hombre deambulando por allí, se quedó observando el agua, se agachó y alargó la mano hacia una de las extrañas venas negruzcas.
— ¡NO! No lo toques—gritó Jack
Demasiado tarde, el hombre la agarró y la sacó del agua, por un momento se mantuvo estable, pero luego con un pequeño crujido apenas audible se rompió dejando al hombre con un extremo roto en su mano, lo miró acercándoselo a la cara con expresión estúpida. De pronto comenzó a salir un gas oscuro que impactó directamente en la cara del hombre, que lo soltó y cayó hacia atrás, como fulminado por un rayo.
—Tapaos la boca y la nariz con algo— Dijo Hiro sin perder la calma.
Rodeamos al hombre y continuamos nuestro camino, de pronto escuche ruidos tras de mí, me giré y vi que el hombre estaba convulsionando, paró y de nuevo quedo completamente quieto, pero, cuando estaba a punto de girarme y seguir mi camino, comenzó a incorporarse lentamente, emitía suaves gruñidos que se fueron intensificando
— ¡No te acerques a él! —me dijeron
El hombre alzo la cabeza y pude ver en sus ojos un tono ausente y una falta absoluta del característico brillo de la vida, comenzó a avanzar hacia nosotros, retrocedí sin dejar de mirarle, de pronto se escucho el motor de una camioneta, parecía un caballo desbocado. Era una vieja camioneta que se acercaba a toda velocidad a la calle, pero al ver que la calle estaba inundada y destruida dio un volantazo hacia la acera en la que estábamos y se llevó por delante al hombre, estrellándose después contra un muro, empezó a salir humos de lo que quedaba de capó y un entre las grietas de la aplastada camioneta comenzó a escurrir sangre, formando un charco bajo ella.
— ¡Vamos! —Exclamó Jack— ¡Rápido!
Continuamos corriendo hacia mi portal, debíamos recoger a mi madre e irnos de allí, la calle estaba repleta de aquellos seres de forma humana, pero que habían perdido su humanidad. Avanzamos sigilosamente, intentando ocultarnos, pero no pudimos evitar que nos descubrieran.
— ¡Sube a por ella! — Me gritó Hiro— nosotros nos encargamos
Mientras ellos les enfrentaban, yo entre en mi portal, cuando fui a cerrarla puerta tras de mi uno de ellos la alcanzó y la bloqueo. Me llevé la mano a la cintura y allí lo encontré, el machete, lo desenvaine rápidamente y arremetí contra se brazo, la mitad cayó al suelo y él se retiró lo suficiente para darme tiempo a cerrar la puerta.
Subí a toda prisa y abrí la puerta con mi llave, cuando entre mi madre me amenazaba con el palo de una escoba, pero al ver que era yo se relajó.
—está bastante peligroso ahí abajo, —le dije—pero tenemos un coche, hemos venido a llevarte a un lugar seguro
— ¿puede venir ella también? — me percate de que había una amiga de mi madre sentada en el sillón
—no creo que haya problema, voy a bajar a decirles que traigan el coche aquí, quedaos aquí y bajad en cuanto lo veáis aparecer, es un todoterreno negro y grande
Me despedí de ellas, les di ánimos y volví a bajar. Cuando la puerta del ascensor se abrió, me encontré el portal repleto de zombies, se hizo el silencio por un momento y luego se lanzaron a por mí.  Machete en mano, arremetí contra ellos. En la calle podía ver a Jack y a Nya luchando contra cientos de zombies también, supuse k Hiro ya había ido a por nuestra salvación.
Me abrí paso como pude hacia el cristal de la puerta, justo cuando llegue Nya se giró y pude hacerle una señal y darle a entender que ya estábamos listas. Entonces mi objetivo fue despejar por completo el portal para que mi madre y su amiga pudieran bajar a salvo, así que me giré, a tiempo para apartar de una patada al que se me estaba echando encima, arremetí contra ellos una y otra vez, pero parecían interminables.
De pronto me di cuenta de algo extraño, siempre había imaginado a los zombies como simples esclavos de su hambre de carne fresca, sin consciencia, ni sentimientos, ni humanidad. Pero estos… hablaban, pero sus palabras no concordaban con sus actos, algunos parecían ajenos a lo que ocurría e intentaban entablar conversaciones amistosas. Otros, que al parecer si eran conscientes de la situación, pedían perdón o lloraban, incluso algunos me pedían que acabara con ellos, y sin embargo seguían viniendo, arrinconándome, intentado que cediera para transformarme en lo que ellos eran, y de paso alimentarse de mí carne, de mi cuerpo, de mi cerebro.
Perdí la noción del tiempo, pronto ni siquiera fui consciente de lo que hacía, comencé a moverme por mero instinto de supervivencia pero cada vez me dolía mas el cuerpo, el cansancio se apoderó de mí y, de repente, todo se volvió negro.





EPILOGO
Me desperté sobresaltada, pero no me incorporé, solo me quedé bajo las mantas pensando, ¿había sido todo aquello un sueño? ¿Hasta qué punto? No recordaba haberme dormido. Retiré lentamente la manta de mi cara. Aquella no era mi habitación, caí en la cuenta de que era una de las habitaciones de la base. Me levanté lentamente y me di cuenta de que me dolía todo el cuerpo.  Abrí la puerta despacio y encontré en la sala central a Hiro, Nya y Jack sentados, Neko, que paseaba por el respaldo de la silla de Nya, me miró y maulló, los tres se giraron y, al verme, se levantaron rápidamente y vinieron hacia mí. Me abrazaron.
— ¿estás bien?
—bueno… me duele todo, pero no pensé que fuera a salir viva de allí
—es normal, pero lo importante es que estas aquí, con nosotros, tu madre y su amiga están durmiendo aun
—entonces… ¿ya estamos todos a salvo?
—para nada, esto es solo el principio, aun queda mucho por hacer

lunes, 23 de abril de 2012

Miedo

Tengo miedo. Es un miedo irracional, lo sé; es algo que nunca ocurrirá, lo sé; pero aun así, aun sabiendo que no tiene ningún sentido… estoy aterrorizada, me levanto por las mañanas sudando, con miedo a abrir los ojos y verme rodeada de aquellos despreciables seres, que solo quieren aprovecharse de mí, que me quieren por mi carne, por mi cerebro, por razones que no me benefician. En parte los compadezco, sé que ellos no tienen la culpa, que no era su intención, que puede incluso que hayan luchado con todas sus fuerzas para evitarlo, pero han caído y vienen a por mí. Son mi peor pesadilla. Luego me digo a mi misma que nunca ocurrirá, que ellos nunca vendrán, pero aun cuando me he tranquilizado, en un rincón de mi mente, se esconde el miedo hacia ellos. Siempre escondido, pero siempre presente.

jueves, 1 de marzo de 2012

Arena capitulo 1

El sol ardía con fuerza y no había rastros de vegetación a mí alrededor. Frente a mí se extendía un vasto desierto de arena fina que se movía con el viento, había dejado ya muy atrás el campamento y no alcanzaba a verlo mi sentido de la orientación se hallaba un poco confuso, ya que todo a su alrededor era a la vez igual y completamente diferente, la arena se extendía durante kilómetros y kilómetros, pero las dunas cambiaban constantemente y nunca eran las mismas. Por eso debía centrarme en mi objetivo, llegar al otro lado era vital, no solo para mí, sino para todo mi grupo. Una tormenta nos había alcanzado, de pronto nos habíamos visto rodeados por ráfagas de viento cargadas de arena que nos azotaban y nos cegaban, la mayoría de los camellos habían resultado heridos y los otros estaban débiles, las provisiones escaseaban y los hombres, mis compañeros, tampoco habían salido muy bien parados de la tormenta. Yo era el único hombre capaz de aguantar lo suficiente como para tener una mínima posibilidad de pedir ayuda, y allí estaba. Solo, a través de aquel mar de arena que se introducía por cada rendija de mis ropas, que me llenaba la boca y la secaba, a cada segundo que pasaba mis esperanzas disminuían, pero debía confiar en mi instinto, había hecho muchas veces aquella travesía, aunque nunca solo, y aunque cada vez había sido diferente confiaba en poder hallar el camino. Por última vez mire atrás, deseando que todos estuviesen a salvo, pero vi algo que no me gusto, por mi derecha se acercaba otra tormenta, y aunque parecía más débil que la anterior sabía que no podría resistirla yo solo. Apreté el paso, al cabo de un rato me pareció distinguir unas sombras a lo lejos, como de una cabaña, y me dirigí hacia allí. Pero cada vez me costaba más caminar, sentía como si no avanzara nada por mucho que anduviera, que aquel oasis siempre estaba a la misma distancia, o mejor dicho que se acercaba muy lentamente. Mis pasos se volvieron pesados y lentos, pero mi fuerza de voluntad me mantuvo en pie. Ya no veía hacia donde iba, ni cuánto me quedaba, utilizaba todas mis fuerzas para llegar a algún lugar con refugio y provisiones. Pero el agotamiento pudo conmigo, perdí el conocimiento y me derrumbé sobre la arena.
Note el agua correr por mis labios y mi garganta bebió ávidamente. Abrí los ojos, sorprendido, “no estoy muerto” pensé, entonces me encontré de frente con unos ojos grandes, de un marrón tan oscuro que casi se confundía con negro, y vi en su interior una gran sabiduría, adquirida en el paso de los años. Intenté incorporarme, pero el anciano me sujetó fuertemente contra mi lecho para que no lo hiciera.
–Gracias, – le dije–pero debo ir con mis compañeros, están aislados en el desierto, no tienen provisiones
El anciano asintió, sin decir una palabra, y me obligó a beber un extraño brebaje, era dulce y sentí que recuperaba fuerzas, me indicó que me quedara tumbado y comenzó a ir de un lado a otro de la cabaña cogiendo botes y llenándolo del reparador líquido. Me hizo una seña y me ayudó a incorporarme, cuando vio que podía mantenerme en pie, me guió fuera de la cabaña hacia un viejo pero robusto camello, lo cargo con los botes y me hizo subir, acto seguido lo agarró de las riendas y comenzó a caminar, el animal casi parecía ser inteligente, y seguía al viejo donde fuera sin que el necesitara tirar de las riendas siquiera, caminamos sin descanso, de vez en cuando el anciano me pedía indicaciones y yo intentaba guiarle tan fielmente como podía. Aunque estaba algo mejor seguía estando débil, y apenas podía mantenerme despierto, pero necesitaba llevarles la ayuda al resto, pero había una persona que sobresalía entre mis prioridades, aquella persona también estaba intentando sobrevivir junto a los otros hombres, allí perdidos en mitad del desierto. Me costaba mantener la vista fija pero, aunque me había dado un bote de brebaje, no quería gastarlo antes de lo necesario, de pronto noté que el camello aceleraba el paso, miré al anciano y me percaté de que miraba al frente y caminaba más rápido, pero no transmitía desesperación, si no alivio. Yo miré al frente también y pude distinguir entre la arena una pequeña mancha oscura formada por telas que se alzaban desde el suelo, se me iluminaron los ojos, los habíamos encontrado, y con un poco de suerte seguirían todos vivos. Poco a poco la distancia fue disminuyendo, y cuando ya estaban cerca salió un hombre iba envuelto en un turbante marrón, de un tono parecido al de la arena, lo reconocí al instante, aquel turbante se lo había regalado yo en nuestro primer viaje juntos, me bajé del camello y corrí como pude hacia él, tenia ojeras y sus hermosos rasgos se veían algo demacrados, pero iluminados por la sonrisa de quien recupera la esperanza, llegué junto a él y le abracé fuertemente, el correspondió a mi abrazo, y con nuestros cuerpos fundidos en aquel abrazo le sentí sollozar, me aparté suavemente, le sujete los hombros y le besé suavemente, transmitiéndole esperanza y seguridad, las lagrimas salían de sus preciosos ojos verdes y se mezclaron con nuestro beso, volviéndolo salado, apasionado, lleno de amor y apoyo, al fin estábamos juntos de nuevo. Entramos bajo las telas pero el panorama allí era desolador, algunos camellos habían muerto, y lo mismo había pasado con alguno heridos, no habían sido lo suficientemente fuertes y sus cuerpos yacían, sobre la arena, cubiertos con telas, nuestra llegada les revolucionó, brillos de esperanza se despertaron en sus miradas aunque en algunas se detectaba reproche, por llegar demasiado tarde. Reunimos a los supervivientes a nuestro alrededor y fuimos repartiendo las pequeñas botellas, los hombres bebieron y recuperaron fuerzas poco a poco. Un hombre entró y nos avisó de que se acercaba una tormenta, debíamos quedarnos allí y descansar. Nos repartimos los turnos de vigilancia, me quedé primero, observe a los demás mientras se recostaban en el suelo e intentaban conciliar el sueño. Me acerque a la abertura que hacía de puerta, y me senté mirando al exterior, vigilando el cielo. A lo lejos una gran nube de arena se acercaba inexorablemente hacia nosotros, pero aun tardaría en llegar. Noté que me rodeaban unos brazos fuetes pero gentiles y me giré, para mirar de frente aquellos ojos verdes. Se sentó tras de mí, abrazándome y colocando su cabeza en mi hombro.
-te he echado de menos- le dije
-y yo a ti- me susurró en el oído-temí que te pasara algo, Christian, era muy peligroso y tuviste que ir tu solo
Noté que su cuerpo se contraía en un silencioso sollozo, tomé sus brazos y me giré lentamente, llevé las manos a su cabeza y retiré con suavidad el turbante que la cubría, dejando libres sus cabellos de oro, de sus ojos verdes brotaban lagrimas de nuevo, lagrimas de alegría y de alivio.
-no podía dejarte aquí a tu suerte, Jack, necesitaba encontrar alguien que pudiera salvarte, que pudiera salvarnos a todos
Sus manos se deslizaron por mi espalda y me arrebataron el turbante, noté mi pelo caer sobre mi espalda, algunos mechones oscuros cayeron frente a mi cara y Jack los retiró suavemente mientras se acercaba y me besaba. Le abracé y le recosté suavemente sobre la arena, encerrándole entre mis brazos deseando no volver a separarme de él, mis dedos fueron apartando poco a poco su ropa y acariciando su piel, sus manos recorrían mi cuerpo, ávidas, dejando al descubierto mi blanca piel. Retozamos allí olvidándonos por completo de nuestro alrededor, de nuestros compañeros dormidos, de la tormenta que se acercaba, solo estábamos él y yo juntos de nuevo, al fin.
El viento comenzó a aumentar, cada vez sacudía el refugio con más fuerza Jack y yo nos levantamos rápidamente y nos vestimos, luego cerramos la abertura para que no entrara demasiada arena y despertamos a los demás, entre todos aseguramos las cosas, las provisiones, los animales que aun quedaban y nos acurrucamos todos juntos.la tormenta no fue muy fuerte, pero el recuerdo de la anterior aun vivía entre los hombres. Cuando al fin pasó la tensión se alivió, comenzamos a recoger todo y cargar las cosas en los camellos supervivientes, rápidamente nos pusimos en marcha y el anciano nos guió hacia su casa, el trayecto me pareció mucho más corto que la primera vez que lo había hecho, y cuando llegamos al pequeño oasis todos respiramos aliviados. Rellenamos las cantimploras y el anciano nos regaló algo de comida que aceptamos agradecidos, nos indicó hacia donde debíamos ir y al fin partimos con la esperanza de llegar por fin a algún sitio con civilización. A pesar de que volvíamos a caminar rodeados de arena por todas partes nuestros ánimos estaban mucho más altos. Poco a poco notamos como el aire se hacía más ligero y a la vez aumentaba la contaminación, cerca debía haber un pueblo. Seguimos caminando esperanzados y al rato empezamos a ver casas a lo lejos un escalofrío recorrió mi cuerpo, algo no andaba bien. Cuando llegamos al pueblo vimos que la mayoría de las casas estaban destrozadas o incendiadas. No nos atrevimos a entrar en las casas, pero por las ventanas llegamos a ver algunos cadáveres, al parecer unos bandidos del desierto habían asaltado el poblado. Y no hacía mucho tiempo. Escuche un ruido a nuestra espalda y me giré.
-¡quien anda ahí!- grité
Entonces se escuchó un llanto, me acerque cuidadosamente y vi que tras una pared se escondía una niña de unos 8 años, de tez morrena y ojos oscuros, que lloraba pero no había miedo en su mirada, si no impotencia y rabia. Cuando me acerqué a ella me atacó con un pequeño cuchillo que llevaba en su mano, pero la detuve y se lo quité.
-no vamos a hacerte daño-le dije mirándola a los ojos, me resultaron familiares- ¿Qué ha pasado aquí? ¿Dónde han ido los responsables?
-esos hombres malos vinieron y rompieron las casas, se llevaron a mamá y las otras mujeres, además mataron a los hombres- y tras decir esto se derrumbó, llorando desoladamente. Yo la cogí en brazos y solo pude entender entre sus sollozos la palabra “papá”.
La tranquilizamos y le dimos comida y bebida, cuando se calmó le pregunte hacía cuanto que se habían ido los bandidos y si sabía hacia donde, me dijo, aun entre sollozos, que habían llegado el día anterior habían destrozado todo y se habían ido antes del mediodía hacia el oeste, nosotros habíamos llegado desde el sur, habíamos tenido suerte de no cruzarnos con ellos, ya debían estar lejos, pero nosotros debíamos partir en su misma dirección y un pequeño miedo nació en nuestros corazones.
-¿no te queda ningún familiar?- le pregunté
-mi abuelo vive en una cabaña en aquella dirección- murmuró, señalando al sur
-¿tu abuelo es aquel anciano de ojos marrones que vive allí solo?
- sí, ¿le habéis visto?- la cara se le iluminó-¿está bien?
- sí, ¡el nos salvó la vida! Está bien, los bandidos no pasaron por allí
- ¡menos mal! Pero. . . que voy a hacer yo ahora
- mmm. . . eso es un problema, nosotros no podemos volver atrás, perderíamos demasiado tiempo, pero podemos llevarte con nosotros y una vez en la ciudad enviar a alguien a por tu abuelo
-me da pena dejar solo al abuelo, pero puedo ayudaros a llegar más rápidamente, ¡mi abuelo estará bien! Sabe defenderse, además los bandidos no fueron en esa dirección- dijo esto último con un brillo de esperanza en su mirada y luego calló
-¡bien, Chicos!- llamé al grupo-ya tenemos nuevo guía, os presento a. . .
-Bāli-dijo sonriendo
Todos le dieron la bienvenida y cuando ya habíamos descansado suficiente nos pusimos en marcha. Jack, Bāli y yo íbamos los primeros, seguidos por los escasos 20 hombres y los 15 camellos supervivientes. Caminamos sin descanso, racionábamos las provisiones de agua y comida, y reservamos el brebaje del anciano para casos extremos, no había muchas novedades, el trayecto era monótono, estábamos constantemente rodeados por aquellas dunas que parecían siempre iguales, pero que cambiaban constantemente, y jugaban con nuestras mentes. Nos dejamos guiar por la chiquilla, que parecía mucho más segura que nosotros, y no vaciló ni por un momento.
Bāli me llamó y señaló al frente. A lo lejos, entre las dunas había surgido un oasis.
-es nuestra primera parada, ya esta anocheciendo así que pasaremos allí la noche- era una niña muy madura para la edad que tenia
Aceleramos un poco el paso, deseando llegar y descansar cuanto antes. Una vez allí montamos las tiendas, bebimos del agua cristalina y rellenamos nuestras cantimploras, luego nos fuimos a dormir, Bāli se quedó fuera, indecisa.
-que haces ahí de pie, ¡entra!- le dije
-p-pero no quiero molestar- murmuró mirando al suelo
-no molestas, en nuestra tienda hay sitio de sobra, son para tres personas
Tras dudar un momento entró, Jack y ella se acostaron cada uno a un lado de mi nos tapamos con las mantas y enseguida se quedaron dormidos, pero a mí no me fue tan fácil, no podía conciliar el sueño, notaba el cálido cuerpo de Jack a mi derecha y la pequeña mano de Bāli aferrada a mi brazo, suavemente. Sin hacer ruido me incorporé y me deslicé fuera de la tienda, había mucha luz para ser de noche, miré al cielo y me encontré con una preciosa luna llena que me pareció inusualmente grande, nuestra tienda estaba casi en la orilla del oasis , me acerqué al agua y la observé, mi reflejo me devolvió la mirada, mis rasgos afilados, mis ojos azules, mi melena oscura, todo se reflejaba como si el agua fuera un espejo, sin una ondulación, lo rodeé y me senté en lo alto de una duna, mirando la vasta inmensidad del desierto, me agradaba la fría noche, el día allí era demasiado caluroso, demasiado sofocante. Mientras observaba el horizonte el sueño me fue alcanzando, de pronto me pareció ver destellos rojos de fuego tras las dunas, los destellos danzaban y me fueron hipnotizando, poco a poco.
Noté unos golpecitos en mi hombro y me desperté sobresaltado, me di cuenta de repente de que tenía mucho frio, me había quedado dormido en la arena.
-me desperté y no estabas ahí, me has asustado- me reprochó Jack
-lo. . . lo siento- balbucee- no tenía pensado quedarme dormido
- vamos dentro, te estás quedando helado
Me ayudó a levantarme y me rodeó con su cálido cuerpo, juntos fuimos a la tienda. Ambos estábamos muy cansados y nos dormimos en seguida, pero el mío fue un sueño inquieto, repleto de pesadillas.
En medio de la oscuridad un grito desgarrador nos sacó de nuestro sueño, algo pasaba, Jack y yo nos levantamos de un salto, Bāli estaba acurrucada y temblaba entre las mantas.
-cógela y corre- le dije a Jack señalando a Bāli
-¡¡No!!- exclamó indignado- no puedo dejarte solo ante el peligro, no otra vez-la voz se le quebró
-debemos protegerla-le reproché-está aquí por nuestra culpa
A regañadientes aceptó, le abracé fuertemente para transmitirle mi fuerza, le besé y nos despedimos, se cargó a la pequeña, que aun temblaba, a a la espalda y salimos sigilosamente.
-son ellos-murmuró Bāli con el miedo en la voz- son los bandidos
Se habían aproximado desde el noreste, Jack se escabulló hacia el oeste y yo fui en dirección contraria, hacia el otro lado del campamento por suerte el ataque había empezado allí, si no Bāli no tendría ninguna oportunidad. Me escondí detrás de unas telas y observé desde allí a los bandidos, iban armados con unas extrañas espadas cortas, tiré una cacerola que encontré a mi lado. Uno de los bandidos se acercó, picando en mi anzuelo, en cuanto asomó la cabeza entre las telas y le golpeé en la mandíbula con fuerza, dejándole fuera de combate, le arrebaté la espada y se la clavé en el pecho, por si acaso. Otro bandido, que también había oído el ruido, apareció entre las telas y, sin darle tiempo a reaccionar, le rebané el cuello con la espada de su compañero. Armado con le despojé de sus ropas y me las puse yo, para pasar desapercibido, armado con las dos espadas salí de mi escondite. Me mezclé con los bandidos fui corriendo entre ellos, cuando pillaba a uno desprevenido le clavaba la espada a traición, cada vez quedaban menos bandidos y al final se dieron cuenta de que algo pasaba, al la señal de un fuerte silbido todos se detuvieron, yo les imité, el que parecía el jefe empezó a pasearse entre ellos y hablarles en un idioma que yo no conocía, como intentando descubrir quién era el traidor, tras el entre las tiendas vi a uno de mis hombres preparando un ataque suicida contra el jefe. Intenté llamar su atención, pero no sabía cómo hacerlo sin desvelar mi posición, mientras le observaba noté que el silencio se había extendido a mi alrededor, miré y vi que todos los bandidos me miraban, incluido el jefe, que se había acercado a mí y me observaba con una mezcla de curiosidad y rabia, me dijo algo en su idioma.
-no hablo tu idioma-le dije, ya me habían descubierto, no tenia por que esconderme
-¿Quién eress?- me preguntó con un marcado acento, alargando la ese
-mi nombre es Christian-le dije
-chrisstian- dijo pensativo- me gussta tu nombre, eresss valiente y hábil, únete a nosotros
-debo negarme- le dije sosteniéndole la mirada
-entoncesss hass de morir, ¿esstass sserguro?
-sí, hay cosas más importantes que mi vida, además tendréis que cogerme antes de matarme
-¿piensass que puedes huir de nossotross?- una risa extraña salió de su garganta
-no- dije sin poder contener una sonrisa
Esto dejó confusos a las bandidos y aprovechando ese momento de despiste me giré y maté a los dos hombres que estaban tras de mí. Luego lancé mis espadas, una acertó en el estomago de un hombre cercano y, que cayó al suelo agonizando; la otra pasó produciéndole un profundo corte al jefe en el brazo, pero no lo mató. Me agaché y cogí las espadas de los que había matado ante mí. Tres hombres se abalanzaron sobre mí, con un ágil movimiento me aparté ellos chocaron y sin apenas darles tiempo a mirarme fueron atravesados por mis espadas, uno tras otro los bandidos fueron cayendo a mis pies, un brillo frio y despiadado había surgido en mis claros ojos azules, perdí el sentido de lo que hacía, mi cuerpo se movía solo y no podía detenerme, llegado un momento no recuerdo nada, mi consciencia se desvaneció.
Según me contó Jack más tarde, ellos habían ido hacia el oeste, habían encontrado una pequeña cabaña abandonada y se habían escondido allí, al la mañana siguiente se habían acercado al oasis y al ver que estaba todo en silencio se habían acercado.se habían encontrado el suelo repleto de cadáveres, el agua contaminada por la sangre, no habían visto a todos nuestros hombres así que habían supuesto que los supervivientes habían huido, habían recuperado las provisiones y las cantimploras de las tiendas. Me habían encontrado a mi enterrado bajo los cuerpos de los bandidos, cubierto de sangre, y me habían creído muerto, pero al ver que respiraba me habían cogido y me habían llevado a la cabaña abandonada, había estado inconsciente dos días y cuando al fin había despertado aun estaba débil.

con la coloración de Jonathan, que me ayudo cuando estaba sin ideas
y con la contracolaboración de mi madre, que no me deja el ordenador todo lo que me gustaría xDD

miércoles, 22 de febrero de 2012

De cuando Gregorio Samsa murió por equivocación

encontré esta historia, que escribí hace tiempo, mas o menos en 1º de la eso, y me trajo muchos recuerdos xDD

Aquella mañana Gregorio Samsa se despertó convertido en un gran insecto. Anteriormente Gregorio Samsa había sido un hombre regordete y no muy agraciado; era, sin embargo amable, simpático y bonachón. Trabajaba en una iglesia cercana a su pequeña casita. Su oficio le gustaba, ya que se encargaba de los más pequeños. Cuando no trabajaba era un hombre bastante normal. Vivía en una casa en un pueblecito de unas 20 casas, 5 de ellas de veraneo y otras 2 deshabitadas, un bar, la iglesia y un pequeño castillo derruido. Trabajaba solo los veranos y rara vez durante el resto del año. En su tiempo libre cultivaba un pequeño huerto a las afueras del pueblo con ayuda de su burra Badiela. Pero aquello ya era historia, esa mañana, un lunes de marzo de 1978 ya no era el mismo cura regordete y bonachón, si no una horrible cucaracha que ni a malas podía gustar a los niños. Probó todo lo que se le ocurrió para volver a su forma original, desesperado escribió a su hermana Matilde, que vivía a las afueras de la ciudad.

Querida hermanita:

¿Qué tal estás? Verás es muy importante que no se lo digas a nadie pero tengo un grave problema, necesito que vengas a ayudarme, pero tu sola. Un beso, Gregorio

La hermana pensando que sería un problema de dinero cogió todo el que tenía a mano y salió hacia el pueblo, pero cuando llegó allí no encontró a su hermano, si no a una enorme y horrible cucaracha, con la que acabó enseguida, al morir, la cucaracha recuperó su forma original. Y este fue el inesperado y temprano fin de Gregorio Samsa

FIN

viernes, 17 de febrero de 2012

La última sonrisa

Se despidió de sus amigos con una sonrisa en la cara, pero cuando se giró y comenzó a caminar hacia su casa ya había desaparecido. Siempre sonreía cuando iba con ellos, y no era una sonrisa falsa, pero en cuanto se separaban toda aquella felicidad desaparecía sobre todo aquella noche. . . el día anterior ya se había dado cuenta de que algo pasaba, su mejor amiga y ella habían medio discutido y ella había sacado sus conclusiones, creía que quería dejarle a solas con otra chica, a él, al chico que ella secretamente amaba, suponía que él había hablado con ella, y por eso no había dicho nada. Pero aquel día iban un montón de personas a acompañarla, y aun así su amiga le había echado esa mirada de “no deberías estar aquí” y ella se iba antes a casa, sin acompañar a los demás hasta sus casas como solía hacer.

Cuando se alejó suficiente de ellos empezó a tararear la melodía de una triste canción que le vino a la mente. La calle estaba desierta y apenas pasaban coches, pero ella no se fijo en ello, iba sumida en sus pensamientos, de vez en cuando sin darse cuenta comenzaba a hablar sola en voz alta y se reprochaba el no tener claros sus sentimientos ni ser lo suficientemente fuerte como para expresarlos. Casi sin darse cuenta la lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, y a correr por sus mejillas, ella absorbía la tristeza de las personas, siempre escuchaba los problemas de sus amigos e intentaba consolarles o ayudarles, pero a ella nadie la escuchaba, entre otras cosas porque ella no pedía atención, no quería aburrir a sus amigos con sus problemas así que siempre disimulaba. Por culpa de aquella manía cada vez se sentía peor, ya que unía a sus propios problemas los de sus amigos. Sumida en sus pensamientos se dio cuenta de que no veía nada, ya que las lágrimas no paraban de salir, pero le dio igual. Conocía aquel trayecto de memoria ya que era el mismo que hacía para ir y volver del instituto todos los días Comenzó a cruzar la carretera, y de pronto escuchó el ruido de un motor, acercándose a toda velocidad, se giró y a través de la pantalla de lágrimas pudo ver dos luces. se quedo allí, paralizada, sin saber qué hacer, y casi le pareció que el tiempo se detenía, su mirada se aclaró y pudo observar con atención la oscuridad de la noche, el movimiento de las hojas de los árboles y algunos gatos corriendo por el parque, vio como el coche se acercaba a ella sin poder remediarlo, pitando como un loco y haciendo eses, incluso llegó a vislumbrar la cara del conductor, con marcados signos de embriaguez todo aquello pasó ante sus ojos, sin darle tiempo a reaccionar, y quedó grabado en sus retinas, justo antes de que el coche impactara contra ella y la lanzara por los aires, quedo tirada en el duro y frío asfalto de la carretera y vio de reojo como el coche se alejaba a toda velocidad de allí “quizás sea mejor así“ pensó por un momento antes de sumirse en la oscuridad.

miércoles, 15 de febrero de 2012

felicidadeees carloos!!!!

este es el primer capitulo del cuento que me pidieses que escribiera,no se como terminara la cosa pero si quieres que cambie algo o tienes alguna idea ¡dímelo! y asi sera mas "personalizada" xDD



Cuando sonó el timbre Carlos comenzó a recoger sus cosas, aun quedaban algunas horas de clase pero el ya se iba a casa. No le iba demasiado bien en sus estudios y a veces se deprimía pensando que era un inútil, que no servía para nada, pero en su interior guardaba un poder que él desconocía.
Mientras caminaba hacia su casa, le pareció que alguien le seguía, oía sus pasos y casi creyó poder oír su respiración. Se detuvo y se giró, pero la calle estaba totalmente desierta, quizás incluso más de lo habitual. “será mi imaginación” pensó, y volvió a caminar, pero aquella sensación seguía allí, notaba una mirada fría en su nuca y pasos silenciosos tras de sí. Cerró los ojos un momento para convencerse a sí mismo de que todo era irreal, una imaginación suya, pero cuando abrió los ojos se detuvo en seco, había una mujer parada frente a él, su ropa era algo extraña pero no alcanzaba a comprender porque le daba esa impresión. La mujer le observaba con unos ojos gélidos de un azul tan claro que casi parecía blanco. Cuando la miró, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, pero se controló para no salir corriendo y siguió observándola, su pelo castaño oscuro casi negro le caía hasta la cadera, desparramándose como una cascada de agua oscura. No se movía, únicamente le observaba y el la observaba a ella.
-¿Quién eres?- le preguntó- ¿Qué haces aquí?- ella ignoraba todas sus preguntas como si no las escuchara.
Carlos dio un paso hacia ella, armándose de valor y entonces ella cambió su expresión, su aparente curiosidad se tornó en rabia, pero solo en su rostro se distinguía el sentimiento, todo su cuerpo seguía relajado. Sin muestras de crispación alguna retrocedió, aun mirándole, y desapareció entre unos árboles. Carlos corrió hacia allí, pero solo vio un gato corriendo a lo lejos y un par de pájaros en el cielo.
De camino a su casa fue pensando en aquel extraño suceso, alerta por si la extraña mujer volvía, pero nada ocurrió. Cuando llegó, cerró la puerta con llave y se encerró en su habitación, cogió un libro de su estantería y se tumbó en la cama a leer. Mientras estaba concentrado volvió a notar que le observaban e inmediatamente se puso alerta, soltó el libro sobre la cama y se puso en pie, comprobó el pestillo de la puerta y vio que aun estaba echado, luego fue a la ventana se cercioró de que estaba bien cerrada y echó las cortinas. La luz de su lámpara le parecía irreal, las sombras que formaba eran deformes y tétricas. Escucho un ruido tras su puerta y se acercó un poco, aguzando el oído para escuchar a través de la madera y entonces, de repente, se abrieron de golpe las cortinas y la ventana, una ráfaga de aire entro en la habitación y esta volvió a inundarse de luz solar. Carlos se giro, mirando asustado la ventana, entonces escuchó el sonido del seguro de la puerta y una fuerza sobrehumana lo empujó tirándolo al suelo, cayó de rodillas al suelo y se giró, temeroso, la puerta estaba abierta de par en par, y allí se alzaba la imponente figura de la mujer de ojos azules. Le miraba como si fuera un molesto insecto y Carlos percibió el deseo de matar en sus ojos. Impotente descubrió que las piernas no le respondían. Miró alrededor, en busca de algún arma, pero no había nada a su alcance. La mujer comenzó a murmurar algo en un idioma desconocido, Carlos notó que el aire se hacía más pesado y transmitía una extraña sensación. El murmullo cesó y la mujer alzó un brazo, colocando la palma de su mano hacia Carlos y el percibió el peligro, sus piernas volvieron a responder y se levantó, retrocedió hasta quedar pegado a la ventana, y el aire le revolvió el pelo, la mano de la mujer apuntaba directamente a su pecho y una pequeña bola de luz había empezado a formarse frente a ella, gorgoteaba como si fuera lava. Carlos miró de reojo por la ventana, era un octavo, sabía que era imposible que saliera con vida de aquello, pero aun así se pego mas a la ventana, casi subiéndose a ella. La mujer comenzó a reír, su risa era oscura y maligna, cargada de odio y muerte. La pequeña bola de luz había alcanzado el tamaño de una pelota de tenis y se había estabilizado.
-¡MUERE!-grito entonces la mujer
Carlos deseó que el tiempo se detuviera, pero sabía que no pasaría, pudo ver la bola avanzando a toda velocidad hacia el e instintivamente retrocedió, lo que provoco que cayera por la ventana. Fue como si viera una película a cámara lenta, se vio a si mismo cayendo lentamente, la bola le pasó rozándole el hombro, se giró y vio el suelo acercándose a él y deseó caer suavemente, o que algo detuviera su caída, y entonces su cuerpo cayó al suelo, pero el golpe no fue tan fuerte como esperaba, además había tardado excesivamente poco en caer. Abrió los ojos, notaba las piernas y los brazos doloridos, pero estaba vivo. Miró arriba, aun tumbado en el suelo, a tiempo para ver a la mujer asomarse desde su ventana, cerró los ojos y se quedó inmóvil, no quería que aquella que lo quería muerto supiese que en realidad estaba vivo. De repente se escucho un grito, una mujer que pasaba por allí le había visto, entreabrió los ojos y vio que la extraña mujer había desaparecido de la ventana. La mujer que había chillado se acercó a él, cuando le miró la cara y vio que respiraba se calmó un poco.
-¡que susto me has dado!- le dijo mientras rebuscaba en su bolso- ¡pensé que estabas muerto! ¿Qué te ha pasado?
- lo siento- murmuró, intentando incorporarse-me he caído
La mujer sacó un paquete de pañuelos y le dio uno, le ayudó a levantarse y le sentó en un banco.
-¿Qué te ha pasado en el hombro?
Carlos se miró y vio que tenia la camiseta rasgada y empapada de sangre, que salía de un corte en su hombro, pero curiosamente no le dolía, pero no dijo nada.
-hay que llevarte al hospital, ¿quieres que llame a tu madre?
-¡No! No llames a nadie
-de acuerdo– dijo tras observarle gravemente- creo que eres suficientemente adulto como para saber lo que te conviene, pero voy a llevarte al hospital
Afortunadamente había uno cerca de allí, cuando llegó se desplomó en una silla, se estaba quedando sin fuerzas, perdió la consciencia. Cuando despertó estaba rodeado por una cortina blanca, metido en una cama, notaba el hombro rígido y cuando lo miró vio que estaba vendado. Escuchó pasos en el exterior y se puso en tensión, pero entonces una enfermera de aspecto agradable descorrió las cortinas
-Veo que ya estas mejor- dijo con una sonrisa- la mujer que te trajo ha tenido que irse, pero se quedó hasta saber que estabas bien ¡qué suerte has tenido! La herida era profunda ¿Cómo te le hiciste?
-No lo recuerdo bien- dijo eludiendo el tema
-Bueno, ¡lo importante es que te recuperes! Por cierto hemos llamado a tu madre, debe estar a punto de llegar
-Mierda- murmuró desviando la vista
- la mujer ya nos dijo que no querías, pero lo vimos necesario. Bueno te dejo descansar- y tras decir esto salió y volvió a cerrar las cortinas.
Carlos se sumió en un sueño ligero e inquieto, trazos de recuerdos e invenciones se entremezclaban en su mente. De pronto volvió a despertar, oía pasos, estos se detuvieron tras las cortinas
- No quiero hablar, madre- le dijo a la silueta que se dibujaba vagamente en la cortina- ¡márchate!
-no soy tu madre- la cortina se descorrió y una joven asomó la cabeza
- lo siento- se disculpó Carlos
La chica entró. Su pelo, sujeto en dos coletas era morado y estaba muy rizado, y sobre su cabeza descansaba un pequeño gorro de bruja, como de adorno, su vestido era negro y la tela caía hasta sus rodillas, como a jirones. Carlos la miró asombrado. Ella se acercó a él, le miró con sus grandes ojos, también morados, y acto seguido le puso una mano sobre el hombro. Su primera reacción fue apartarse, pero entonces comenzó a sentir, en su hombro, una calidez inusualmente agradable, cuando la calidez cesó la chica cortó las vendas y se las quitó, Carlos vio que su herida estaba totalmente curada.
-¿Quién eres?- le preguntó
-soy una bruja-le contestó ella-me llamo Katja. El consejo me eligió para protegerte
-¿protegerme? ¿De qué? ¿Qué consejo?
-de Ella, por supuesto, La Bruja Malvada, ha venido para destruirte. El consejo de brujas y magos es el que decide casi todo en nuestro mundo
-¿Qué quieres decir exactamente con “bruja”?
-pues eso-dijo riendo- que soy una bruja, como todos en mi mundo, hago magia y esas cosas- y mientras decía esto puso sus manos ante ella y pequeños fuegos artificiales comenzaron a salir de ella
-esto es muy raro –dijo estupefacto-por cierto ¿Por qué quiere destruirme?
-porque eres Tu. Eres la única persona capaz de detenerla y encerrarla para siempre
- ¿Cómo voy a hacer yo eso? Y ¿Quién dice que quiera hacerlo?
-DEBES hacerlo, porque de ello depende la seguridad de Todo
-Pero eso no responde a mi primera pregunta
-El “cómo” es algo que habita en tu interior y que, al parecer, aun no has descubierto
"Algo que habita en mi interior" murmuro pensativo
-¡Debemos irnos!- exclamó Katja- ¡están a punto de llegar!
-¿Quiénes?
-los enfermeros y tu madre
Carlos se incorporo de golpe, volviendo de repente a la realidad, si su madre lo veía no le dejaría en paz, asique con ayuda de Katja salió de la cama y fueron hacia la puerta, pero escucharon voces que se acercaban.
-¡por la ventana!-le susurró Katja
El la miró asombrado pero la siguió. Katja abrió la ventana y silbo fuertemente, luego saltó. Carlos se asomó y vio que había caído sobre una escoba, Katja se acercó a la ventana todo lo que pudo y le tendió una mano. Carlos no estaba seguro de que fuera una buena idea, pero las voces habían llegado ya a la puerta y saltó, sin pensarlo. Casi sin darse cuenta se encontró sentado en la escoba y esta salió disparada, alejándose cada vez mas del hospital.