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jueves, 17 de enero de 2013

El Violinista 4ª parte final


Una desagradable risotada salió de la garganta del viejo, pero se detuvo en seco cuando aparecieron Neku y sus amigos arremetiendo contra los diez hombres, pronto el parque fue un campo de batalla, los diez hombres luchaban contra nosotros, Neku y sus dos compañeros. Ellos nos superaban en número, pero, a diferencia de lo que pareciera, Neku sabia defenderse, repartía puñetazos aquí y allá;  sabía dónde golpear exactamente para dejarles sin aliento por largos segundos, que le daban tiempo de sobra para volver a arremeter. Sus amigos tampoco eran novatos. Jack y yo apenas tuvimos que hacer nada. De pronto me di cuenta de que uno de ellos sacaba una pistola de la chaqueta y apuntaba a Neku por la espalda; me abalancé sobre él y le tiré al suelo; se escuchó un disparo, un grito, y el sonido de un peso muerto caer al suelo. Todos alzamos la cabeza, buscando la víctima, vimos caer el pesado cuerpo del padre de Jack, la expresión congelada en el rostro, los ojos abiertos como platos, las pupilas dilatadas, un hilo de sangre brotó de su boca, una mancha roja comenzó a extenderse por su camisa y poco a poco la vida fue escapando de su cuerpo, su mirada se apagó y, tras convulsionar, quedó completamente inmóvil. Los hombres que aun quedaban en pie miraron el cadáver horrorizados y luego salieron corriendo, ninguno de nosotros hizo el menor esfuerzo por seguirles.
—Vámonos— dijo Jack.
— ¿Estás bien?—le preguntó Neku. —al fin y al cabo era tu padre.
—Estoy bien, se lo tenía más que merecido.
Me acerqué a él y le abracé fuertemente, el correspondió a mi abrazo y ambos nos fundimos en unos solo por unos instantes. Cuando nos separamos él se agachó y recogió lo que antes había sido su violín, que ahora estaba pisoteado y destrozado. Lo miró nostálgicamente y repitió: “vámonos”

Mientras nos alejábamos oímos  sirenas de policía que se acercaban así que apretamos  el paso en dirección a Mandarake para cambiarnos y despejar la mente de lo que acababa de pesar aunque Jack decía que estaba bien a mi no me lo parecía después de todo acababa de ver como su padre moría delante de él. Llevábamos un rato en Mandarake cuando Neku se levanto y dijo:

—Vamos a comprar algo de comer, quedaos vosotros aquí— dirigiéndose a mí y a Jack.

Acto seguido todos salieron de la tienda, cuando salía me pareció observar como Neku me giñaba un ojo. La puerta se cerró y entonces me di cuenta de que estábamos a solas. Me acerqué a Jack y me quedé un momento observándole, parecía perdido en sus pensamientos.
— ¿Seguro que estás bien?  No tienes que avergonzarte de nada, no hiciste nada malo.
—Yo… no lo entiendo— tenía la cabeza baja y el flequillo le tapaba los ojos— ¿Por qué me siento tan mal? El siempre me ha hecho la vida imposible— se estremeció.
—pero, Jack, el era tu padre y eso no puedes evitarlo.
—y sin embargo… él nunca me vio como a un hijo, si no como a un posible sucesor y más tarde como a una simple molestia.
Era evidente que estaba llorando, intentaba sofocar sus sollozos pero no podía evitar algunos. Me acerqué más a él y le rodeé con mis brazos. Se derrumbó sobre mi hombro, lloró durante unos minutos.
—Lo siento— me dijo cuando se calmó
—Tranquilo, es normal
—Pero…no quiero cargarte con esto
—Si repartimos nuestras cargas será más fácil para ambos, si te veo sufrir y no hago nada me moriría por dentro— me miró, sus hermosos ojos estaban inundados en lagrimas
— ¿Te quedaras a mi lado?
—Por supuesto
—si estás conmigo creo que seré capaz de superarlo todo, nada será imposible si estamos juntos
—Jack, —le miré directamente a los ojos— te quiero.
Nos acercamos más y lentamente nuestros labios se unieron. Fue un beso dulce y cálido, pero también salado, debido a sus lágrimas. Nos fundimos en uno solo, ninguno de los dos queríamos que el beso acabase. De pronto oímos vítores que provenían de la puerta, eran Neku y los demás que habían vuelto. Me sonrojé.
En ese momento sentí que solo con tenerle a mi lado sería la mujer más feliz del universo.

jueves, 10 de enero de 2013

Sonrisas 4ª parte


Cesó de correr y apretó contra su pecho el bulto que tenía entre los brazos. Ante ella estaba aquel hombre, apuntándola con una pistola, y tras él sus numerosos matones y guardaespaldas.
—No puedes huir—Rió enseñando los dientes— sabes que tarde o temprano será mío… vamos mujer, sabes que no le haré daño.
—yo…no quiero que le mal influencies…—las lagrimas comenzaron a brotar de sus bellos ojos verdes.
—O le entregas y te rindes o moriréis los dos, no podemos perdonar tus actos, pero el pequeño no tiene culpa alguna, será criado y educado, no sufrirá.
— ¿si… le dejo con vosotros…vivirá si saber nada de su pasado? —una nueva esperanza iluminó su cara, aquel hombre era cruel, pero siempre cumplía su palabra.
—Te doy mi palabra
Se secó las lágrimas que aun cruzaban sus mejillas. Retiró las mantas que cubrían la cara del bebe y clavó la mirada en sus grandes ojos de color esmeralda, acarició sus suaves mejillas y el niño agarró, con sus pequeñas manitas, un  dedo de la mujer. Avanzó hasta llegar a la altura del hombre y le entregó al pequeño. Una sonrisa iluminó tenuemente su rostro.
—Hasta nunca— Separó su dedo de la mano del bebe y dio un paso atrás.
—Ahora estas bajo mi poder—Un cruel gesto había aparecido en la oscura cara del hombre.
Sin que la sonrisa desapareciera de su rostro, la mujer sacó rápidamente de sus ropajes un cuchillo y, antes de que nadie pudiera reaccionar, el filo desgarró la suave piel de cuello de la mujer,  cortando limpiamente las venas y parte de su tráquea. Momentos después se desplomó manchando la blanca arena del desierto con su sangre.