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jueves, 7 de febrero de 2013

Sonrisas 6ª parte


—Las voces me dicen que queme cosas—dijo con los ojos enrojecidos y llorosos mientras se cubría las orejas con las manos— pero en realidad quieren que mate gente.
Y aquellas fueron sus últimas palabras antes de que aquellos enfermeros le pusieran la camisa de fuerza y la llevaran al manicomio.
A las dos semanas, había intentado suicidarse tres veces y había herido a cuatro pacientes, así que la aislaron en una sala acolchada, mas no lo hubieran hecho si hubieran sabido las intenciones de la perturbada joven. Cuando las luces se apagaron aquella noche ella no durmió. Se acercó a las paredes y acarició con su mejilla la suave y mullida superficie de la pared, cuya función era protegerla de ella misma y que, sin embargo, serviría para algo muy distinto. Apoyó la espalda y se dejó caer por la pared hasta quedar sentada en el suelo, rebuscó entre sus ropas, escondido en lugares indecentes se hallaba su fiel mechero. Nadie entendió como había conseguido colarlo, pero ya no tenía remedio, el mechero se encendió y prendió las paredes, el suelo y el techo, la sala ardió mientras ella reía. Las nostálgicas carcajadas, contenidas por tanto tiempo salían de su garganta y su cuerpo ardió quedando reducido a cenizas al igual que el resto de la sala y dos guardias despistados que no supieron reaccionar a tiempo.

jueves, 31 de enero de 2013

Dedicado a mi actual profesor de física y química :D


Era exasperante, nadie lo soportaba. Sentados educadamente en sus sitios, cada uno de los alumnos imaginaba miles de acabar con aquello, algunos fantaseaban con levantarse y salir del aula, otros se regocijaban imaginando todas las muertes, posibles e imposibles, para el profesor. Veían en sus mentes la cabeza del viejo volar por los aires tras ser separada limpiamente o su cuerpo sin vida caer tras recibir un escopetazo en la cara. Incluso algunos soñaban despiertos con alguna intervención extraterrestre que libraran a la humanidad de aquel insoportable hombre. Pero al final, como siempre, nadie hacía nada, la clase terminaba sin incidentes y, cuando el profesor salía por la puerta, todos respiraban aliviados, aunque decepcionados por no poder llevar a cabo sus fantasías.


lo que puede llegar a degenerar una clase de física con este hombre es increíble...

jueves, 24 de enero de 2013

Sonrisas 5ª parte


Hacía tanto tiempo que no lloraba, que había perdido la capacidad de hacerlo. Había intentado ser más fuerte, había procurado no mostrar su debilidad, pero aquello solo había conseguido que su frustración, su dolor y sus pensamientos quedaran encerrados en su interior, el muro que había construido para protegerse del exterior era ahora su cárcel y se inundaba poco a poco, ahogando cada vez más su corazón, su mente. A veces no podía respirar, sentía una presión insoportable en el pecho, sentía ganas de vaciar aquel mar de dolor, de secarlo a base de lágrimas. A menudo, quizás más de lo que debería, aliviaba la presión con una pequeña cuchilla de afeitar antigua que había encontrado en un cajón y que llevaba siempre consigo, el escozor de sus heridas calmaba por unos momentos los verdaderos problemas que ocultaba. A pesar de todo era demasiado débil para llegar hasta el final, para dejar que su sangre fluyera libre. No temía a la muerte pero era incapaz de llamarla directamente, había empezado a fumar hacia unos mese y aquello la relajaba momentáneamente pero a la vez se odiaba por hacer lo que siempre había recriminado a su familia.

Aquel día estaba especialmente deprimida, durante las clases había estado totalmente ausente y no paraban de rondarle por la cabeza todos los asuntos no resueltos que inundaban su interior, algunos eran concretos, pero de otros solo era consciente de la sensación que dejaban y estos eran los que más le afectaban, el no saber lo que le rondaba por la cabeza producía una doble desazón en su interior. Cuando el sonido del timbre recorrió las aulas, recogió sus cosas y se marchó. Aun quedaban algunas horas de clase pero no podía mas, sus piernas actuaron por voluntad propia. Su cerebro había colapsado y su cuerpo se movía por instinto. Salió de aquel gris edificio y caminó sin rumbo aparente, dejó caer la mochila y la abandonó, siguió vagando por las calles hasta que llegó a las afueras de la ciudad. Se acercó poco a poco a las vías del tren, que rodeaban la ciudad, ella solía ir allí cuando no podía más, cuando sentía que debía desconectar de todo, se sentaba en la pradera cerca de las vías y observaba pasar los trenes. Aquella vez fue diferente, no se detuvo, continuó caminando hasta subir a las vías y e tumbó dejando caer las piernas por un lado y apoyando la cabeza en el metal. Cerró los ojos. Como si se hubiese desenchufado de repente relajó todo el cuerpo y quedó semidormida respirando levemente. Las vías comenzaron a vibrar, ella abrió los ojos y observo las nubes, pero pronto dejó de verlas ya que sus lágrimas comenzaron a brotar e invadieron sus ojos y corrieron por sus mejillas, terminando en el frío metal de las vías. Al fin, su dolor terminaría, allí, en aquel momento. No pudo evitar que una sonrisa de alivio recorriera su rostro justo antes de que la pesada máquina del tren de mercancías la destrozara y repartiera trozos de cráneo, sesos y sangre por los alrededores de la vía, tiñendo de rojo la verde hierba que antes cubría la pradera.

domingo, 5 de agosto de 2012

Ilusiones


Llegó a su casa, tarde, después de un largo día. Se internó en la oscuridad y llegó a tientas a  la cocina, bebió agua y luego palpo la pared hasta dar con la puerta del baño. Cuando la abrió, la escasa luz que entraba desde la ventana, apenas le dejaba ver las cortinas de la bañera casi completamente cerradas, y se reflejaban vagamente en el espejo. Encendió la luz, y un torrente de imágenes inundó sus ojos, marcas de manos ensangrentadas en el espejo,  la bañera casi rebosante de lo que parecía sangre diluida en agua, medio flotando asomaba una cabellera, que bien podría ser la de su madre, y algunas partes de un cuerpo humano. Sacudió la cabeza y abrió los ojos, la monótona oscuridad del baño continuaba invariable,  las cortinas se mecían suavemente con la brisa que entraba por la ventana. Y, entonces, encendió realmente la luz para encontrarse con su habitual baño de bañera blanca y baldosas azules. Como siempre, las alucinaciones se habían apoderado de ella, aquel catastrofismo suyo le había dado los mayores sustos de su vida, pero llegado a un punto se había acostumbrado. Cada día las escenas más macabras pasaban fugaces por su mente para dejar paso al momento a una realidad rutinaria y absolutamente normal que, a veces, se le antojaba aburrida. Pero al fin y al cabo, aquella era su realidad.

viernes, 17 de febrero de 2012

La última sonrisa

Se despidió de sus amigos con una sonrisa en la cara, pero cuando se giró y comenzó a caminar hacia su casa ya había desaparecido. Siempre sonreía cuando iba con ellos, y no era una sonrisa falsa, pero en cuanto se separaban toda aquella felicidad desaparecía sobre todo aquella noche. . . el día anterior ya se había dado cuenta de que algo pasaba, su mejor amiga y ella habían medio discutido y ella había sacado sus conclusiones, creía que quería dejarle a solas con otra chica, a él, al chico que ella secretamente amaba, suponía que él había hablado con ella, y por eso no había dicho nada. Pero aquel día iban un montón de personas a acompañarla, y aun así su amiga le había echado esa mirada de “no deberías estar aquí” y ella se iba antes a casa, sin acompañar a los demás hasta sus casas como solía hacer.

Cuando se alejó suficiente de ellos empezó a tararear la melodía de una triste canción que le vino a la mente. La calle estaba desierta y apenas pasaban coches, pero ella no se fijo en ello, iba sumida en sus pensamientos, de vez en cuando sin darse cuenta comenzaba a hablar sola en voz alta y se reprochaba el no tener claros sus sentimientos ni ser lo suficientemente fuerte como para expresarlos. Casi sin darse cuenta la lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, y a correr por sus mejillas, ella absorbía la tristeza de las personas, siempre escuchaba los problemas de sus amigos e intentaba consolarles o ayudarles, pero a ella nadie la escuchaba, entre otras cosas porque ella no pedía atención, no quería aburrir a sus amigos con sus problemas así que siempre disimulaba. Por culpa de aquella manía cada vez se sentía peor, ya que unía a sus propios problemas los de sus amigos. Sumida en sus pensamientos se dio cuenta de que no veía nada, ya que las lágrimas no paraban de salir, pero le dio igual. Conocía aquel trayecto de memoria ya que era el mismo que hacía para ir y volver del instituto todos los días Comenzó a cruzar la carretera, y de pronto escuchó el ruido de un motor, acercándose a toda velocidad, se giró y a través de la pantalla de lágrimas pudo ver dos luces. se quedo allí, paralizada, sin saber qué hacer, y casi le pareció que el tiempo se detenía, su mirada se aclaró y pudo observar con atención la oscuridad de la noche, el movimiento de las hojas de los árboles y algunos gatos corriendo por el parque, vio como el coche se acercaba a ella sin poder remediarlo, pitando como un loco y haciendo eses, incluso llegó a vislumbrar la cara del conductor, con marcados signos de embriaguez todo aquello pasó ante sus ojos, sin darle tiempo a reaccionar, y quedó grabado en sus retinas, justo antes de que el coche impactara contra ella y la lanzara por los aires, quedo tirada en el duro y frío asfalto de la carretera y vio de reojo como el coche se alejaba a toda velocidad de allí “quizás sea mejor así“ pensó por un momento antes de sumirse en la oscuridad.

miércoles, 8 de febrero de 2012

mi Yo real

Todo está oscuro. Hay sangre por todas partes. Siento la adrenalina corriendo por mi cuerpo. El peso del cuchillo en mi mano me hace sentir vivo, pero aun mas las sangre que gotea de él, en el suelo se amontonan trozos de carne, sobresalen brazos, piernas, cabezas, algún que otro torso abierto en canal, dejando al descubierto los órganos, bañados en sangra, brillantes. ¿Por qué había hecho aquello? Ni siquiera yo misma lo sabía, simplemente lo había hecho. No conocía a ninguna de esas personas, no habían hecho nada malo, o quizá sí, pero a mí me daba igual, solo estaban ahí, en el momento equivocado y en el lugar inadecuado, yo llegué y dejé que mi cuerpo se moviera solo, me relaje y el demonio que dormía en mi despertó. Pero no le estoy echando la culpa a otro, ese demonio soy yo, ese es mi estado natural, mi cara de niña buena es solo una tapadera. Ahora, al fin, me he liberado. Ya soy LIBRE

Frio. Hielo. Viento. Nieve.

Frio. Hielo. Viento. Nieve.

Todos aquellos pensamientos rondaban su mete, aunque intentara evitarlos siempre volvían, el frio había penetrado demasiado en su interior, a pesar de las pesadas capas que llevaba. La fuerte ventisca lo rodeaba, apenas veía más allá de su nariz, la nieve se arremolinaba frente a sus ojos y el viento le golpeaba sin piedad como si fueran fuertes puños, sacudiéndole. Pero el continuaba caminando, intentaba pensar en cosas cálidas, levantaba trabajosamente los pies del suelo y los dejaba caer pesadamente más adelante. Sus manos, aunque embutidas en los gruesos guantes, estaban congeladas, ya no podía moverlas, la escarcha se formaba alrededor de su boca y su nariz, debido a su respiración, y sus pestañas se unían con el hielo. Una ráfaga de viento, más fuerte que las demás, le golpeó de costado, perdió el equilibrio, se tambaleó y cayó al suelo, sobre la nieve, que se hundió bajo su peso, dejándole semienterrado. Sus esperanzas se habían desvanecido, ya no tenía ninguna posibilidad. Una lágrima salió de sus ojos, pero se congeló sobre su piel. Ya no le quedaban fuerzas, o podía levantarse, los brazos le pesaban, las piernas le pesaban y en su pecho notaba un gran peso, como si un elefante se hubiera sentado sobre él. Era incapaz de moverse, pero seguía consiente y observaba como a su alrededor la nieve seguía cayendo, notaba como cubría poco a poco su cuerpo. Pronto el frio dejó de importarle, ya no sentía nada más que un gran gran peso en todo el cuerpo, como si lo estuvieran aplastando, la nieve había cubierto su rostro y no podía ver nada, solo el blanco de la nieve que se hacía cada vez mas y mas oscuro, hasta que todo quedó negro. Un hilo de sangre salió de su boca pero se congeló en seguida. Poco a poco su vida se fue desvaneciendo, mientras que fuera, en la superficie, las nubes huían y dejaban al descubierto el claro azul del cielo y los luminosos rayos del sol, que iluminaban todo el valle, el suelo cubierto de nieve blanca, que brillaba, y completamente lisa salvo por un pequeño montículo, donde se encontraba el cadáver y unos metros más lejos una pequeña cabaña cuyo tejado estaba cubierto de nieve, pero había resistido el temporal.

Otro mas sin titulo. u.u no se me da bien buscar titulos. . .

Aquella aburrida clase la exasperaba. El profesor explicaba con voz monótona, los alumnos bostezaban y se recostaban en las mesas. Allí sentada, rodeada de gente que no le importaba lo más mínimo, ella miraba al frente, pero no atendía, miraba al infinito, imaginando historias fantásticas al otro lado de la pared. Historias de brujas, magos, dragones. . . y todas aquellas criaturas que tanto le agradaban.
De pronto algo goteó desde el techo, cayendo en la cabeza del profesor, manchando toda su cara, se llevo la mano a los ojos y se limpió. Miró al techo. Una gran gotera negra se extendía sobre él y goteaba lentamente aquellos espesos goterones. Aquello la sacó de su fantasía, las paredes comenzaron a a chorrear también aquel liquido y este empezó a cubrir el suelo. Escuchó los gritos de sus compañeros, se dio cuenta de que miraban al profesor y ella también lo miró. La carne de su cara había comenzado a disolverse, el hombre había caído al suelo y convulsionaba echando espuma por la boca mientras su cara se disolvía como si fuera efervescente. Alguien se levantó y fue a abrir la puerta, pero estaba bloqueada, entonces aquel líquido le cayó en el brazo, la carne se disolvía y caía dejando el hueso al descubierto.
Siguiendo una corazonada se subió a la mesa, cruzó las piernas y se quedó allí sin moverse, observando a sus compañeros. Algunos la imitaban otros intentaba abrir las ventanas, pero todas estaban bloqueadas. El suelo se cubrió por completo de aquel líquido negro, alcanzando los pies de seis personas, que comenzaron a gritar de dolor, dos de ellas cayeron al suelo, empapándose y su carne se disolvió mezclándose con el negro, las otras cuatro consiguieron encaramarse a las mesas y creyeron haberse librado de la muerte, pero sus pies habían comenzado a disolverse y el liquido se extendía cada vez más por sus piernas. Uno de ellos intento limpiarse el líquido con la mano, logrando únicamente que esta empezara a disolverse también. Poco a poco el líquido negro se fue comiendo toda su carne, ante la mirada horrorizada de sus compañeros, dejando únicamente los huesos blancos y limpios. Cuatro esqueletos quedaron en las mesas y otros cuatro en el suelo, medio hundidos en el oscuro líquido, uno de ellos aun aferraba el pomo de la puerta, que seguía sin abrirse.
El techo seguía goteando y cayeron negras gotas de muerte sobre tres personas más, a uno de ellos, que miraba hacia abajo le golpeó en la nuca, poco a poco su cara fue separada de su cráneo, resbaló y quedó flotando sobre el líquido por un instante. Al segundo le golpeó en la cara, tirándole de la mesa y se hundió lentamente en el líquido. El tercero no tuvo tanta suerte, la gota le rozó apenas el codo, provocándole unja muerte lenta y dolorosa. Se dieron cuenta de que el nivel del líquido aumentaba. Algunos empezaron a ponerse nerviosos, temblaban en sus mesas o intentaban saltar a otras más alejadas de las paredes ya que estaban cubiertas por una espesa cortina de espesa negrura que caía constantemente. Dos personas saltaron a la misma mesa y al chocar cayeron volcando algunas mesas de alrededor, en las que se hallaban tres personas, los cinco se hundieron dejando manchas de color carne, mezcladas con el rojo de la sangre, que fueron desapareciendo lentamente. Una chica, acurrucada en una mesa, miraba con ojos llorosos a un chico que se encontraba en una mesa algo alejada y el la miraba a ella, el se levantó y saló de mesa en mesa hasta llegar a la que se encontraba junto a ella, la chica se acurrucó aun mas haciéndose pequeña para dejarle sitio. El saltó. Quedo un momento de pie sobre la mesa intentando recuperar el equilibrio, pero no lo consiguió, y comenzó a caer hacia atrás, casi a cámara lenta, ella alargó la mano intentando sujetarlo, pero no tenía fuerza suficiente y ambos cayeron.
De repente un ruido les sobresaltó, el manillar de la puerta se había movido, la mano del esqueleto lo bajaba cada vez más y entonces la puerta se abrió. Pero aquello no mejoró las cosas, si no que las empeoró, ya que lo que había al otro lado de la puerta no era sino un negro mar del espeso liquido, que entró de golpe en la clase como un tsunami, cinco personas que estaban cerca de la puerta fueron engullidas por la ola y a otras tres les salpicó al chocar contra la pared. Solo quedaban dos personas más a parte de ella. Una de ellas gritó de pronto, le miraron, el miraba al techo horrorizado, una gota había comenzado a formarse sobre su cabeza, se levantó dispuesto a saltar a la mesa más cercana, pero la única que había estaba ocupada por su compañero que negaba con la cabeza mientras le decía que no lo hiciera, la gota cada vez era más grande y estaba a punto de caer. Saltó y de alguna manera se mantuvo sobre la mesa sin perder el equilibrio ni tirar a su compañero, pero de pronto volvió a gritar, se miro el pie y se dio cuenta de que la gota le había rozado al caer. Le falló la pierna y cayó hacia atrás, intentó agarrarse a su compañero pero este se aparto todo lo que pudo dejándole caer. El nivel del líquido casi había alcanzado las mesas. El chico se quedó un momento pensativo y luego se le iluminó la cara, intentó sacar del líquido una silla y esta salió limpia y sin restos del mortal fluido, la coloco en la mesa y se subió encima, de pie, pero no calculó bien y su cabeza se introdujo entera en una gota que se había estado formando y que él no había tenido en cuenta, quedó un momento allí, inmóvil, y luego el cuerpo, con el cráneo completamente limpio, se desplomó cayendo y hundiéndose.
Solo quedaba ella. Se levantó. Observó alrededor y después saltó, tirándose de cabeza hacia aquel negro océano de muerte. Notaba como su carne era mordida por millones de microscópicos dientecillos. Abrió los ojos y vio un mundo perfecto, de praderas verdes y aire limpio, justo antes de que sus ojos fueran devorados, pero aun cuando todo estaba a oscuras seguía escuchando el canto de los pájaros y el suave movimiento de las hojas y olfateó el dulce aroma de la hierba y las flores, y luego. . .
Nada.