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miércoles, 12 de marzo de 2014

La libélula de Jonathan

Una preciosa libélula de fuertes colores chillones revoloteaba observando, desde el andén, los trenes llegar. Un enorme vagón lleno de luces y letreros luminosos pasó veloz frente a ella y, al fin, su tren llegó.
Por la ventana veía campos y ríos de chocolate, luces y letreros luminosos y un caleidoscópico cielo lleno de leones, todo se movía de un lado a otro sin lógica alguna, cambiaba de tamaño, de color, de forma… sin control y la libélula se agitaba nerviosa por llegar a su destino.
El tren se detuvo y ella salió y se adentró en la tienda, completamente a oscuras, las únicas luces eran miles de cuchillos fluorescentes que flotaban por todas partes, cada uno de un color y una forma absolutamente únicos.

La libélula quedó inmóvil en el aire, el silencio lo invadió todo. Parecía que la oscuridad se cerraba cada vez más, como si quisiera engullirlo todo. De pronto un suave y lejano zumbido apareció, rápidamente fue creciendo, se acercaba. Y millones de escarabajos de luminosos colores invadieron en cuestión de milésimas todo el lugar, llenándolo todo de ruido y luz, haciendo retroceder la oscuridad y el silencio de aquella extraña tienda.

jueves, 7 de febrero de 2013

Sonrisas 6ª parte


—Las voces me dicen que queme cosas—dijo con los ojos enrojecidos y llorosos mientras se cubría las orejas con las manos— pero en realidad quieren que mate gente.
Y aquellas fueron sus últimas palabras antes de que aquellos enfermeros le pusieran la camisa de fuerza y la llevaran al manicomio.
A las dos semanas, había intentado suicidarse tres veces y había herido a cuatro pacientes, así que la aislaron en una sala acolchada, mas no lo hubieran hecho si hubieran sabido las intenciones de la perturbada joven. Cuando las luces se apagaron aquella noche ella no durmió. Se acercó a las paredes y acarició con su mejilla la suave y mullida superficie de la pared, cuya función era protegerla de ella misma y que, sin embargo, serviría para algo muy distinto. Apoyó la espalda y se dejó caer por la pared hasta quedar sentada en el suelo, rebuscó entre sus ropas, escondido en lugares indecentes se hallaba su fiel mechero. Nadie entendió como había conseguido colarlo, pero ya no tenía remedio, el mechero se encendió y prendió las paredes, el suelo y el techo, la sala ardió mientras ella reía. Las nostálgicas carcajadas, contenidas por tanto tiempo salían de su garganta y su cuerpo ardió quedando reducido a cenizas al igual que el resto de la sala y dos guardias despistados que no supieron reaccionar a tiempo.