Mostrando entradas con la etiqueta desesperacion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta desesperacion. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de noviembre de 2014

Cuando solo sabes huir

Sabes que no es la mejor opción. Sabes, de hecho, que es la peor opción, pero aun así es lo único que puedes hacer, es lo único de lo que eres capaz y entonces huyes y al hacerlo te condenas a ti mismo a una cadena de sufrimiento, a una caída sin fin, a un circulo vicioso en el que huyes del sufrimiento y sufres por huir. te cierras a ti mismo todas las salidas, todas las soluciones quedan atrás y cuanto mas huyes sabes que mas difícil te sera volver pero aun así no puedes dejarlo.

sábado, 22 de noviembre de 2014

De vuelta en la mazmorra

¿Alguna vez te quedaste dentro del coche mientras echaban gasolina? Seguramente nunca te paraste a escuchar el sonido del combustible entrando en el deposito pero es similar al latido de un corazón, terroríficamente similar para alguien a quien un sonido puede traerle mil recuerdos. Ser trasladado bruscamente por la mente nunca es bueno, no sabes donde vas a caer y te pierdes, andas erráticamente de recuerdo en recuerdo intentando salir a flote de nuevo pero cada recuerdo malo te lleva a uno peor y entras de vuelta en el bucle que creías haber abandonado y giras y giras sin control, de vuelta en la mazmorra.

sábado, 1 de febrero de 2014

Indescifrable

Sabia que debía poner en orden sus sentimientos, sabía que aquello no podía seguir siendo tan inestable, pero aun así... no era tan fácil, por alguna razón no podía internarse en su propia mente, no sabia que era lo que la preocupaba, cuando lloraba no era capaz de vislumbrar la razón, y de alguna manera aquello la estaba destruyendo, desde su interior,y era una destrucción tan indescifrable que no sabia como pararla. Cualquier solución que pareciera aceptable o útil era auto destructiva y todo aquello, su vida, su futuro y todo lo que la rodeaba, se desmoronaba poco a poco, dejándola cada vez mas vulnerable, cada vez mas débil.

jueves, 30 de enero de 2014

De un momento a otro

Y de un momento para otro, dejó de hablar…

No porque no quisiera o no tuviera nada que decir, si no porque estaba tan desbordada que sentía que si abría la boca en vez de palabras surgirían llantos y lagrimas.


martes, 8 de octubre de 2013

Desengaño

Un día, abrió los ojos  y se dio cuenta de que la hierba no era tan verde ni tan tupida, el cielo no era tan perfecto ni la brisa tan dulce como en las historias, como ella lo había llegado a ver. Los arboles se rompían, las flores se marchitaban y las hojas caían. El idílico cielo completamente azul  e los cuentos no le parecía tan bello, el agua era turbia y, lo peor de todo… eran los humanos. No eran perfectos, ni mucho menos, de pronto todo el mundo le pareció feo y desagradable, los malos, quizás, no eran tan malos y los buenos no tan buenos. No había bellas princesas ni príncipes ni tampoco aquellos apuestos malvados que los sedujeran, todo eso pasaba únicamente en los cuentos. Incluso ella, que aunque nunca se había visto como a  una princesa, si lo había hecho como aventurera o guerrera, se dio cuenta de que no era intrépida ni fuerte, si no más bien débil y cobarde, como todos los demás.

martes, 17 de septiembre de 2013

El precio de la calma

Dio una calada al cigarro que tenía entre los labios. Mil y una cosas pasaban por su mente en aquel momento, todo su cuerpo estaba alerta, en tensión y solo el humo entrando es sus pulmones, solo aquel pequeño acto de autodestrucción, podía calmarla.

miércoles, 8 de mayo de 2013

¿Qué hacer?


¿Qué puedes hacer cuando piensas que no sería tan malo ser atropellado? Cuando prácticamente deseas que una maceta caiga del cielo y te golpee la cabeza dejándote en el hospital por unos meses. Cuando sientes que no confías en nadie, que tu vida es una mierda y, sin embargo, cuando te paras a pensar, nada es realmente tan malo y entonces te odias por odiar tu vida, te odias por odiar tu cuerpo, te odias por qué eres la única persona a quien puedes culpar. Y eso solo lo empeora. Cuando la mínima acción te hunde y además nadie más te comprende. ¿Qué hacer cuando sientes que todo está perdido?

martes, 23 de abril de 2013

Espera


—Espera, espera… no te apresures—Dijo bajo su sombrero de copa—cuanto más rápido vayas más tarde llegaras
Mientras él decía esto ella corría intentando ignorarle, pero el caminaba a su lado lentamente, casi como flotando, ocultaba gran parte de su rostro bajo el sombrero y solo dejaba a la vista una gran sonrisa de afilados dientes. Ella, con sus verdes ojos fijos al frente, intentaba correr lo más rápido posible, pero aun así parecía que su destino estuviese cada vez más lejos.
Su pelo, antes oscuro, empezaba a clarear, las canas se extendían a gran velocidad y en su piel comenzaban a salir arrugas… mas ella no se detuvo.
—Vamos niña, no corras— le dijo con voz burlona— ¿No ves que deberías disfrutar del bello paisaje, de las risas de los niños mientras juegan, de las jóvenes parejas? ¿No ves acaso que cuanto antes llegues antes habrás dejado atrás lo que una vez te importó?
Sus ojos, que se habían ido apagando, empezaron a humedecerse pero ella sacudió la cabeza sin cesar en su carrera, sentía que sus fuerzas la abandonaban poco a poco. Al fin no pudo mas, dejó de correr, cayó al suelo y quedó tendida en él. En un último esfuerzo alzó la vista y un brillo de triunfo inundó su mirada.
— ¿Ves? He llegado
Su afilada sonrisa se extendió aun más.
— ¿de veras crees que es aquí a donde pretendías llegar?
Ella miró alrededor y se dio cuenta de que todo allí era tenebroso, estaba sola en aquel paraje muerto…  El brillo de triunfo desapareció tan rápido como había llegado, llevándose consigo su vida. Mientras él, con su sombrero de copa y su sonrisa de oreja a oreja, arrancaba de su pecho el corazón y lo mordisqueaba con sus afilados dientes. Rió satisfecho.

jueves, 14 de febrero de 2013

Especial San Valentin :D


Abrió la puerta en silencio y la cerró suavemente tras de sí. Su dorado cabello brillaba bajo la luz de las farolas, se escondió tras unos arbustos y se quitó el blanco pijama, dejando ver una camisa a rayas con el hombro descubierto y una falda negra inapropiadamente corta. Ocultó el pijama entre los arbustos y se escabulló en la noche.
Al otro lado del vecindario un apuesto joven se despedía fugazmente de su padre, sentado frente al televisor, que no le prestó demasiada atención, y salía también a la calle. Bajo la luna y el cielo cubierto de contaminación apenas se podían apreciar su silueta, con sus vaqueros y su camiseta azul mientras caminaba intentando no llamar la atención de la escasa gente aun despierta.
Ambos adolescentes caminaban hacia el mismo destino. Él llegó primero. El parque infantil no estaba iluminado y era un lugar perfecto para encuentros furtivos. Apenas se sentó en el columpio, ella llegó, mirando alrededor. Sus miradas se encontraron. Tras reconocerse mutuamente en apenas milésimas de segundo, sus caras se iluminaron y ambos sonrieron. Ella corrió a los brazos de él y él la alzó, abrazándola, y sus labios se encontraron y ambos seres se unieron en uno solo. Sus manos se fusionaron a la espalda del otro y las piernas de ella, que rodeaban la cintura de él, perdieron su forma fundiéndose y mezclándose con su cuerpo. Y sus caras se hundieron, la una en la otra, comiéndose mutuamente, cubriéndose el uno con la piel del otro. Y el ser resultante, algo que era él y era ella, pero a la vez ninguno de los dos, quedó allí, revolviéndose sobre sí mismo hasta que el sol salió. Y cuando los primeros niños, acompañados de madres y padres, acudieron al parque, los primeros gritos se alzaron en el cielo, alertando al vecindario. Y en las casas de donde habían salido los jóvenes se escucharon gritos de búsqueda y de desesperación, llamadas hacia los que una vez habían sido… pero ya nunca serian.  

jueves, 31 de enero de 2013

Dedicado a mi actual profesor de física y química :D


Era exasperante, nadie lo soportaba. Sentados educadamente en sus sitios, cada uno de los alumnos imaginaba miles de acabar con aquello, algunos fantaseaban con levantarse y salir del aula, otros se regocijaban imaginando todas las muertes, posibles e imposibles, para el profesor. Veían en sus mentes la cabeza del viejo volar por los aires tras ser separada limpiamente o su cuerpo sin vida caer tras recibir un escopetazo en la cara. Incluso algunos soñaban despiertos con alguna intervención extraterrestre que libraran a la humanidad de aquel insoportable hombre. Pero al final, como siempre, nadie hacía nada, la clase terminaba sin incidentes y, cuando el profesor salía por la puerta, todos respiraban aliviados, aunque decepcionados por no poder llevar a cabo sus fantasías.


lo que puede llegar a degenerar una clase de física con este hombre es increíble...

jueves, 24 de enero de 2013

Sonrisas 5ª parte


Hacía tanto tiempo que no lloraba, que había perdido la capacidad de hacerlo. Había intentado ser más fuerte, había procurado no mostrar su debilidad, pero aquello solo había conseguido que su frustración, su dolor y sus pensamientos quedaran encerrados en su interior, el muro que había construido para protegerse del exterior era ahora su cárcel y se inundaba poco a poco, ahogando cada vez más su corazón, su mente. A veces no podía respirar, sentía una presión insoportable en el pecho, sentía ganas de vaciar aquel mar de dolor, de secarlo a base de lágrimas. A menudo, quizás más de lo que debería, aliviaba la presión con una pequeña cuchilla de afeitar antigua que había encontrado en un cajón y que llevaba siempre consigo, el escozor de sus heridas calmaba por unos momentos los verdaderos problemas que ocultaba. A pesar de todo era demasiado débil para llegar hasta el final, para dejar que su sangre fluyera libre. No temía a la muerte pero era incapaz de llamarla directamente, había empezado a fumar hacia unos mese y aquello la relajaba momentáneamente pero a la vez se odiaba por hacer lo que siempre había recriminado a su familia.

Aquel día estaba especialmente deprimida, durante las clases había estado totalmente ausente y no paraban de rondarle por la cabeza todos los asuntos no resueltos que inundaban su interior, algunos eran concretos, pero de otros solo era consciente de la sensación que dejaban y estos eran los que más le afectaban, el no saber lo que le rondaba por la cabeza producía una doble desazón en su interior. Cuando el sonido del timbre recorrió las aulas, recogió sus cosas y se marchó. Aun quedaban algunas horas de clase pero no podía mas, sus piernas actuaron por voluntad propia. Su cerebro había colapsado y su cuerpo se movía por instinto. Salió de aquel gris edificio y caminó sin rumbo aparente, dejó caer la mochila y la abandonó, siguió vagando por las calles hasta que llegó a las afueras de la ciudad. Se acercó poco a poco a las vías del tren, que rodeaban la ciudad, ella solía ir allí cuando no podía más, cuando sentía que debía desconectar de todo, se sentaba en la pradera cerca de las vías y observaba pasar los trenes. Aquella vez fue diferente, no se detuvo, continuó caminando hasta subir a las vías y e tumbó dejando caer las piernas por un lado y apoyando la cabeza en el metal. Cerró los ojos. Como si se hubiese desenchufado de repente relajó todo el cuerpo y quedó semidormida respirando levemente. Las vías comenzaron a vibrar, ella abrió los ojos y observo las nubes, pero pronto dejó de verlas ya que sus lágrimas comenzaron a brotar e invadieron sus ojos y corrieron por sus mejillas, terminando en el frío metal de las vías. Al fin, su dolor terminaría, allí, en aquel momento. No pudo evitar que una sonrisa de alivio recorriera su rostro justo antes de que la pesada máquina del tren de mercancías la destrozara y repartiera trozos de cráneo, sesos y sangre por los alrededores de la vía, tiñendo de rojo la verde hierba que antes cubría la pradera.

martes, 3 de julio de 2012

El error de la ciencia


Los conocí bajo extrañas circunstancias, no lo recuerdo bien, pero eran un grupo extraño. Hiro era el líder, por llamarlo de alguna manera, era un chico de unos 19 años, con melena negra que le caía sobre los hombros, era muy apuesto; alto, delgado y se movía con la elegancia de un cisne. Junto a él siempre andaba una chica, Nya, algo más joven, de grandes ojos felinos y largo pelo morado, algo en su forma de moverse la hacía parecer un gato. En su cuello, oculto en su melena, siempre estaba Neko, un gato con pelaje de similar color al pelo de la chica. También los acompañaba Jack, un chico rubio de hermosos ojos verdes. Y luego estaba yo, no hacía mucho que los conocía y a veces parecía fuera de lugar, pero ellos me trataban cálidamente, me hacían sentir que formaba parte del grupo.
Nya y Neko tenían una función en el circo de la ciudad. Hiro era su representante. Jack y yo habíamos ido a verles aquel día, nos sentamos con Hiro entre el público y vimos a Nya y a Neko saltando de un lado a otro de la pista, haciendo trucos, malabares y piruetas. Cuando salimos nos reunimos todos, Nya y Hiro parecían muy serios, miraron a Jack y el asintió.
— ¿Qué os pasa? — estaba preocupada
— La hora se acerca, debemos enseñarte un lugar
— ¿La hora? ¿De qué?
— No podemos hablar aquí
Fuimos hasta el aparcamiento y montamos en el coche de Hiro, un todoterreno negro de aspecto imponente. Nos llevó fuera de la ciudad y se internó en el bosque cercano. Campo a través llegamos hasta un claro del bosque con un gran árbol en el centro que, aparentemente, era igual a los demás, salvo por el tamaño. Sin embargo cando llegamos al pie pude apreciar un extraño brillo metálico entre la madera. Hiro se acercó más y palpó la corteza hasta dar con un pequeño agujero, sacó de su bolsillo una pequeña llave y la introdujo. Entonces la madera se apartó, dejando a la vista la entrada a una pequeña cabina. Entramos y la madera regreso a su posición dejándonos totalmente a oscuras por unos momentos, la cabina comenzó a descender. De pronto se detuvo y se abrió una puerta dando paso a una sala circular, de aspecto metálico, había repartidos sillones y un televisor, estaba bien iluminada y en la pared se abrían puertas, muchas puertas, cuyos destinos eran aun desconocidos para mí. Una de esas puertas estaba entreabierta, y dejaba ver al otro lado una agradable cocina.
Nos sentamos en los sillones.
—Impresionante— fue lo único que se me ocurrió
—Podría decirse que es nuestra guarida secreta. Si todo hubiera ido bien no tendrías por que conocer esto, o al menos no en estas circunstancias, pero se les ha ido de las manos, no han sabido cuando parar y la investigación ha ido demasiado lejos.
— ¿Investigación sobre qué? —no entendía que querían decir con aquello
—Zombies— me quedé helada—estaban investigando, querían hacer más resistentes a los soldados, hicieron pruebas con humanos… ya ahora… se ha descontrolado, los sujetos de prueba se han convertido en monstruos, solo es cuestión de tiempo que escapen.
Nos levantamos y me llevaron hasta una de las puertas, en su interior había una habitación, no era muy grande, pero era acogedora.
—hay mas como esta, pero no para todo el mundo— la rabia se encendió en el fondo de los ojos de Hiro y esa rabia escondía en el fondo impotencia.
—¿Por qué no habéis avisado antes a la gente? Podrían haberse puesto a salvo.
— ¿Qué crees que pasaría si fuéramos por ahí diciendo que se acerca un apocalipsis zombie?— pensé por un momento, pero no me dio tiempo a contestar—la mayoría no nos creerían, y los que lo hicieran entrarían en pánico. Además, teóricamente es un secreto del gobierno, si lo desveláramos seguramente nos buscarían y se desharían de nosotros.
—Tienes razón—dije agachando la cabeza— creo que si hubiera sido otra persona la que me lo hubiera dicho no la hubiera creído
—Gracias—me dijo Nya
— ¿Por qué?
—Por confiar en nosotros— me sonrió, pero había en ella una extraña mezcla de aprecio, preocupación y enfado, enfado con las personas que habían provocado todo aquello—sigamos
Mientras caminábamos hacia la siguiente habitación Jack me dijo:
—Como comprenderás no vamos a enfrentarnos a ellos a mano vacía, en aquella sala tenemos lo necesario para protegernos y proteger a los que podamos.
Llegamos a la puerta y cuando la abrieron pude ver al otro lado una amplia habitación repleta de estanterías en las que descansaban armas, muchas armas de todos los tipos y tamaños. Hiro se adentro entre las estanterías buscando algo,  cogió un pequeño machete y me lo dio.
 —Aun no ha empezado y no queremos que nos detengan antes de tiempo, así que solo puedo darte esto por si acaso, intenta camuflarlo.
Lo cogí y me lo até a la cintura, mi abrigo era largo así que quedaría oculto
— ¿Vives con tu madre no?
—Si
— ¿No tienes más familia?
—No…—prefería no hablar del tema
—Vaya… lo siento… De todas formas deberías traerla aquí
Terminaron de enseñarme la guarida y luego volvimos a la ciudad.
Cuando llegué a mi casa no había nadie, llamé a mi madre y me dijo que llegaría pronto asique me quede observando desde el bacón, al cabo de un rato apareció, iba hablando por teléfono y se detuvo en la acera, la observé, charlaba animadamente con alguien, ajena a su alrededor. De pronto me di cuenta de que se acercaban a ella unas personas extrañas, los tres sujetos andaban lentamente, medio encorvados. Me sentí impotente, desde allí no podía hacer nada y parecía que iban hacia ella. De pronto algo desvió su atención y cambiaron de rumbo, bajé a toda prisa y cuando llegué donde estaba ella la cogí del brazo y tiré de ella.
— ¡sube! —Le dije— ¡rápido! Y quédate allí, cierra la puerta y no abras a nadie
Una chica agarró fuertemente el brazo de mi madre, estaba muy pálida y había una extraña expresión en su cara la golpeé y retrocedió un poco aflojando su agarre, tire de mi madre liberándola por completo y las dos corrimos hasta el portal, cuando me asegure de que entraba sana y salva Salí corriendo, tenía que avisar a Hiro y los demás.
Fuimos hacia mi calle en el poderoso coche de Hiro. En la entrada el asfalto se había hundido y estaba inundado de agua turbia surcada por venas negras, dejamos el coche y fuimos andando, aun quedaba acera en los bordes. Había un hombre deambulando por allí, se quedó observando el agua, se agachó y alargó la mano hacia una de las extrañas venas negruzcas.
— ¡NO! No lo toques—gritó Jack
Demasiado tarde, el hombre la agarró y la sacó del agua, por un momento se mantuvo estable, pero luego con un pequeño crujido apenas audible se rompió dejando al hombre con un extremo roto en su mano, lo miró acercándoselo a la cara con expresión estúpida. De pronto comenzó a salir un gas oscuro que impactó directamente en la cara del hombre, que lo soltó y cayó hacia atrás, como fulminado por un rayo.
—Tapaos la boca y la nariz con algo— Dijo Hiro sin perder la calma.
Rodeamos al hombre y continuamos nuestro camino, de pronto escuche ruidos tras de mí, me giré y vi que el hombre estaba convulsionando, paró y de nuevo quedo completamente quieto, pero, cuando estaba a punto de girarme y seguir mi camino, comenzó a incorporarse lentamente, emitía suaves gruñidos que se fueron intensificando
— ¡No te acerques a él! —me dijeron
El hombre alzo la cabeza y pude ver en sus ojos un tono ausente y una falta absoluta del característico brillo de la vida, comenzó a avanzar hacia nosotros, retrocedí sin dejar de mirarle, de pronto se escucho el motor de una camioneta, parecía un caballo desbocado. Era una vieja camioneta que se acercaba a toda velocidad a la calle, pero al ver que la calle estaba inundada y destruida dio un volantazo hacia la acera en la que estábamos y se llevó por delante al hombre, estrellándose después contra un muro, empezó a salir humos de lo que quedaba de capó y un entre las grietas de la aplastada camioneta comenzó a escurrir sangre, formando un charco bajo ella.
— ¡Vamos! —Exclamó Jack— ¡Rápido!
Continuamos corriendo hacia mi portal, debíamos recoger a mi madre e irnos de allí, la calle estaba repleta de aquellos seres de forma humana, pero que habían perdido su humanidad. Avanzamos sigilosamente, intentando ocultarnos, pero no pudimos evitar que nos descubrieran.
— ¡Sube a por ella! — Me gritó Hiro— nosotros nos encargamos
Mientras ellos les enfrentaban, yo entre en mi portal, cuando fui a cerrarla puerta tras de mi uno de ellos la alcanzó y la bloqueo. Me llevé la mano a la cintura y allí lo encontré, el machete, lo desenvaine rápidamente y arremetí contra se brazo, la mitad cayó al suelo y él se retiró lo suficiente para darme tiempo a cerrar la puerta.
Subí a toda prisa y abrí la puerta con mi llave, cuando entre mi madre me amenazaba con el palo de una escoba, pero al ver que era yo se relajó.
—está bastante peligroso ahí abajo, —le dije—pero tenemos un coche, hemos venido a llevarte a un lugar seguro
— ¿puede venir ella también? — me percate de que había una amiga de mi madre sentada en el sillón
—no creo que haya problema, voy a bajar a decirles que traigan el coche aquí, quedaos aquí y bajad en cuanto lo veáis aparecer, es un todoterreno negro y grande
Me despedí de ellas, les di ánimos y volví a bajar. Cuando la puerta del ascensor se abrió, me encontré el portal repleto de zombies, se hizo el silencio por un momento y luego se lanzaron a por mí.  Machete en mano, arremetí contra ellos. En la calle podía ver a Jack y a Nya luchando contra cientos de zombies también, supuse k Hiro ya había ido a por nuestra salvación.
Me abrí paso como pude hacia el cristal de la puerta, justo cuando llegue Nya se giró y pude hacerle una señal y darle a entender que ya estábamos listas. Entonces mi objetivo fue despejar por completo el portal para que mi madre y su amiga pudieran bajar a salvo, así que me giré, a tiempo para apartar de una patada al que se me estaba echando encima, arremetí contra ellos una y otra vez, pero parecían interminables.
De pronto me di cuenta de algo extraño, siempre había imaginado a los zombies como simples esclavos de su hambre de carne fresca, sin consciencia, ni sentimientos, ni humanidad. Pero estos… hablaban, pero sus palabras no concordaban con sus actos, algunos parecían ajenos a lo que ocurría e intentaban entablar conversaciones amistosas. Otros, que al parecer si eran conscientes de la situación, pedían perdón o lloraban, incluso algunos me pedían que acabara con ellos, y sin embargo seguían viniendo, arrinconándome, intentado que cediera para transformarme en lo que ellos eran, y de paso alimentarse de mí carne, de mi cuerpo, de mi cerebro.
Perdí la noción del tiempo, pronto ni siquiera fui consciente de lo que hacía, comencé a moverme por mero instinto de supervivencia pero cada vez me dolía mas el cuerpo, el cansancio se apoderó de mí y, de repente, todo se volvió negro.





EPILOGO
Me desperté sobresaltada, pero no me incorporé, solo me quedé bajo las mantas pensando, ¿había sido todo aquello un sueño? ¿Hasta qué punto? No recordaba haberme dormido. Retiré lentamente la manta de mi cara. Aquella no era mi habitación, caí en la cuenta de que era una de las habitaciones de la base. Me levanté lentamente y me di cuenta de que me dolía todo el cuerpo.  Abrí la puerta despacio y encontré en la sala central a Hiro, Nya y Jack sentados, Neko, que paseaba por el respaldo de la silla de Nya, me miró y maulló, los tres se giraron y, al verme, se levantaron rápidamente y vinieron hacia mí. Me abrazaron.
— ¿estás bien?
—bueno… me duele todo, pero no pensé que fuera a salir viva de allí
—es normal, pero lo importante es que estas aquí, con nosotros, tu madre y su amiga están durmiendo aun
—entonces… ¿ya estamos todos a salvo?
—para nada, esto es solo el principio, aun queda mucho por hacer

lunes, 23 de abril de 2012

Miedo

Tengo miedo. Es un miedo irracional, lo sé; es algo que nunca ocurrirá, lo sé; pero aun así, aun sabiendo que no tiene ningún sentido… estoy aterrorizada, me levanto por las mañanas sudando, con miedo a abrir los ojos y verme rodeada de aquellos despreciables seres, que solo quieren aprovecharse de mí, que me quieren por mi carne, por mi cerebro, por razones que no me benefician. En parte los compadezco, sé que ellos no tienen la culpa, que no era su intención, que puede incluso que hayan luchado con todas sus fuerzas para evitarlo, pero han caído y vienen a por mí. Son mi peor pesadilla. Luego me digo a mi misma que nunca ocurrirá, que ellos nunca vendrán, pero aun cuando me he tranquilizado, en un rincón de mi mente, se esconde el miedo hacia ellos. Siempre escondido, pero siempre presente.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Queria gritar

Es un minicuento, intente hacer una version mas extendida pero aun estoy a medias, quiza algun dia la suba aqui^^

Quería gritar, pero sabía que su voz no le llegaría a nadie, nunca lo hacía, por mucho que se esforzara, por mucho que alzara la voz sus palabras no eran atendidas por nadie. Por eso, a pesar de encontrarse en aquella situación, no gritó. Pero entonces recordó que si había algunas personas que le escuchaban y le apreciaban, podían contarse con los dedos de una mano, pero eran más que suficientes, cabía la posibilidad de que alguno escuchara su llamada de socorro y acudieran a ayudarle. Gritó. Luego escuchó pasos, aquellas personas que tanto le importaban se acercaban a él, sin embargo no le ayudaban, guardaban las distancias hasta que uno de ellos se acerco, se agacho frente a él y susurro “adiós” mientras separaba uno a uno sus dedos de la roca que impedía que cayera al vacio podía haberse sujetado de nuevo, pero la traición le había dejado paralizado y cayó, a lo más profundo de la oscuridad, poco a poco las rocas y los salientes del precipicio fueron engullidos por la oscuridad, pero él seguía cayendo hacia aquella infinita oscuridad que le acariciaba, le rodeaba, le engullía. . .
Entonces se despertó, empapado de sudor. La oscuridad de la habitación le ponía nervioso asique encendió la lámpara de su mesilla “solo ha sido un sueño” pensó aliviado, pero entonces se miró las manos y vio que estaban magulladas y llenas de tierra.