jueves, 29 de noviembre de 2012
Sonrisas 1ª parte
domingo, 5 de agosto de 2012
Ilusiones
martes, 3 de julio de 2012
El error de la ciencia
jueves, 9 de febrero de 2012
Adios
La sangre brotó. Comenzó a salir indiscriminadamente del profundo corte. Ella lo miró, con el cuchillo aun en la mano. Observó como la sangre escapaba de su brazo y se marchaba por el desagüe. Toda aquella rabia que había ido acumulando salía también suavemente, mezclada con la sangre. El mundo no la había tratado bien. Todos se habían aprovechado de ella, incluso aquellos a los que había considerado amigos. Estaba harta de ayudar a todo el mundo y que nadie la ayudara a ella. Había llegado su fin, no pasaría de aquella noche. La vida se escapaba lentamente de su cuerpo, demasiado lentamente. Aferró el cuchillo con más fuerza lo elevó, llevándolo hacia su cuello, y presionó a la vez que lo deslizaba sobre su suave piel. Notó que su camisa se empapaba y la cálida sangre le acariciaba la piel. No dejó ninguna nota, ni habló con nadie, su único deseo era que todos aquellos que le habían hecho la vida imposible sufrieran. La rabia ya había desaparecido y desbordada por una profunda calma se dejó caer al suelo. En silencio.
miércoles, 8 de febrero de 2012
no juegues con mis sentimientos. este es de hace tiempo pero bueno. . .
Todo está oscuro, en mi mano hay un cuchillo, estoy sentada al lado de una puerta, esperando a que se abra. Me pregunto cómo he llegado a esto, necesito reflexionar, no tengo mucho tiempo, está a punto de llegar.
Todo empezó hace unos días, había quedado por primera vez con el chico que me gustaba, era un compañero de clase, le acababan de transferir hacía poco. Aquel día sospeche por un instante que no era el tipo de persona que pretendía ser en clase, allí siempre era muy amable con todo el mundo y nunca daba problemas. Sin embargo aquel día en nuestra “cita” todo le molestaba, desde mi ropa hasta la comida del restaurante, aun así pensé “quizás tenga un mal día”. Al día siguiente se disculpo con migo así que los olvide. La siguiente vez que quedamos le confesé mis sentimientos, le dije que me gustaba y, que si era posible, quería salir con él. Aceptó, y en ese momento mi felicidad era tal que no me di cuenta de que apenas reaccionó cuando me declaré.
Esos días iban en camino de ser los más felices de mi vida, pero al día siguiente mientras paseaba con mis amigas vi un chico, que me resulto familiar, besando a una mujer. Cuando se separaron y le vi la cara me dio un vuelco el corazón, era la misma persona que había aceptado mis sentimientos el día anterior. Les dije a mis amigas que se adelantaran, que yo tenía algo que hacer, cuando se alejaron me acerque a ellos
-¡¡¡no me dijiste ayer que ibas a salir con migo!!!-le grité
-si-me respondió mirándome a los ojos –pero ella es mi prometida-
Me quede sin habla, con la boca abierta. No me lo podía creer
-ven esta noche a la azotea del instituto no quiero montar un escándalo aquí-le dije-
En ese momento estaba demasiado frustrada como para pensar en lo que quería de él. Me respondió con un simple “vale” y yo me marche lo más deprisa que me permitían mis piernas.
Cuando llegué a mi casa me encerré en mi habitación, aun quedaban unas horas para que llegara el momento. Me senté en la cama y empecé a pensar. Había sido una tonta, debería haberme dado cuenta de que no mostraba ninguna emoción cuando estaba a mi lado. Me quede un rato deprimida, pero esta depresión dio paso a la rabia. Si el ya estaba prometido no tendría que haber empezado a salir conmigo, tenía que haberme rechazado.
¡SI! él tenía la culpa, así que tenía que pagar por jugar con mis sentimientos. Baje a la cocina y cogí el cuchillo más grande que encontré, después Salí a la calle y me dirigí al instituto. Cuando llegué a la azotea me senté junto a la puerta y espere mientras pensaba en lo que había pasado.
Mientras estoy sumida en mis pensamientos oigo pasos detrás de la puerta, ¿será él?, me pongo en pie lentamente, sin hacer ruido. Los pasos llegan a la puerta, y esta empieza a abrirse. Veo una silueta atravesando la puerta y me abalanzo sobre ella. Le clavo el cuchillo en el estomago, pero entonces noto algo extraño. El cuerpo no es de un chico. Me aparto y miro atentamente, cuando mi mente se aclara me doy cuenta de que no es el si no su prometida
-¡vaya! así que a ti también te ha traicionado
Cojo su bolso, rebusco dentro y encuentro su móvil, busco en la agenda y encuentro su número. Le escribo un mensaje “ya está arreglado, ven, quiere despedirse de ti”
Arrastro el cuerpo de ella para que no bloquee la puerta, aun está viva, pero débil, no puede moverse. Al rato aparece el, cuando la ve corre hacia ella y se arrodilla a su lado, me acerco a su espalda y le susurro al oído “adiós”. Gira la cabeza, puedo ver el miedo en sus ojos, le clavo el cuchillo con todas mis fuerzas. Lo saco. Retrocedo unos pasos. Suelto el cuchillo. Les miro. Me dan un poco de envidia, han muerto juntos. Me acerco a la valla, la escalo, cuando estoy al otro lado miro a mis pies. Solo unos pocos centímetros me separan del abismo de tres pisos que hay debajo. Doy un paso hacia delante. Caigo. Veo el suelo acercándose muy deprisa, y luego. . . NEGRO.

Otro mas sin titulo. u.u no se me da bien buscar titulos. . .
Aquella aburrida clase la exasperaba. El profesor explicaba con voz monótona, los alumnos bostezaban y se recostaban en las mesas. Allí sentada, rodeada de gente que no le importaba lo más mínimo, ella miraba al frente, pero no atendía, miraba al infinito, imaginando historias fantásticas al otro lado de la pared. Historias de brujas, magos, dragones. . . y todas aquellas criaturas que tanto le agradaban.
De pronto algo goteó desde el techo, cayendo en la cabeza del profesor, manchando toda su cara, se llevo la mano a los ojos y se limpió. Miró al techo. Una gran gotera negra se extendía sobre él y goteaba lentamente aquellos espesos goterones. Aquello la sacó de su fantasía, las paredes comenzaron a a chorrear también aquel liquido y este empezó a cubrir el suelo. Escuchó los gritos de sus compañeros, se dio cuenta de que miraban al profesor y ella también lo miró. La carne de su cara había comenzado a disolverse, el hombre había caído al suelo y convulsionaba echando espuma por la boca mientras su cara se disolvía como si fuera efervescente. Alguien se levantó y fue a abrir la puerta, pero estaba bloqueada, entonces aquel líquido le cayó en el brazo, la carne se disolvía y caía dejando el hueso al descubierto.
Siguiendo una corazonada se subió a la mesa, cruzó las piernas y se quedó allí sin moverse, observando a sus compañeros. Algunos la imitaban otros intentaba abrir las ventanas, pero todas estaban bloqueadas. El suelo se cubrió por completo de aquel líquido negro, alcanzando los pies de seis personas, que comenzaron a gritar de dolor, dos de ellas cayeron al suelo, empapándose y su carne se disolvió mezclándose con el negro, las otras cuatro consiguieron encaramarse a las mesas y creyeron haberse librado de la muerte, pero sus pies habían comenzado a disolverse y el liquido se extendía cada vez más por sus piernas. Uno de ellos intento limpiarse el líquido con la mano, logrando únicamente que esta empezara a disolverse también. Poco a poco el líquido negro se fue comiendo toda su carne, ante la mirada horrorizada de sus compañeros, dejando únicamente los huesos blancos y limpios. Cuatro esqueletos quedaron en las mesas y otros cuatro en el suelo, medio hundidos en el oscuro líquido, uno de ellos aun aferraba el pomo de la puerta, que seguía sin abrirse.
El techo seguía goteando y cayeron negras gotas de muerte sobre tres personas más, a uno de ellos, que miraba hacia abajo le golpeó en la nuca, poco a poco su cara fue separada de su cráneo, resbaló y quedó flotando sobre el líquido por un instante. Al segundo le golpeó en la cara, tirándole de la mesa y se hundió lentamente en el líquido. El tercero no tuvo tanta suerte, la gota le rozó apenas el codo, provocándole unja muerte lenta y dolorosa. Se dieron cuenta de que el nivel del líquido aumentaba. Algunos empezaron a ponerse nerviosos, temblaban en sus mesas o intentaban saltar a otras más alejadas de las paredes ya que estaban cubiertas por una espesa cortina de espesa negrura que caía constantemente. Dos personas saltaron a la misma mesa y al chocar cayeron volcando algunas mesas de alrededor, en las que se hallaban tres personas, los cinco se hundieron dejando manchas de color carne, mezcladas con el rojo de la sangre, que fueron desapareciendo lentamente. Una chica, acurrucada en una mesa, miraba con ojos llorosos a un chico que se encontraba en una mesa algo alejada y el la miraba a ella, el se levantó y saló de mesa en mesa hasta llegar a la que se encontraba junto a ella, la chica se acurrucó aun mas haciéndose pequeña para dejarle sitio. El saltó. Quedo un momento de pie sobre la mesa intentando recuperar el equilibrio, pero no lo consiguió, y comenzó a caer hacia atrás, casi a cámara lenta, ella alargó la mano intentando sujetarlo, pero no tenía fuerza suficiente y ambos cayeron.
De repente un ruido les sobresaltó, el manillar de la puerta se había movido, la mano del esqueleto lo bajaba cada vez más y entonces la puerta se abrió. Pero aquello no mejoró las cosas, si no que las empeoró, ya que lo que había al otro lado de la puerta no era sino un negro mar del espeso liquido, que entró de golpe en la clase como un tsunami, cinco personas que estaban cerca de la puerta fueron engullidas por la ola y a otras tres les salpicó al chocar contra la pared. Solo quedaban dos personas más a parte de ella. Una de ellas gritó de pronto, le miraron, el miraba al techo horrorizado, una gota había comenzado a formarse sobre su cabeza, se levantó dispuesto a saltar a la mesa más cercana, pero la única que había estaba ocupada por su compañero que negaba con la cabeza mientras le decía que no lo hiciera, la gota cada vez era más grande y estaba a punto de caer. Saltó y de alguna manera se mantuvo sobre la mesa sin perder el equilibrio ni tirar a su compañero, pero de pronto volvió a gritar, se miro el pie y se dio cuenta de que la gota le había rozado al caer. Le falló la pierna y cayó hacia atrás, intentó agarrarse a su compañero pero este se aparto todo lo que pudo dejándole caer. El nivel del líquido casi había alcanzado las mesas. El chico se quedó un momento pensativo y luego se le iluminó la cara, intentó sacar del líquido una silla y esta salió limpia y sin restos del mortal fluido, la coloco en la mesa y se subió encima, de pie, pero no calculó bien y su cabeza se introdujo entera en una gota que se había estado formando y que él no había tenido en cuenta, quedó un momento allí, inmóvil, y luego el cuerpo, con el cráneo completamente limpio, se desplomó cayendo y hundiéndose.
Solo quedaba ella. Se levantó. Observó alrededor y después saltó, tirándose de cabeza hacia aquel negro océano de muerte. Notaba como su carne era mordida por millones de microscópicos dientecillos. Abrió los ojos y vio un mundo perfecto, de praderas verdes y aire limpio, justo antes de que sus ojos fueran devorados, pero aun cuando todo estaba a oscuras seguía escuchando el canto de los pájaros y el suave movimiento de las hojas y olfateó el dulce aroma de la hierba y las flores, y luego. . .
Nada.
martes, 7 de febrero de 2012
Otro cuentecillo sangriento (no tiene titulo)
Los pájaros surcaban el cielo, algunos en bandadas, otros solitarios. Los grandes árboles arrojaban sus largas sombras sobre el césped y se reflejaban en el agua cristalina del gran lago que había entre ellos.
Ella se acerco a la orilla y observo su reflejo, su largo pelo negro sus grandes ojos verdes, sus rasgos afilados, su ropa manchada, toda ella se reflejaba en el agua como si esta fuera una gran espejo. Se agachó y cogió la piedra mas cercan, la arrojó al lago. Se hundió formando pequeñas ondas en la superficie y deformando su reflejo. Nunca le había desagradado su aspecto, pero en aquel momento daría lo que fuera por cambiarlo, o mejor aún, por desaparecer. Lo que había hecho no tenia nombre, era imperdonable y ella lo sabía. Se dio la vuelta y observo atentamente el palacete que se alzaba tras ella en busca, quizás, de algún fugaz movimiento que le indicara que aquello había sido solo un mal sueño, pero todas las ventanas estaban cerradas y las cortinas echadas, como ella las había dejado.
Un recuerdo acudió a su mente. En el centro del comedor había una gran mesa cubierta por platos llenos a rebosar de comidas suculenta, tres personas, un hombre una mujer y una pequeña niña de cabellos rubios, estaban sentados alrededor y comían mientras charlaban alegremente, ella los observaba desde la puerta, una mueca extraña se dibujaba en su rostro, ellos no se habían percatado de su presencia aun. La niña alzó la cabeza y la miró, pero ella le hizo una seña para que callara y no delatara su presencia, avanzo lenta y sigilosamente hasta quedar detrás de la mujer, aquella despreciable persona que la obligaba a llamarla “madre”, con un veloz movimiento le sujeto la cabeza con una mano y le rebanó el cuello con el cuchillo que llevaba en la otra, la sangre comenzó a brotar y empapó el carísimo vestido de la mujer. La niña la miraba con horror, había quedado paralizada por el miedo. Alzo el cuchillo, lleno de sangre, y lo lanzó acertando entre los ojos de la pequeña, su cuerpo sin vida resbaló de la silla y cayó pesadamente al suelo. Rodeó la mesa hasta llegar al pequeño cadáver y recuperó el cuchillo. Entonces se giró, hacia su principal objetivo, se había levantado y retrocedía intentando escapar por la misma puerta por la que ella había entrado, pero ella volvió a lanzar el cuchillo, con aquella endemoniada puntería que la caracterizaba, y se lo clavó en la pierna, provocando que cayera al suelo gritando de dolor.
-¿Por qué haces esto?-le preguntó- ¡somos tu familia!
-¡Esa zorra y su hija no tienen nada que ver conmigo!- Le gritó furiosa-no debiste casarte otra vez después de que muriera mamá
-¿Por qué no entiendes que he pasado página? quise muchísimo a tu madre, pero después de que muriera Elizabeth y yo nos enamoramos
-¡Ella no te quería a ti imbécil! Ella solo quería tu dinero. Además te dejo tan ciego con sus encantos que ni siquiera veías lo mal que me trataba
Mientras discutían ella se había ido acercando a su padre y tras decir las últimas palabras le arrancó el cuchillo del muslo y se lo clavó en el estomago, un hilo de sangre salió de su boca, intentó arrastrarse hacia la salida en un último intento desesperado por escapar, pero el cuchillo iba atravesando todas las partes de su cuerpo mientras ella reía con una mueca macabra en el rostro.
El recuerdo de aquella risa le retumbaba en la cabeza. Se tapo los oídos pero fue inútil ya que el sonido provenía del interior de su cabeza. Una arcada acudió a su garganta, le fallaron las rodillas y cayó al suelo. De rodillas y con las manos apoyadas en la hierba vomitó, el agua rozaba las puntas de sus dedos, el viento le revolvía el cabello, y poco a poco fue tranquilizándose. Se miró en el agua, su rostro tenía un aspecto algo fantasmagórico, unas marcadas ojeras le rodeaban los ojos y por sus pálidas mejillas las lágrimas caían sin poder ser contenidas.
-¡Lo siento!- murmuró, no sabía por qué había hecho aquello
Un fugaz destello rojo cruzo su mirada un instante en el agua, se acercó para mirar con mas atención y entonces le pareció ver tres sombras que ascendían desde el fondo entrecerró los ojos para ver mejor y descubrió con horror que eran su padre su madrastra y su pequeña hermanastra los que se acercaban ella a toda velocidad. Tres manos diferentes salieron del agua y se aferraron a su pelo, arrastrándola irremediablemente hacia el agua. Cayó, y notó uñas que desgarraban su carne, vio pasar frente a ella la cara de su padre, inundada de tremenda tristeza y compasión; la de su hermana, por cuyas mejillas corrían grandes lagrimones y la sangre escapaba por la profunda brecha de su frente; y por último se acercó a ella el rostro cargado de infinito desprecio de su madrastra, con el cuello ensangrentado. Su sangre se esparcía y teñía de rojo el agua, uno a uno fueron arrancando sus piernas y sus brazos, manos pequeñas y otras más grandes se introducían en su interior y le arrancaban los órganos dejándola vacía y muerta en el fondo de aquel profundo lago
Beatriz
Todos pensaban que Beatriz era simplemente una chica algo excéntrica y asocial, ya que nunca hablaba con nadie en las clases y siempre parecía inmersa en su propio mundo, en el interior de su cabeza.
Algunas de las chicas de la clase se metían con ella, pero por mucho que ellas la insultaran o le tiraran cosas, Beatriz jamás se defendía ni les contestaba, se limitaba a mirarlas con una expresión que parecía de compasión pero que rayaba el aburrimiento. Así fue durante los dos cursos que Beatriz estuvo en aquel instituto y así seguía en el nuevo curso, pero a Beatriz no parecía importarle, ella simplemente iba por las mañanas al instituto y volvía por las tardes a su casa, pero nadie sabía donde vivía, ni que hacía en su tiempo libre, ni siquiera si tenía amigos.
Un día como otro cualquiera tras salir del instituto iba caminando mientras oía las voces y las risas de sus compañeras tras de sí, ella estaba enfrascada en sus pensamientos y apenas les prestaba atención, pero de pronto se escucho un el frenazo de un coche, seguido de un golpe seco y gritos, Beatriz se dio la vuelta a tiempo para ver la horrorizada cara del conductor mientras huía, se había formado un corro de gente que susurraba alrededor de la víctima, se abrió paso entre la gente, que poco a poco se iba dispersando. Una de la chicas de su clase yacía en el suelo, en medio de un charco de sangre las piernas se doblaban en ángulos extraños y ella gritaba de dolor agonizando. Le dio tiempo a ver también a dos de sus amigas escabullirse entre la multitud y salir corriendo. Se acercó a la muchacha y le puso una mano en la frente, ella la miró, aquel contacto había aliviado un poco de su dolor, Beatriz se la cargo a la espalda y empezó a caminar alejándose de la gente, que seguía murmurando.
Caminó sin descanso hasta que dejaron atrás aquel lugar y llegaron a un solitario parque, una vez allí Beatriz se detuvo frente a un banco y depositó suavemente a la muchacha.
-gracias- murmuro la chica un poco avergonzada por todo lo que le habían hecho, su dolor había cesado casi por completo
-no, ¡gracias a ti!- exclamo Beatriz con una extraña sonrisa en los labios- hoy comeré en condiciones
La joven pudo captar el odio en su mirada, pero también satisfacción en lo más profundo de aquellos ojos negros como la noche sin luna. Si cara casi se desfiguraba por su maléfica sonrisa llena de dientes puntiagudos. Quiso correr, pero sus piernas estaban rotas; quiso gritar, pero el horror la había dejado muda. Volvió a mirar los profundos ojos de Beatriz y sintió que caía en su profundo abismo de muerte. Sin avisar Beatriz se abalanzó hacia ella abriendo la boca y clavó sus afilados dietes en el cuello de la joven sumiéndola en el más oscuro silencio, en la más profunda oscuridad.