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jueves, 29 de noviembre de 2012

Sonrisas 1ª parte


Todo aquello estaba acabando con ella, se preguntaba que habría hecho para que el universo la castigara de aquella manera. Sentada en aquel banco, en medio de aquel parque desierto, rodeada de arboles, las lagrimas recorrían sus mejillas y su expresión se deformaba por el llanto. Entre sus blancas manos sostenía una pequeña pistola. Estaba cargada, ella misma había metido en la recamara cada pequeña bala hasta llenarla por completo.
Se estaba perdiendo a sí misma, y aquello era lo único que le quedaba, a había perdido todo lo demás. Solo tenía con ella su arrepentimiento por que,  al fin y al cabo, todo aquello era culpa suya, de sus errores, de sus decisiones. No tenía sentido echarle las culpas al destino o l universo, ya que ella misma se lo había buscado.
Y, si ella se había metido allí, ella era la única que podría librarla de aquel sufrimiento. Solo quedaba una salida. Quizás era algo radical, pero era su último recurso, ya no tenía nada por lo que luchar allí. Alzó lentamente el arma de sus rodillas  la colocó en su sien. Una gota callo en su mano y fue seguida de otra y otra y otra más, de pronto llovía a raudales.
Se escucho un disparo, el golpe seco del cuerpo contra el suelo y el batir de alas de cientos de aves que huían asustadas por el fuerte ruido. La sangre brotaba creando un charco y empapando el negro pelo de la joven y, por primera vez en mucho tiempo, la sombra de una sonrisa cruzaba su cara.

domingo, 5 de agosto de 2012

Ilusiones


Llegó a su casa, tarde, después de un largo día. Se internó en la oscuridad y llegó a tientas a  la cocina, bebió agua y luego palpo la pared hasta dar con la puerta del baño. Cuando la abrió, la escasa luz que entraba desde la ventana, apenas le dejaba ver las cortinas de la bañera casi completamente cerradas, y se reflejaban vagamente en el espejo. Encendió la luz, y un torrente de imágenes inundó sus ojos, marcas de manos ensangrentadas en el espejo,  la bañera casi rebosante de lo que parecía sangre diluida en agua, medio flotando asomaba una cabellera, que bien podría ser la de su madre, y algunas partes de un cuerpo humano. Sacudió la cabeza y abrió los ojos, la monótona oscuridad del baño continuaba invariable,  las cortinas se mecían suavemente con la brisa que entraba por la ventana. Y, entonces, encendió realmente la luz para encontrarse con su habitual baño de bañera blanca y baldosas azules. Como siempre, las alucinaciones se habían apoderado de ella, aquel catastrofismo suyo le había dado los mayores sustos de su vida, pero llegado a un punto se había acostumbrado. Cada día las escenas más macabras pasaban fugaces por su mente para dejar paso al momento a una realidad rutinaria y absolutamente normal que, a veces, se le antojaba aburrida. Pero al fin y al cabo, aquella era su realidad.

martes, 3 de julio de 2012

El error de la ciencia


Los conocí bajo extrañas circunstancias, no lo recuerdo bien, pero eran un grupo extraño. Hiro era el líder, por llamarlo de alguna manera, era un chico de unos 19 años, con melena negra que le caía sobre los hombros, era muy apuesto; alto, delgado y se movía con la elegancia de un cisne. Junto a él siempre andaba una chica, Nya, algo más joven, de grandes ojos felinos y largo pelo morado, algo en su forma de moverse la hacía parecer un gato. En su cuello, oculto en su melena, siempre estaba Neko, un gato con pelaje de similar color al pelo de la chica. También los acompañaba Jack, un chico rubio de hermosos ojos verdes. Y luego estaba yo, no hacía mucho que los conocía y a veces parecía fuera de lugar, pero ellos me trataban cálidamente, me hacían sentir que formaba parte del grupo.
Nya y Neko tenían una función en el circo de la ciudad. Hiro era su representante. Jack y yo habíamos ido a verles aquel día, nos sentamos con Hiro entre el público y vimos a Nya y a Neko saltando de un lado a otro de la pista, haciendo trucos, malabares y piruetas. Cuando salimos nos reunimos todos, Nya y Hiro parecían muy serios, miraron a Jack y el asintió.
— ¿Qué os pasa? — estaba preocupada
— La hora se acerca, debemos enseñarte un lugar
— ¿La hora? ¿De qué?
— No podemos hablar aquí
Fuimos hasta el aparcamiento y montamos en el coche de Hiro, un todoterreno negro de aspecto imponente. Nos llevó fuera de la ciudad y se internó en el bosque cercano. Campo a través llegamos hasta un claro del bosque con un gran árbol en el centro que, aparentemente, era igual a los demás, salvo por el tamaño. Sin embargo cando llegamos al pie pude apreciar un extraño brillo metálico entre la madera. Hiro se acercó más y palpó la corteza hasta dar con un pequeño agujero, sacó de su bolsillo una pequeña llave y la introdujo. Entonces la madera se apartó, dejando a la vista la entrada a una pequeña cabina. Entramos y la madera regreso a su posición dejándonos totalmente a oscuras por unos momentos, la cabina comenzó a descender. De pronto se detuvo y se abrió una puerta dando paso a una sala circular, de aspecto metálico, había repartidos sillones y un televisor, estaba bien iluminada y en la pared se abrían puertas, muchas puertas, cuyos destinos eran aun desconocidos para mí. Una de esas puertas estaba entreabierta, y dejaba ver al otro lado una agradable cocina.
Nos sentamos en los sillones.
—Impresionante— fue lo único que se me ocurrió
—Podría decirse que es nuestra guarida secreta. Si todo hubiera ido bien no tendrías por que conocer esto, o al menos no en estas circunstancias, pero se les ha ido de las manos, no han sabido cuando parar y la investigación ha ido demasiado lejos.
— ¿Investigación sobre qué? —no entendía que querían decir con aquello
—Zombies— me quedé helada—estaban investigando, querían hacer más resistentes a los soldados, hicieron pruebas con humanos… ya ahora… se ha descontrolado, los sujetos de prueba se han convertido en monstruos, solo es cuestión de tiempo que escapen.
Nos levantamos y me llevaron hasta una de las puertas, en su interior había una habitación, no era muy grande, pero era acogedora.
—hay mas como esta, pero no para todo el mundo— la rabia se encendió en el fondo de los ojos de Hiro y esa rabia escondía en el fondo impotencia.
—¿Por qué no habéis avisado antes a la gente? Podrían haberse puesto a salvo.
— ¿Qué crees que pasaría si fuéramos por ahí diciendo que se acerca un apocalipsis zombie?— pensé por un momento, pero no me dio tiempo a contestar—la mayoría no nos creerían, y los que lo hicieran entrarían en pánico. Además, teóricamente es un secreto del gobierno, si lo desveláramos seguramente nos buscarían y se desharían de nosotros.
—Tienes razón—dije agachando la cabeza— creo que si hubiera sido otra persona la que me lo hubiera dicho no la hubiera creído
—Gracias—me dijo Nya
— ¿Por qué?
—Por confiar en nosotros— me sonrió, pero había en ella una extraña mezcla de aprecio, preocupación y enfado, enfado con las personas que habían provocado todo aquello—sigamos
Mientras caminábamos hacia la siguiente habitación Jack me dijo:
—Como comprenderás no vamos a enfrentarnos a ellos a mano vacía, en aquella sala tenemos lo necesario para protegernos y proteger a los que podamos.
Llegamos a la puerta y cuando la abrieron pude ver al otro lado una amplia habitación repleta de estanterías en las que descansaban armas, muchas armas de todos los tipos y tamaños. Hiro se adentro entre las estanterías buscando algo,  cogió un pequeño machete y me lo dio.
 —Aun no ha empezado y no queremos que nos detengan antes de tiempo, así que solo puedo darte esto por si acaso, intenta camuflarlo.
Lo cogí y me lo até a la cintura, mi abrigo era largo así que quedaría oculto
— ¿Vives con tu madre no?
—Si
— ¿No tienes más familia?
—No…—prefería no hablar del tema
—Vaya… lo siento… De todas formas deberías traerla aquí
Terminaron de enseñarme la guarida y luego volvimos a la ciudad.
Cuando llegué a mi casa no había nadie, llamé a mi madre y me dijo que llegaría pronto asique me quede observando desde el bacón, al cabo de un rato apareció, iba hablando por teléfono y se detuvo en la acera, la observé, charlaba animadamente con alguien, ajena a su alrededor. De pronto me di cuenta de que se acercaban a ella unas personas extrañas, los tres sujetos andaban lentamente, medio encorvados. Me sentí impotente, desde allí no podía hacer nada y parecía que iban hacia ella. De pronto algo desvió su atención y cambiaron de rumbo, bajé a toda prisa y cuando llegué donde estaba ella la cogí del brazo y tiré de ella.
— ¡sube! —Le dije— ¡rápido! Y quédate allí, cierra la puerta y no abras a nadie
Una chica agarró fuertemente el brazo de mi madre, estaba muy pálida y había una extraña expresión en su cara la golpeé y retrocedió un poco aflojando su agarre, tire de mi madre liberándola por completo y las dos corrimos hasta el portal, cuando me asegure de que entraba sana y salva Salí corriendo, tenía que avisar a Hiro y los demás.
Fuimos hacia mi calle en el poderoso coche de Hiro. En la entrada el asfalto se había hundido y estaba inundado de agua turbia surcada por venas negras, dejamos el coche y fuimos andando, aun quedaba acera en los bordes. Había un hombre deambulando por allí, se quedó observando el agua, se agachó y alargó la mano hacia una de las extrañas venas negruzcas.
— ¡NO! No lo toques—gritó Jack
Demasiado tarde, el hombre la agarró y la sacó del agua, por un momento se mantuvo estable, pero luego con un pequeño crujido apenas audible se rompió dejando al hombre con un extremo roto en su mano, lo miró acercándoselo a la cara con expresión estúpida. De pronto comenzó a salir un gas oscuro que impactó directamente en la cara del hombre, que lo soltó y cayó hacia atrás, como fulminado por un rayo.
—Tapaos la boca y la nariz con algo— Dijo Hiro sin perder la calma.
Rodeamos al hombre y continuamos nuestro camino, de pronto escuche ruidos tras de mí, me giré y vi que el hombre estaba convulsionando, paró y de nuevo quedo completamente quieto, pero, cuando estaba a punto de girarme y seguir mi camino, comenzó a incorporarse lentamente, emitía suaves gruñidos que se fueron intensificando
— ¡No te acerques a él! —me dijeron
El hombre alzo la cabeza y pude ver en sus ojos un tono ausente y una falta absoluta del característico brillo de la vida, comenzó a avanzar hacia nosotros, retrocedí sin dejar de mirarle, de pronto se escucho el motor de una camioneta, parecía un caballo desbocado. Era una vieja camioneta que se acercaba a toda velocidad a la calle, pero al ver que la calle estaba inundada y destruida dio un volantazo hacia la acera en la que estábamos y se llevó por delante al hombre, estrellándose después contra un muro, empezó a salir humos de lo que quedaba de capó y un entre las grietas de la aplastada camioneta comenzó a escurrir sangre, formando un charco bajo ella.
— ¡Vamos! —Exclamó Jack— ¡Rápido!
Continuamos corriendo hacia mi portal, debíamos recoger a mi madre e irnos de allí, la calle estaba repleta de aquellos seres de forma humana, pero que habían perdido su humanidad. Avanzamos sigilosamente, intentando ocultarnos, pero no pudimos evitar que nos descubrieran.
— ¡Sube a por ella! — Me gritó Hiro— nosotros nos encargamos
Mientras ellos les enfrentaban, yo entre en mi portal, cuando fui a cerrarla puerta tras de mi uno de ellos la alcanzó y la bloqueo. Me llevé la mano a la cintura y allí lo encontré, el machete, lo desenvaine rápidamente y arremetí contra se brazo, la mitad cayó al suelo y él se retiró lo suficiente para darme tiempo a cerrar la puerta.
Subí a toda prisa y abrí la puerta con mi llave, cuando entre mi madre me amenazaba con el palo de una escoba, pero al ver que era yo se relajó.
—está bastante peligroso ahí abajo, —le dije—pero tenemos un coche, hemos venido a llevarte a un lugar seguro
— ¿puede venir ella también? — me percate de que había una amiga de mi madre sentada en el sillón
—no creo que haya problema, voy a bajar a decirles que traigan el coche aquí, quedaos aquí y bajad en cuanto lo veáis aparecer, es un todoterreno negro y grande
Me despedí de ellas, les di ánimos y volví a bajar. Cuando la puerta del ascensor se abrió, me encontré el portal repleto de zombies, se hizo el silencio por un momento y luego se lanzaron a por mí.  Machete en mano, arremetí contra ellos. En la calle podía ver a Jack y a Nya luchando contra cientos de zombies también, supuse k Hiro ya había ido a por nuestra salvación.
Me abrí paso como pude hacia el cristal de la puerta, justo cuando llegue Nya se giró y pude hacerle una señal y darle a entender que ya estábamos listas. Entonces mi objetivo fue despejar por completo el portal para que mi madre y su amiga pudieran bajar a salvo, así que me giré, a tiempo para apartar de una patada al que se me estaba echando encima, arremetí contra ellos una y otra vez, pero parecían interminables.
De pronto me di cuenta de algo extraño, siempre había imaginado a los zombies como simples esclavos de su hambre de carne fresca, sin consciencia, ni sentimientos, ni humanidad. Pero estos… hablaban, pero sus palabras no concordaban con sus actos, algunos parecían ajenos a lo que ocurría e intentaban entablar conversaciones amistosas. Otros, que al parecer si eran conscientes de la situación, pedían perdón o lloraban, incluso algunos me pedían que acabara con ellos, y sin embargo seguían viniendo, arrinconándome, intentado que cediera para transformarme en lo que ellos eran, y de paso alimentarse de mí carne, de mi cuerpo, de mi cerebro.
Perdí la noción del tiempo, pronto ni siquiera fui consciente de lo que hacía, comencé a moverme por mero instinto de supervivencia pero cada vez me dolía mas el cuerpo, el cansancio se apoderó de mí y, de repente, todo se volvió negro.





EPILOGO
Me desperté sobresaltada, pero no me incorporé, solo me quedé bajo las mantas pensando, ¿había sido todo aquello un sueño? ¿Hasta qué punto? No recordaba haberme dormido. Retiré lentamente la manta de mi cara. Aquella no era mi habitación, caí en la cuenta de que era una de las habitaciones de la base. Me levanté lentamente y me di cuenta de que me dolía todo el cuerpo.  Abrí la puerta despacio y encontré en la sala central a Hiro, Nya y Jack sentados, Neko, que paseaba por el respaldo de la silla de Nya, me miró y maulló, los tres se giraron y, al verme, se levantaron rápidamente y vinieron hacia mí. Me abrazaron.
— ¿estás bien?
—bueno… me duele todo, pero no pensé que fuera a salir viva de allí
—es normal, pero lo importante es que estas aquí, con nosotros, tu madre y su amiga están durmiendo aun
—entonces… ¿ya estamos todos a salvo?
—para nada, esto es solo el principio, aun queda mucho por hacer

jueves, 9 de febrero de 2012

Adios

La sangre brotó. Comenzó a salir indiscriminadamente del profundo corte. Ella lo miró, con el cuchillo aun en la mano. Observó como la sangre escapaba de su brazo y se marchaba por el desagüe. Toda aquella rabia que había ido acumulando salía también suavemente, mezclada con la sangre. El mundo no la había tratado bien. Todos se habían aprovechado de ella, incluso aquellos a los que había considerado amigos. Estaba harta de ayudar a todo el mundo y que nadie la ayudara a ella. Había llegado su fin, no pasaría de aquella noche. La vida se escapaba lentamente de su cuerpo, demasiado lentamente. Aferró el cuchillo con más fuerza lo elevó, llevándolo hacia su cuello, y presionó a la vez que lo deslizaba sobre su suave piel. Notó que su camisa se empapaba y la cálida sangre le acariciaba la piel. No dejó ninguna nota, ni habló con nadie, su único deseo era que todos aquellos que le habían hecho la vida imposible sufrieran. La rabia ya había desaparecido y desbordada por una profunda calma se dejó caer al suelo. En silencio.

miércoles, 8 de febrero de 2012

no juegues con mis sentimientos. este es de hace tiempo pero bueno. . .

Todo está oscuro, en mi mano hay un cuchillo, estoy sentada al lado de una puerta, esperando a que se abra. Me pregunto cómo he llegado a esto, necesito reflexionar, no tengo mucho tiempo, está a punto de llegar.

• • • •

Todo empezó hace unos días, había quedado por primera vez con el chico que me gustaba, era un compañero de clase, le acababan de transferir hacía poco. Aquel día sospeche por un instante que no era el tipo de persona que pretendía ser en clase, allí siempre era muy amable con todo el mundo y nunca daba problemas. Sin embargo aquel día en nuestra “cita” todo le molestaba, desde mi ropa hasta la comida del restaurante, aun así pensé “quizás tenga un mal día”. Al día siguiente se disculpo con migo así que los olvide. La siguiente vez que quedamos le confesé mis sentimientos, le dije que me gustaba y, que si era posible, quería salir con él. Aceptó, y en ese momento mi felicidad era tal que no me di cuenta de que apenas reaccionó cuando me declaré.
Esos días iban en camino de ser los más felices de mi vida, pero al día siguiente mientras paseaba con mis amigas vi un chico, que me resulto familiar, besando a una mujer. Cuando se separaron y le vi la cara me dio un vuelco el corazón, era la misma persona que había aceptado mis sentimientos el día anterior. Les dije a mis amigas que se adelantaran, que yo tenía algo que hacer, cuando se alejaron me acerque a ellos
-¡¡¡no me dijiste ayer que ibas a salir con migo!!!-le grité
-si-me respondió mirándome a los ojos –pero ella es mi prometida-
Me quede sin habla, con la boca abierta. No me lo podía creer
-ven esta noche a la azotea del instituto no quiero montar un escándalo aquí-le dije-
En ese momento estaba demasiado frustrada como para pensar en lo que quería de él. Me respondió con un simple “vale” y yo me marche lo más deprisa que me permitían mis piernas.
Cuando llegué a mi casa me encerré en mi habitación, aun quedaban unas horas para que llegara el momento. Me senté en la cama y empecé a pensar. Había sido una tonta, debería haberme dado cuenta de que no mostraba ninguna emoción cuando estaba a mi lado. Me quede un rato deprimida, pero esta depresión dio paso a la rabia. Si el ya estaba prometido no tendría que haber empezado a salir conmigo, tenía que haberme rechazado.
¡SI! él tenía la culpa, así que tenía que pagar por jugar con mis sentimientos. Baje a la cocina y cogí el cuchillo más grande que encontré, después Salí a la calle y me dirigí al instituto. Cuando llegué a la azotea me senté junto a la puerta y espere mientras pensaba en lo que había pasado.

• • • •

Mientras estoy sumida en mis pensamientos oigo pasos detrás de la puerta, ¿será él?, me pongo en pie lentamente, sin hacer ruido. Los pasos llegan a la puerta, y esta empieza a abrirse. Veo una silueta atravesando la puerta y me abalanzo sobre ella. Le clavo el cuchillo en el estomago, pero entonces noto algo extraño. El cuerpo no es de un chico. Me aparto y miro atentamente, cuando mi mente se aclara me doy cuenta de que no es el si no su prometida
-¡vaya! así que a ti también te ha traicionado
Cojo su bolso, rebusco dentro y encuentro su móvil, busco en la agenda y encuentro su número. Le escribo un mensaje “ya está arreglado, ven, quiere despedirse de ti”
Arrastro el cuerpo de ella para que no bloquee la puerta, aun está viva, pero débil, no puede moverse. Al rato aparece el, cuando la ve corre hacia ella y se arrodilla a su lado, me acerco a su espalda y le susurro al oído “adiós”. Gira la cabeza, puedo ver el miedo en sus ojos, le clavo el cuchillo con todas mis fuerzas. Lo saco. Retrocedo unos pasos. Suelto el cuchillo. Les miro. Me dan un poco de envidia, han muerto juntos. Me acerco a la valla, la escalo, cuando estoy al otro lado miro a mis pies. Solo unos pocos centímetros me separan del abismo de tres pisos que hay debajo. Doy un paso hacia delante. Caigo. Veo el suelo acercándose muy deprisa, y luego. . . NEGRO.

Otro mas sin titulo. u.u no se me da bien buscar titulos. . .

Aquella aburrida clase la exasperaba. El profesor explicaba con voz monótona, los alumnos bostezaban y se recostaban en las mesas. Allí sentada, rodeada de gente que no le importaba lo más mínimo, ella miraba al frente, pero no atendía, miraba al infinito, imaginando historias fantásticas al otro lado de la pared. Historias de brujas, magos, dragones. . . y todas aquellas criaturas que tanto le agradaban.
De pronto algo goteó desde el techo, cayendo en la cabeza del profesor, manchando toda su cara, se llevo la mano a los ojos y se limpió. Miró al techo. Una gran gotera negra se extendía sobre él y goteaba lentamente aquellos espesos goterones. Aquello la sacó de su fantasía, las paredes comenzaron a a chorrear también aquel liquido y este empezó a cubrir el suelo. Escuchó los gritos de sus compañeros, se dio cuenta de que miraban al profesor y ella también lo miró. La carne de su cara había comenzado a disolverse, el hombre había caído al suelo y convulsionaba echando espuma por la boca mientras su cara se disolvía como si fuera efervescente. Alguien se levantó y fue a abrir la puerta, pero estaba bloqueada, entonces aquel líquido le cayó en el brazo, la carne se disolvía y caía dejando el hueso al descubierto.
Siguiendo una corazonada se subió a la mesa, cruzó las piernas y se quedó allí sin moverse, observando a sus compañeros. Algunos la imitaban otros intentaba abrir las ventanas, pero todas estaban bloqueadas. El suelo se cubrió por completo de aquel líquido negro, alcanzando los pies de seis personas, que comenzaron a gritar de dolor, dos de ellas cayeron al suelo, empapándose y su carne se disolvió mezclándose con el negro, las otras cuatro consiguieron encaramarse a las mesas y creyeron haberse librado de la muerte, pero sus pies habían comenzado a disolverse y el liquido se extendía cada vez más por sus piernas. Uno de ellos intento limpiarse el líquido con la mano, logrando únicamente que esta empezara a disolverse también. Poco a poco el líquido negro se fue comiendo toda su carne, ante la mirada horrorizada de sus compañeros, dejando únicamente los huesos blancos y limpios. Cuatro esqueletos quedaron en las mesas y otros cuatro en el suelo, medio hundidos en el oscuro líquido, uno de ellos aun aferraba el pomo de la puerta, que seguía sin abrirse.
El techo seguía goteando y cayeron negras gotas de muerte sobre tres personas más, a uno de ellos, que miraba hacia abajo le golpeó en la nuca, poco a poco su cara fue separada de su cráneo, resbaló y quedó flotando sobre el líquido por un instante. Al segundo le golpeó en la cara, tirándole de la mesa y se hundió lentamente en el líquido. El tercero no tuvo tanta suerte, la gota le rozó apenas el codo, provocándole unja muerte lenta y dolorosa. Se dieron cuenta de que el nivel del líquido aumentaba. Algunos empezaron a ponerse nerviosos, temblaban en sus mesas o intentaban saltar a otras más alejadas de las paredes ya que estaban cubiertas por una espesa cortina de espesa negrura que caía constantemente. Dos personas saltaron a la misma mesa y al chocar cayeron volcando algunas mesas de alrededor, en las que se hallaban tres personas, los cinco se hundieron dejando manchas de color carne, mezcladas con el rojo de la sangre, que fueron desapareciendo lentamente. Una chica, acurrucada en una mesa, miraba con ojos llorosos a un chico que se encontraba en una mesa algo alejada y el la miraba a ella, el se levantó y saló de mesa en mesa hasta llegar a la que se encontraba junto a ella, la chica se acurrucó aun mas haciéndose pequeña para dejarle sitio. El saltó. Quedo un momento de pie sobre la mesa intentando recuperar el equilibrio, pero no lo consiguió, y comenzó a caer hacia atrás, casi a cámara lenta, ella alargó la mano intentando sujetarlo, pero no tenía fuerza suficiente y ambos cayeron.
De repente un ruido les sobresaltó, el manillar de la puerta se había movido, la mano del esqueleto lo bajaba cada vez más y entonces la puerta se abrió. Pero aquello no mejoró las cosas, si no que las empeoró, ya que lo que había al otro lado de la puerta no era sino un negro mar del espeso liquido, que entró de golpe en la clase como un tsunami, cinco personas que estaban cerca de la puerta fueron engullidas por la ola y a otras tres les salpicó al chocar contra la pared. Solo quedaban dos personas más a parte de ella. Una de ellas gritó de pronto, le miraron, el miraba al techo horrorizado, una gota había comenzado a formarse sobre su cabeza, se levantó dispuesto a saltar a la mesa más cercana, pero la única que había estaba ocupada por su compañero que negaba con la cabeza mientras le decía que no lo hiciera, la gota cada vez era más grande y estaba a punto de caer. Saltó y de alguna manera se mantuvo sobre la mesa sin perder el equilibrio ni tirar a su compañero, pero de pronto volvió a gritar, se miro el pie y se dio cuenta de que la gota le había rozado al caer. Le falló la pierna y cayó hacia atrás, intentó agarrarse a su compañero pero este se aparto todo lo que pudo dejándole caer. El nivel del líquido casi había alcanzado las mesas. El chico se quedó un momento pensativo y luego se le iluminó la cara, intentó sacar del líquido una silla y esta salió limpia y sin restos del mortal fluido, la coloco en la mesa y se subió encima, de pie, pero no calculó bien y su cabeza se introdujo entera en una gota que se había estado formando y que él no había tenido en cuenta, quedó un momento allí, inmóvil, y luego el cuerpo, con el cráneo completamente limpio, se desplomó cayendo y hundiéndose.
Solo quedaba ella. Se levantó. Observó alrededor y después saltó, tirándose de cabeza hacia aquel negro océano de muerte. Notaba como su carne era mordida por millones de microscópicos dientecillos. Abrió los ojos y vio un mundo perfecto, de praderas verdes y aire limpio, justo antes de que sus ojos fueran devorados, pero aun cuando todo estaba a oscuras seguía escuchando el canto de los pájaros y el suave movimiento de las hojas y olfateó el dulce aroma de la hierba y las flores, y luego. . .
Nada.

martes, 7 de febrero de 2012

Otro cuentecillo sangriento (no tiene titulo)

Los pájaros surcaban el cielo, algunos en bandadas, otros solitarios. Los grandes árboles arrojaban sus largas sombras sobre el césped y se reflejaban en el agua cristalina del gran lago que había entre ellos.
Ella se acerco a la orilla y observo su reflejo, su largo pelo negro sus grandes ojos verdes, sus rasgos afilados, su ropa manchada, toda ella se reflejaba en el agua como si esta fuera una gran espejo. Se agachó y cogió la piedra mas cercan, la arrojó al lago. Se hundió formando pequeñas ondas en la superficie y deformando su reflejo. Nunca le había desagradado su aspecto, pero en aquel momento daría lo que fuera por cambiarlo, o mejor aún, por desaparecer. Lo que había hecho no tenia nombre, era imperdonable y ella lo sabía. Se dio la vuelta y observo atentamente el palacete que se alzaba tras ella en busca, quizás, de algún fugaz movimiento que le indicara que aquello había sido solo un mal sueño, pero todas las ventanas estaban cerradas y las cortinas echadas, como ella las había dejado.
Un recuerdo acudió a su mente. En el centro del comedor había una gran mesa cubierta por platos llenos a rebosar de comidas suculenta, tres personas, un hombre una mujer y una pequeña niña de cabellos rubios, estaban sentados alrededor y comían mientras charlaban alegremente, ella los observaba desde la puerta, una mueca extraña se dibujaba en su rostro, ellos no se habían percatado de su presencia aun. La niña alzó la cabeza y la miró, pero ella le hizo una seña para que callara y no delatara su presencia, avanzo lenta y sigilosamente hasta quedar detrás de la mujer, aquella despreciable persona que la obligaba a llamarla “madre”, con un veloz movimiento le sujeto la cabeza con una mano y le rebanó el cuello con el cuchillo que llevaba en la otra, la sangre comenzó a brotar y empapó el carísimo vestido de la mujer. La niña la miraba con horror, había quedado paralizada por el miedo. Alzo el cuchillo, lleno de sangre, y lo lanzó acertando entre los ojos de la pequeña, su cuerpo sin vida resbaló de la silla y cayó pesadamente al suelo. Rodeó la mesa hasta llegar al pequeño cadáver y recuperó el cuchillo. Entonces se giró, hacia su principal objetivo, se había levantado y retrocedía intentando escapar por la misma puerta por la que ella había entrado, pero ella volvió a lanzar el cuchillo, con aquella endemoniada puntería que la caracterizaba, y se lo clavó en la pierna, provocando que cayera al suelo gritando de dolor.
-¿Por qué haces esto?-le preguntó- ¡somos tu familia!
-¡Esa zorra y su hija no tienen nada que ver conmigo!- Le gritó furiosa-no debiste casarte otra vez después de que muriera mamá
-¿Por qué no entiendes que he pasado página? quise muchísimo a tu madre, pero después de que muriera Elizabeth y yo nos enamoramos
-¡Ella no te quería a ti imbécil! Ella solo quería tu dinero. Además te dejo tan ciego con sus encantos que ni siquiera veías lo mal que me trataba
Mientras discutían ella se había ido acercando a su padre y tras decir las últimas palabras le arrancó el cuchillo del muslo y se lo clavó en el estomago, un hilo de sangre salió de su boca, intentó arrastrarse hacia la salida en un último intento desesperado por escapar, pero el cuchillo iba atravesando todas las partes de su cuerpo mientras ella reía con una mueca macabra en el rostro.
El recuerdo de aquella risa le retumbaba en la cabeza. Se tapo los oídos pero fue inútil ya que el sonido provenía del interior de su cabeza. Una arcada acudió a su garganta, le fallaron las rodillas y cayó al suelo. De rodillas y con las manos apoyadas en la hierba vomitó, el agua rozaba las puntas de sus dedos, el viento le revolvía el cabello, y poco a poco fue tranquilizándose. Se miró en el agua, su rostro tenía un aspecto algo fantasmagórico, unas marcadas ojeras le rodeaban los ojos y por sus pálidas mejillas las lágrimas caían sin poder ser contenidas.
-¡Lo siento!- murmuró, no sabía por qué había hecho aquello
Un fugaz destello rojo cruzo su mirada un instante en el agua, se acercó para mirar con mas atención y entonces le pareció ver tres sombras que ascendían desde el fondo entrecerró los ojos para ver mejor y descubrió con horror que eran su padre su madrastra y su pequeña hermanastra los que se acercaban ella a toda velocidad. Tres manos diferentes salieron del agua y se aferraron a su pelo, arrastrándola irremediablemente hacia el agua. Cayó, y notó uñas que desgarraban su carne, vio pasar frente a ella la cara de su padre, inundada de tremenda tristeza y compasión; la de su hermana, por cuyas mejillas corrían grandes lagrimones y la sangre escapaba por la profunda brecha de su frente; y por último se acercó a ella el rostro cargado de infinito desprecio de su madrastra, con el cuello ensangrentado. Su sangre se esparcía y teñía de rojo el agua, uno a uno fueron arrancando sus piernas y sus brazos, manos pequeñas y otras más grandes se introducían en su interior y le arrancaban los órganos dejándola vacía y muerta en el fondo de aquel profundo lago

Beatriz

Todos pensaban que Beatriz era simplemente una chica algo excéntrica y asocial, ya que nunca hablaba con nadie en las clases y siempre parecía inmersa en su propio mundo, en el interior de su cabeza.
Algunas de las chicas de la clase se metían con ella, pero por mucho que ellas la insultaran o le tiraran cosas, Beatriz jamás se defendía ni les contestaba, se limitaba a mirarlas con una expresión que parecía de compasión pero que rayaba el aburrimiento. Así fue durante los dos cursos que Beatriz estuvo en aquel instituto y así seguía en el nuevo curso, pero a Beatriz no parecía importarle, ella simplemente iba por las mañanas al instituto y volvía por las tardes a su casa, pero nadie sabía donde vivía, ni que hacía en su tiempo libre, ni siquiera si tenía amigos.
Un día como otro cualquiera tras salir del instituto iba caminando mientras oía las voces y las risas de sus compañeras tras de sí, ella estaba enfrascada en sus pensamientos y apenas les prestaba atención, pero de pronto se escucho un el frenazo de un coche, seguido de un golpe seco y gritos, Beatriz se dio la vuelta a tiempo para ver la horrorizada cara del conductor mientras huía, se había formado un corro de gente que susurraba alrededor de la víctima, se abrió paso entre la gente, que poco a poco se iba dispersando. Una de la chicas de su clase yacía en el suelo, en medio de un charco de sangre las piernas se doblaban en ángulos extraños y ella gritaba de dolor agonizando. Le dio tiempo a ver también a dos de sus amigas escabullirse entre la multitud y salir corriendo. Se acercó a la muchacha y le puso una mano en la frente, ella la miró, aquel contacto había aliviado un poco de su dolor, Beatriz se la cargo a la espalda y empezó a caminar alejándose de la gente, que seguía murmurando.
Caminó sin descanso hasta que dejaron atrás aquel lugar y llegaron a un solitario parque, una vez allí Beatriz se detuvo frente a un banco y depositó suavemente a la muchacha.
-gracias- murmuro la chica un poco avergonzada por todo lo que le habían hecho, su dolor había cesado casi por completo
-no, ¡gracias a ti!- exclamo Beatriz con una extraña sonrisa en los labios- hoy comeré en condiciones
La joven pudo captar el odio en su mirada, pero también satisfacción en lo más profundo de aquellos ojos negros como la noche sin luna. Si cara casi se desfiguraba por su maléfica sonrisa llena de dientes puntiagudos. Quiso correr, pero sus piernas estaban rotas; quiso gritar, pero el horror la había dejado muda. Volvió a mirar los profundos ojos de Beatriz y sintió que caía en su profundo abismo de muerte. Sin avisar Beatriz se abalanzó hacia ella abriendo la boca y clavó sus afilados dietes en el cuello de la joven sumiéndola en el más oscuro silencio, en la más profunda oscuridad.