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martes, 1 de octubre de 2013

Erase una vez...

Erase una vez, en un tiempo muy muy lejano, un dinosaurio. Este dinosaurio se llamaba Pepe y era el pequeño dinosaurio más feliz de toda la tierra. Vivía con un montón de dinosaurios, que eran sus amigos, y jugaba con ellos en el parque, se tiraban por los toboganes y se columpiaban en las hamacas. Por las noches dormían todos juntos después de hacer gigantescas orgías homosexuales en las que todo el pueblo dinosaurio gozaba dando y recibiendo amor. Cada mañana salía con sus compañeros a buscar comida pero cada día que pasaba era más consciente de que las bayas prehistóricas, los helechos y las hojas no saciaban su hambre. Creció tanto que dejó abajo a todos sus amigos, para hablar con ellos tenía que tumbarse en el suelo, las madres de sus amigos empezaron a tenerle miedo y le dijeron a sus hijos que no se acercasen a él. Poco a poco se fue quedando sin amigos, los pocos que aun le hablaban lo hacían a escondidas y en público ni le miraban. El joven, aunque no pequeño, Pepe se encontraba fatal, estaba muy deprimido y se fue a una roca apartada donde lloró en silencio hasta quedarse dormido con la boca abierta. Un pequeño amigo volador le vio dese lo alto y se acercó a él, como no veía otro sitio donde aterrizar se posó suavemente en su boca. Pepe sintió un cosquilleo en la lengua  y cerró la boca de golpe desgarrando y triturando a su pequeño amigo. Pepe se asusto mucho al oír el grito ahogado de su amigo per entonces el sabor de la sangre y las vísceras inundo sus pupilas cual orgasmo culinario. “¿A ver si voy a ser carnívoro?” se preguntó Pepe pero aun seguía apenado por su amigo así que  se levantó y fue hacia el pueblo para disculparse con su familia. llamó a la puerta y esperó, el padre salió y, al ver allí a Pepe con la boca y el pecho llenos de sangre y un ala de su hijo encajada entre sus dientes , se quedó pálido, ni siquiera tuvo fuerzas para llamar a alguien. Pepe interpretó su silencio como que le escuchaba y se agacho para disculparse, pero entonces el olor de la carne llegó a sus fosas nasales. Instintivamente abrió su gran boca llena de afilados dientes y le arrancó la cabeza junto con medio cuerpo, dejando en el suelo las patas inferiores que se mantuvieron un momento estáticas y luego cayeron al suelo con gran estruendo. Le supo tan rico a pepe el padre de su amigo que se termino la parte que había dejado, se comió también a su madre, que acudió corriendo al oír el golpe, y fue corriendo de casa en casa devorando a todo el que se encontrara y, entonces, volvió a ser el dinosaurio más feliz de la tierra.

http://leniproduction.deviantart.com/art/Chibi-T-rex-217150037

jueves, 7 de febrero de 2013

Sonrisas 6ª parte


—Las voces me dicen que queme cosas—dijo con los ojos enrojecidos y llorosos mientras se cubría las orejas con las manos— pero en realidad quieren que mate gente.
Y aquellas fueron sus últimas palabras antes de que aquellos enfermeros le pusieran la camisa de fuerza y la llevaran al manicomio.
A las dos semanas, había intentado suicidarse tres veces y había herido a cuatro pacientes, así que la aislaron en una sala acolchada, mas no lo hubieran hecho si hubieran sabido las intenciones de la perturbada joven. Cuando las luces se apagaron aquella noche ella no durmió. Se acercó a las paredes y acarició con su mejilla la suave y mullida superficie de la pared, cuya función era protegerla de ella misma y que, sin embargo, serviría para algo muy distinto. Apoyó la espalda y se dejó caer por la pared hasta quedar sentada en el suelo, rebuscó entre sus ropas, escondido en lugares indecentes se hallaba su fiel mechero. Nadie entendió como había conseguido colarlo, pero ya no tenía remedio, el mechero se encendió y prendió las paredes, el suelo y el techo, la sala ardió mientras ella reía. Las nostálgicas carcajadas, contenidas por tanto tiempo salían de su garganta y su cuerpo ardió quedando reducido a cenizas al igual que el resto de la sala y dos guardias despistados que no supieron reaccionar a tiempo.