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jueves, 17 de enero de 2013

El Violinista 4ª parte final


Una desagradable risotada salió de la garganta del viejo, pero se detuvo en seco cuando aparecieron Neku y sus amigos arremetiendo contra los diez hombres, pronto el parque fue un campo de batalla, los diez hombres luchaban contra nosotros, Neku y sus dos compañeros. Ellos nos superaban en número, pero, a diferencia de lo que pareciera, Neku sabia defenderse, repartía puñetazos aquí y allá;  sabía dónde golpear exactamente para dejarles sin aliento por largos segundos, que le daban tiempo de sobra para volver a arremeter. Sus amigos tampoco eran novatos. Jack y yo apenas tuvimos que hacer nada. De pronto me di cuenta de que uno de ellos sacaba una pistola de la chaqueta y apuntaba a Neku por la espalda; me abalancé sobre él y le tiré al suelo; se escuchó un disparo, un grito, y el sonido de un peso muerto caer al suelo. Todos alzamos la cabeza, buscando la víctima, vimos caer el pesado cuerpo del padre de Jack, la expresión congelada en el rostro, los ojos abiertos como platos, las pupilas dilatadas, un hilo de sangre brotó de su boca, una mancha roja comenzó a extenderse por su camisa y poco a poco la vida fue escapando de su cuerpo, su mirada se apagó y, tras convulsionar, quedó completamente inmóvil. Los hombres que aun quedaban en pie miraron el cadáver horrorizados y luego salieron corriendo, ninguno de nosotros hizo el menor esfuerzo por seguirles.
—Vámonos— dijo Jack.
— ¿Estás bien?—le preguntó Neku. —al fin y al cabo era tu padre.
—Estoy bien, se lo tenía más que merecido.
Me acerqué a él y le abracé fuertemente, el correspondió a mi abrazo y ambos nos fundimos en unos solo por unos instantes. Cuando nos separamos él se agachó y recogió lo que antes había sido su violín, que ahora estaba pisoteado y destrozado. Lo miró nostálgicamente y repitió: “vámonos”

Mientras nos alejábamos oímos  sirenas de policía que se acercaban así que apretamos  el paso en dirección a Mandarake para cambiarnos y despejar la mente de lo que acababa de pesar aunque Jack decía que estaba bien a mi no me lo parecía después de todo acababa de ver como su padre moría delante de él. Llevábamos un rato en Mandarake cuando Neku se levanto y dijo:

—Vamos a comprar algo de comer, quedaos vosotros aquí— dirigiéndose a mí y a Jack.

Acto seguido todos salieron de la tienda, cuando salía me pareció observar como Neku me giñaba un ojo. La puerta se cerró y entonces me di cuenta de que estábamos a solas. Me acerqué a Jack y me quedé un momento observándole, parecía perdido en sus pensamientos.
— ¿Seguro que estás bien?  No tienes que avergonzarte de nada, no hiciste nada malo.
—Yo… no lo entiendo— tenía la cabeza baja y el flequillo le tapaba los ojos— ¿Por qué me siento tan mal? El siempre me ha hecho la vida imposible— se estremeció.
—pero, Jack, el era tu padre y eso no puedes evitarlo.
—y sin embargo… él nunca me vio como a un hijo, si no como a un posible sucesor y más tarde como a una simple molestia.
Era evidente que estaba llorando, intentaba sofocar sus sollozos pero no podía evitar algunos. Me acerqué más a él y le rodeé con mis brazos. Se derrumbó sobre mi hombro, lloró durante unos minutos.
—Lo siento— me dijo cuando se calmó
—Tranquilo, es normal
—Pero…no quiero cargarte con esto
—Si repartimos nuestras cargas será más fácil para ambos, si te veo sufrir y no hago nada me moriría por dentro— me miró, sus hermosos ojos estaban inundados en lagrimas
— ¿Te quedaras a mi lado?
—Por supuesto
—si estás conmigo creo que seré capaz de superarlo todo, nada será imposible si estamos juntos
—Jack, —le miré directamente a los ojos— te quiero.
Nos acercamos más y lentamente nuestros labios se unieron. Fue un beso dulce y cálido, pero también salado, debido a sus lágrimas. Nos fundimos en uno solo, ninguno de los dos queríamos que el beso acabase. De pronto oímos vítores que provenían de la puerta, eran Neku y los demás que habían vuelto. Me sonrojé.
En ese momento sentí que solo con tenerle a mi lado sería la mujer más feliz del universo.

jueves, 3 de enero de 2013

El Violinista 3ª parte


— ¡Chico! Cuanto tiempo— exclamó Neku al ver a Jack — hace mucho que no vienes por aquí, ¡me tienes abandonado! —se giró hacia el dependiente, le indicó que se ocupara de la tienda y nos guió a nosotros hacia la trastienda.
—Lo siento, lo siento— dijo Jack riendo— vendré más a menudo. Pero lo de hoy es importante— se puso serio de repente— Necesitamos tu ayuda.
— ¿Quién es tu amiga? —se acercó a mí.
—Ella es Victoria, me ha salvado la vida.
— ¿Tu vida? ¿En qué te has metido ahora?
—Parece que alguien me quiere para que mi padre les page un rescate. Necesito que nos ocultes
— ¡Con eso no solucionaremos nada! ¿Pretendes esconderte toda tu vida?
—Pero… ¿qué podemos hacer?
—Podrías llamar a tu padre, — Jack le echó una extraña mirada—pero sé que no lo harás así que habrá que encargarse de ellos
— ¿pero cómo?
—Yo tengo una idea— dije tímidamente, ambos me miraron— podríamos tenderles una trampa. Pero es peligroso, sobre todo para ti, Jack, sería usarte de cebo prácticamente. Tenemos que estar seguros de que podemos con ellos.
— ¡Podemos! — aseguró Neku.
—La idea sería atraerles con su música, pero sin que sea demasiado obvio, y una vez que crean que le tienen, atacar nosotros.
— ¿Y dónde puedo tocar? —Jack se quedó pensativo
—Yo había pensado—dije ruborizándome un poco— en una…cita
— ¡Pero así te pondrías tu también en peligro!
—No voy a dejarte solo, además yo sé defenderme.
—Yo lo veo bien. —dijo Neku riendo— Ella es la que se ofrece no la estamos obligando a nada.
Al final Jack accedió a regañadientes, decidimos que al día siguiente iríamos a uno de los parques más transitados de la ciudad y pondríamos en marcha nuestro plan. Cuando llegamos allí Jack y yo nos sentamos en el césped, Neku  unos amigos suyos se escondieron, haciéndose pasar por transeúntes Jack tocó algunas piezas para mí.
— ¿Crees que vendrán? —le pregunté
—No lo sé…
— ¿Puedo… preguntarte una cosa?
—Adelante
— ¿Qué problema tienes con tu padre?
—Suponía que me preguntarías eso— me dijo con una nostálgica sonrisa— desde que era pequeño, siempre me ha gustado tocar el violín. Como mi padre siempre ha tenido dinero, me apuntó a clases con los mejores profesores, sus planes para mí eran que yo heredara su empresa; él quería que el violín fuera un simple entretenimiento para mí, pero se convirtió en mi vida. Cuando él se dio cuenta, me alejó de mis profesores, me prohibió tocar el violín, incluso pagó a todas las academias que estaban a mi alcance para que no me aceptaran. Pero todo esto no me detuvo, con mis ahorros me compré el mejor violín que me pude permitir, salía a escondidas a tocar al parque o por la calle, pero mi padre me descubrió y me dio a elegir entre dos opciones, o me quedaba bajo su techo, con su dinero y su protección, o me iba con mi violín a la calle. Creo que está claro cual escogí— dijo alzando un poco el violín que tenía apoyado en  su regazo — En parte se lo agradezco, porque gracias a eso terminé trabajando en la estación y allí te conocí a ti.
Su historia me conmovió. Ambos nos quedamos en silencio durante un rato; el comenzó a tocar una triste y nostálgica melodía. Por la carretera pasó un coche negro, unos metros más adelante se detuvo en seco. La puerta delantera se abrió y salió un señor con un elegante traje, abrió la puerta trasera y salió otro hombre, de unos cuarenta o cincuenta años, fumando un gran puro. La melodía de Jack se detuvo en seco, el hombre se encaminó hacia nosotros, su vista pasaba de Jack al violín, luego a mí y luego volvía otra vez a Jack, parecía incrédulo. Le dijo algo a su chofer y este volvió al coche.
— ¿Qué haces aquí, padre? —dijo Jack cuando el hombre estuvo lo suficientemente cerca.
—Pasaba por aquí y te he visto desde el coche.
—Estás perdiendo capacidades, cualquiera olería esa mentira a kilómetros de distancia.
—Está bien, he venido para darte una última oportunidad de volver conmigo.
— ¿En serio? ¿Y qué me ofreces? ¿Esa empresa tuya? Ya sabes que no me interesa
— ¿Sigues pensando que es mejor tu música? ¿Prefieres vivir en la calle, como un pobre, a poseer un imperio? Veo que sigues siendo estúpido— impregnó esta última palabra de un infinito desprecio, entonces me miró— y además has encontrado una ramera, ¡qué bonito!
— ¡No te atrevas a decir eso de ella!
Jack se enfureció y se levantó, dejando el violín a un lado. Conseguí sujetarle a duras penas para que no se lanzara hacia su padre, pero, entonces, de pronto, unos hombres vestidos de negro salieron de algún sitio y aprisionaron a Jack, también me cogieron a mí y me inmovilizaron contra el suelo.
— ¿Pensabas que podrías tocarme, renacuajo?
— ¡Eras tú desde el principio! —Jack no podía creerlo.

jueves, 20 de diciembre de 2012

El Violinista 2ª parte


Escuché el ruido de una puerta abriéndose, me oculté tras una columna; las luces se encendieron y pude ver a los hombres saliendo de una sala, el violinista ya no iba con ellos, montaron en el coche y se fueron. Esperé escondida tras la columna hasta que el ruido del motor desapareció, me dirigí a la puerta de metal por la que habían salido, pero estaba cerrada con llave. Miré alrededor, vi  una vara de hierro tirada en una esquina, la cogí, era obvio que aquellos hombres no tenían buenas intenciones, debía estar preparada. Volví a la puerta y llamé, nadie contestó, intenté escuchar pero no parecía que hubiera nadie, alcé la vara  y arremetí contra la puerta, esta se estremeció y se abolló, pero no terminó de abrirse, volví a golpearla, una y otra vez, y al fin cedió y cayó pesadamente al suelo. La sala era una especie de habitación con una cama a un lado y al otro una mesa y algunas sillas; encendí la luz y vi que en la cama estaba el violinista, tenía los ojos cerrados y el pelo desordenado, un pequeño hilo de sangre seca le salía de la nariz, estaba completamente inmóvil. No había nadie más, me abalancé hacia él, solté la vara junto a la cama, le observé  de cerca, comprobé su pulso. Ahí estaba, el suave ritmo de su corazón era lento pero constante, también pude notar que su pecho se movía lentamente arriba y abajo, respiraba. Le puse la mano en la frente, tenía un poco de fiebre. Recordé que había echado una botella de agua en la mochila antes de salir y la saqué, le limpié la sangre de la cara, tenía la boca seca, intenté que bebiera agua; al principio no reaccionó, pero luego comenzó a tragar ávidamente. Luego abrió los ojos, se clavaron en mí con una mezcla de alivio y sorpresa. Se incorporó lentamente.
— ¿Dónde estamos?
—No…no lo tengo muy claro, la verdad.
— ¿Qué haces aquí?
—Es que…esos hombres te cogieron…no podía quedarme allí sin hacer nada…
—Te…te has puesto en peligro…por mi culpa— una extraña tristeza invadió su mirada.
— ¿Qué quieren de ti? —­le pregunté intentando cambiar de tema.
—Bueno…yo…soy el hijo del director de una famosa empresa, él tiene mucho dinero y supongo que ellos quieren un rescate. Aunque no creo que consigan mucho— su ánimo decayó aun más.
—Salgamos de aquí antes de que vuelvan.
Le ayudé a levantarse, la luz de fuera se había apagado ya. Cogí la vara de hierro. Salimos a tientas y subimos por donde yo había entrado. No sabía cómo íbamos a salir de allí, la puerta del garaje estaría cerrada y en la oscuridad no podíamos buscar le manera de abrirla, pero no dije nada. Cuando llegamos allí, comprobé que, efectivamente, estaba cerrada, me quedé pensativa.
— ¿Sabes cómo abrirlo?— le pregunté.
— No— murmuró.
De pronto escuchamos el ruido de un motor.
— ¡Al suelo! — le dije en voz baja.
Nos acurrucamos en una esquina, ocultos tras unas cajas; el mecanismo de la puerta comenzó a funcionar, esta se fue abriendo poco a poco y una tenue luz comenzó a inundar la entrada. Me di cuenta de que estaba sobre el violinista, abrazada fuertemente a él. Le miré. Su cara estaba muy muy cerca, mirándome fijamente.
—Gracias— susurró — sabía que eras especial, sabía  que no eras como las demás. Cuando te vi por primera vez tuve la impresión de que ibas a ser la mujer más importante de mi vida.
—Yo…—me sonrojé— yo también lo pensé. Tu música era algo más que una melodía, podía sentir como dejabas salir a través de ella tu alma, tus sentimientos…—oímos el motor del coche internándose en el garaje— debemos darnos prisa.
Nos levantamos sigilosamente y nos escabullimos hacia la calle, la puerta del garaje se cerró tras nosotros. Me detuve un momento para recordar el camino que había hecho antes y luego los dos salimos corriendo. Debíamos alejarnos lo más posible antes de que descubrieran la fuga del violinista y eso no nos dejaba mucho tiempo. Haciendo un gran esfuerzo fui desandando el camino. Al girar una esquina, me encontré con la bicicleta que yo misma había abandonado poco tiempo antes, “¡Genial!” pensé, pero entonces oímos el ruido de un motor acercándose a toda velocidad, nos escondimos tras unos cubos de basura, temblando, el coche pasó a nuestro lado pero no pareció percatarse de nuestra presencia. Esperamos un tiempo prudencial y salimos de nuestro escondite, me monté en la bicicleta y él subió tras de mí, aun estaba débil. Pedaleé con todas mis fuerzas.
Al fin salimos a una calle principal y pude orientarme correctamente, “un lugar seguro” me dije para mis adentros “¿Dónde podríamos ir?”
— ¿Puedes ir hasta el Mandarake? —me dijo
—Sí —dije tras calcular mentalmente el trayecto
—Es la tienda de un amigo mío, nos ayudará.
Esquivé personas y torcí esquinas a toda velocidad hasta que llegamos a la tienda. Entramos, el dependiente se acercó a nosotros.
— ¿Puedes ir a buscar a Neku? Soy un viejo amigo suyo.
Nos miró y luego fue a la trastienda.
—Por cierto…— le dije—aun no se tu nombre.
—Jack, ¿y tú? — la sonrisa había vuelto a su rostro.
—Victoria.
—Mmm…— se quedó pensativo— tu nombre me es familiar, ¿seguro que no nos conocemos?
Lo pensé por un momento pero, antes de que me diera tiempo a contestar, el dependiente llegó seguido de una extraña persona. Era un chico apuesto, su pelo negro crecía despeinado, tenía un ojo marrón y el otro azul y sus ropas estaban muy fuera de lo común, sin embargo, se veían naturales en él. 

jueves, 6 de diciembre de 2012

El Violinista 1ª parte


Apenas tenía diecisiete años en ese entonces. Todos los días, en el instituto, tenía una hora libre y, para pasar el tiempo, me iba a la estación de autobuses y me sentaba en la sala de espera. Allí, en el centro de la sala, entre los bancos, había un violinista. Era un joven genio, me encantaba su música. Así que todos los días iba allí y me sentaba a escucharle durante una hora, a veces incluso me saltaba clases para quedarme más tiempo.  El violinista era más o menos de mi edad, puede que un poco mayor, tenía el pelo de color café y le caía bellamente sobre los hombros; sus ojos eran de un hermoso color verde oscuro, dulces y cálidos; se iluminaban cuando tocaba y mostraban fielmente los sentimientos de la música.
La gente cambiaba, pero él siempre seguía allí, erguido, tocando bellas canciones para entretener a la gente de paso, y yo siempre allí, observándole, sin darme cuenta, quizás, de que estaba siendo absorbida inconscientemente por él. Nuestros ojos se encontraban a veces, y entonces yo bajaba la mirada ruborizada y él se giraba turbado.
Aquel día la estación estaba especialmente abarrotada y viajeros con prisa corrían de aquí para allá. Una mujer pasó a su lado, empujando el atril que sujetaba sus partituras; los papeles salieron volando y se esparcieron  por el suelo. La mujer se disculpó con un fugaz “lo siento”  y siguió corriendo, sin detenerse si quiera un momento, yo me levanté y comencé a recoger las partituras, la música se había detenido, él también recogía partituras, me agaché a por la ultima hoja que quedaba en el suelo, el titulo rezaba: “FRITZ KREISLER - Liebeslied”. Cuando me levanté me encontré de frente con aquellos bellos ojos verdes y con una sonrisa perfecta me dijo “Gracias”.
En aquel momento se me detuvo el corazón, dejó de latir por un instante, supe que él era el hombre al que amaba, al que amaría siempre, pero yo era cobarde en ese entonces. Me sonrojé, “de nada” le dije y, temblando, me senté otra vez. Él colocó sus partituras y  comenzó a tocar otra vez, la pieza era la de la última partitura que yo había recogido. Me estremecí, temblando miré la hora, me di cuenta de que debía irme, pero aquella canción era para mí, lo notaba. Aquella vez él no dejó de mirarme, la ternura de sus ojos aumentaba  y me atrapó con su mirada, me perdí en aquellos ojos verdes, me quedé inmóvil y dejé que la música fluyera, que entrara en mi interior. La última nota vibró un momento en el aire y luego se apagó como la llama de una vela. Sentí que me ahogaba y me di cuenta de que había dejado de respirar; tomé aire y el hechizo se desvaneció. Me levanté, intentando mantener la calma, y salí a la calle. Cuando estuve fuera de su campo de visión, no pude aguantar más y salí corriendo hacia mi instituto. No pude concentrarme en las clases, en mi mente solo estaban aquellos ojos verdes, esa perfecta sonrisa y podía escuchar en mis pensamientos aquella hermosa melodía.
Al día siguiente volví a la estación. Cuando estaba entrando vi que el violinista se alejaba del asiento donde siempre me sentaba yo, cuando me acerqué vi que había un papel en mi sitio, lo cogí y me senté, era la partitura de “Liebeslied”, me sonrojé. Me di cuenta de que había algo escrito en la otra cara del papel,  le di la vuelta, “mañana a las 5:30 en la puerta de la estación”, lo releí incrédula, no podía creer que aquello fuese verdad. Le miré, sus ojos me confirmaron que aquella nota era para mí y no para cualquier otra, me sonrojé.
Aquel día apenas pude concentrarme en la música, estaba demasiado turbada, y la hora de marcharme llegó de pronto. En clase, aquel día, tampoco pude prestar atención. Durante toda la tarde estuve encerrada en mi habitación, leyendo y releyendo, una y otra vez, aquella nota mientras escuchaba la hermosa melodía de la partitura.
Salí de mi casa, me dirigí a la estación. A las 5:20 ya estaba en el lugar acordado, me oculté tras unos arbustos, quería ver cuáles eran sus intenciones, escondida allí le vi llegar, llevaba una rosa en la mano; se quedó de pie en frente de la puerta y miraba alrededor ¡era tan adorable! Se percibía el nerviosismo en sus verdes ojos que se movían inquietos de aquí para allá y se apartaba el cabello de la cara una y otra vez. Ya eran y media así que salí de los arbustos sin que me viera y me dirigí hacia él; me miró, sus ojos se iluminaron de felicidad. Tras él había dos hombres vestidos completamente de negro, uno de ellos alzó la mano y le golpeó en la nuca, el violinista se desmayó y antes de que cayera al suelo el otro hombre le cogió y le arrastró hasta un coche cercano. Yo me había quedado helada y no pude reaccionar, aunque tampoco habría sabido qué hacer. Cuando cerraron las puertas del coche, yo salí corriendo hacia él, pero se puso en marcha y se mezcló rápidamente con el tráfico. Le seguí, sería una tontería descubrirme ahora por lo que corrí tras él intentando disimular. Se detuvo en un semáforo, lo que me dio tiempo a alcanzarlo, luego se puso en marcha de nuevo.
— ¡Hola!—un chico de mi clase me había visto, iba en una bicicleta y se había parado a mi lado.
— Tengo…un poco de prisa, ¿puedes dejarme tu bici? Te la devolveré, lo prometo— le dije suplicante y casi sin aliento.
—Vale— me dijo sorprendido— ten— me dio la bicicleta y me miró extrañado.
—¡¡¡Muchas gracias!!!—exclamé.
Me monté en la bicicleta, localicé el coche entre los otros y pedalee con todas mis fuerzas para alcanzarlo, por suerte  había algo de tráfico y pude seguirlo, aunque con dificultad, por las calles de la ciudad. Empezó a meterse por calles más estrechas, desiertas, era demasiado sospechosa así que deje la bicicleta apoyada en una esquina y pedí perdón interiormente al chico que me la había prestado; fui ocultándome tras los contenedores, las esquinas y los escasos coches aparcados.
El coche se detuvo frente a una puerta de un garaje. La puerta empezó a abrirse y el coche desapareció dentro, en la oscuridad. Me acerqué y en el último momento me colé antes de que se cerrara. Cuando la última rendija de luz desapareció, me sumergí en la más absoluta obscuridad por unos momentos, hasta que mis ojos se acostumbraron y pude distinguir vagamente el camino; palpando la pared avancé, bajando. Cada vez era capaz de percibir con mayor nitidez el camino, llegué a un garaje completamente vacío, salvo por el coche negro que había estado siguiendo, me acerqué sigilosamente y me asomé por la ventanilla, pero ya no había nadie dentro.

martes, 3 de julio de 2012

El error de la ciencia


Los conocí bajo extrañas circunstancias, no lo recuerdo bien, pero eran un grupo extraño. Hiro era el líder, por llamarlo de alguna manera, era un chico de unos 19 años, con melena negra que le caía sobre los hombros, era muy apuesto; alto, delgado y se movía con la elegancia de un cisne. Junto a él siempre andaba una chica, Nya, algo más joven, de grandes ojos felinos y largo pelo morado, algo en su forma de moverse la hacía parecer un gato. En su cuello, oculto en su melena, siempre estaba Neko, un gato con pelaje de similar color al pelo de la chica. También los acompañaba Jack, un chico rubio de hermosos ojos verdes. Y luego estaba yo, no hacía mucho que los conocía y a veces parecía fuera de lugar, pero ellos me trataban cálidamente, me hacían sentir que formaba parte del grupo.
Nya y Neko tenían una función en el circo de la ciudad. Hiro era su representante. Jack y yo habíamos ido a verles aquel día, nos sentamos con Hiro entre el público y vimos a Nya y a Neko saltando de un lado a otro de la pista, haciendo trucos, malabares y piruetas. Cuando salimos nos reunimos todos, Nya y Hiro parecían muy serios, miraron a Jack y el asintió.
— ¿Qué os pasa? — estaba preocupada
— La hora se acerca, debemos enseñarte un lugar
— ¿La hora? ¿De qué?
— No podemos hablar aquí
Fuimos hasta el aparcamiento y montamos en el coche de Hiro, un todoterreno negro de aspecto imponente. Nos llevó fuera de la ciudad y se internó en el bosque cercano. Campo a través llegamos hasta un claro del bosque con un gran árbol en el centro que, aparentemente, era igual a los demás, salvo por el tamaño. Sin embargo cando llegamos al pie pude apreciar un extraño brillo metálico entre la madera. Hiro se acercó más y palpó la corteza hasta dar con un pequeño agujero, sacó de su bolsillo una pequeña llave y la introdujo. Entonces la madera se apartó, dejando a la vista la entrada a una pequeña cabina. Entramos y la madera regreso a su posición dejándonos totalmente a oscuras por unos momentos, la cabina comenzó a descender. De pronto se detuvo y se abrió una puerta dando paso a una sala circular, de aspecto metálico, había repartidos sillones y un televisor, estaba bien iluminada y en la pared se abrían puertas, muchas puertas, cuyos destinos eran aun desconocidos para mí. Una de esas puertas estaba entreabierta, y dejaba ver al otro lado una agradable cocina.
Nos sentamos en los sillones.
—Impresionante— fue lo único que se me ocurrió
—Podría decirse que es nuestra guarida secreta. Si todo hubiera ido bien no tendrías por que conocer esto, o al menos no en estas circunstancias, pero se les ha ido de las manos, no han sabido cuando parar y la investigación ha ido demasiado lejos.
— ¿Investigación sobre qué? —no entendía que querían decir con aquello
—Zombies— me quedé helada—estaban investigando, querían hacer más resistentes a los soldados, hicieron pruebas con humanos… ya ahora… se ha descontrolado, los sujetos de prueba se han convertido en monstruos, solo es cuestión de tiempo que escapen.
Nos levantamos y me llevaron hasta una de las puertas, en su interior había una habitación, no era muy grande, pero era acogedora.
—hay mas como esta, pero no para todo el mundo— la rabia se encendió en el fondo de los ojos de Hiro y esa rabia escondía en el fondo impotencia.
—¿Por qué no habéis avisado antes a la gente? Podrían haberse puesto a salvo.
— ¿Qué crees que pasaría si fuéramos por ahí diciendo que se acerca un apocalipsis zombie?— pensé por un momento, pero no me dio tiempo a contestar—la mayoría no nos creerían, y los que lo hicieran entrarían en pánico. Además, teóricamente es un secreto del gobierno, si lo desveláramos seguramente nos buscarían y se desharían de nosotros.
—Tienes razón—dije agachando la cabeza— creo que si hubiera sido otra persona la que me lo hubiera dicho no la hubiera creído
—Gracias—me dijo Nya
— ¿Por qué?
—Por confiar en nosotros— me sonrió, pero había en ella una extraña mezcla de aprecio, preocupación y enfado, enfado con las personas que habían provocado todo aquello—sigamos
Mientras caminábamos hacia la siguiente habitación Jack me dijo:
—Como comprenderás no vamos a enfrentarnos a ellos a mano vacía, en aquella sala tenemos lo necesario para protegernos y proteger a los que podamos.
Llegamos a la puerta y cuando la abrieron pude ver al otro lado una amplia habitación repleta de estanterías en las que descansaban armas, muchas armas de todos los tipos y tamaños. Hiro se adentro entre las estanterías buscando algo,  cogió un pequeño machete y me lo dio.
 —Aun no ha empezado y no queremos que nos detengan antes de tiempo, así que solo puedo darte esto por si acaso, intenta camuflarlo.
Lo cogí y me lo até a la cintura, mi abrigo era largo así que quedaría oculto
— ¿Vives con tu madre no?
—Si
— ¿No tienes más familia?
—No…—prefería no hablar del tema
—Vaya… lo siento… De todas formas deberías traerla aquí
Terminaron de enseñarme la guarida y luego volvimos a la ciudad.
Cuando llegué a mi casa no había nadie, llamé a mi madre y me dijo que llegaría pronto asique me quede observando desde el bacón, al cabo de un rato apareció, iba hablando por teléfono y se detuvo en la acera, la observé, charlaba animadamente con alguien, ajena a su alrededor. De pronto me di cuenta de que se acercaban a ella unas personas extrañas, los tres sujetos andaban lentamente, medio encorvados. Me sentí impotente, desde allí no podía hacer nada y parecía que iban hacia ella. De pronto algo desvió su atención y cambiaron de rumbo, bajé a toda prisa y cuando llegué donde estaba ella la cogí del brazo y tiré de ella.
— ¡sube! —Le dije— ¡rápido! Y quédate allí, cierra la puerta y no abras a nadie
Una chica agarró fuertemente el brazo de mi madre, estaba muy pálida y había una extraña expresión en su cara la golpeé y retrocedió un poco aflojando su agarre, tire de mi madre liberándola por completo y las dos corrimos hasta el portal, cuando me asegure de que entraba sana y salva Salí corriendo, tenía que avisar a Hiro y los demás.
Fuimos hacia mi calle en el poderoso coche de Hiro. En la entrada el asfalto se había hundido y estaba inundado de agua turbia surcada por venas negras, dejamos el coche y fuimos andando, aun quedaba acera en los bordes. Había un hombre deambulando por allí, se quedó observando el agua, se agachó y alargó la mano hacia una de las extrañas venas negruzcas.
— ¡NO! No lo toques—gritó Jack
Demasiado tarde, el hombre la agarró y la sacó del agua, por un momento se mantuvo estable, pero luego con un pequeño crujido apenas audible se rompió dejando al hombre con un extremo roto en su mano, lo miró acercándoselo a la cara con expresión estúpida. De pronto comenzó a salir un gas oscuro que impactó directamente en la cara del hombre, que lo soltó y cayó hacia atrás, como fulminado por un rayo.
—Tapaos la boca y la nariz con algo— Dijo Hiro sin perder la calma.
Rodeamos al hombre y continuamos nuestro camino, de pronto escuche ruidos tras de mí, me giré y vi que el hombre estaba convulsionando, paró y de nuevo quedo completamente quieto, pero, cuando estaba a punto de girarme y seguir mi camino, comenzó a incorporarse lentamente, emitía suaves gruñidos que se fueron intensificando
— ¡No te acerques a él! —me dijeron
El hombre alzo la cabeza y pude ver en sus ojos un tono ausente y una falta absoluta del característico brillo de la vida, comenzó a avanzar hacia nosotros, retrocedí sin dejar de mirarle, de pronto se escucho el motor de una camioneta, parecía un caballo desbocado. Era una vieja camioneta que se acercaba a toda velocidad a la calle, pero al ver que la calle estaba inundada y destruida dio un volantazo hacia la acera en la que estábamos y se llevó por delante al hombre, estrellándose después contra un muro, empezó a salir humos de lo que quedaba de capó y un entre las grietas de la aplastada camioneta comenzó a escurrir sangre, formando un charco bajo ella.
— ¡Vamos! —Exclamó Jack— ¡Rápido!
Continuamos corriendo hacia mi portal, debíamos recoger a mi madre e irnos de allí, la calle estaba repleta de aquellos seres de forma humana, pero que habían perdido su humanidad. Avanzamos sigilosamente, intentando ocultarnos, pero no pudimos evitar que nos descubrieran.
— ¡Sube a por ella! — Me gritó Hiro— nosotros nos encargamos
Mientras ellos les enfrentaban, yo entre en mi portal, cuando fui a cerrarla puerta tras de mi uno de ellos la alcanzó y la bloqueo. Me llevé la mano a la cintura y allí lo encontré, el machete, lo desenvaine rápidamente y arremetí contra se brazo, la mitad cayó al suelo y él se retiró lo suficiente para darme tiempo a cerrar la puerta.
Subí a toda prisa y abrí la puerta con mi llave, cuando entre mi madre me amenazaba con el palo de una escoba, pero al ver que era yo se relajó.
—está bastante peligroso ahí abajo, —le dije—pero tenemos un coche, hemos venido a llevarte a un lugar seguro
— ¿puede venir ella también? — me percate de que había una amiga de mi madre sentada en el sillón
—no creo que haya problema, voy a bajar a decirles que traigan el coche aquí, quedaos aquí y bajad en cuanto lo veáis aparecer, es un todoterreno negro y grande
Me despedí de ellas, les di ánimos y volví a bajar. Cuando la puerta del ascensor se abrió, me encontré el portal repleto de zombies, se hizo el silencio por un momento y luego se lanzaron a por mí.  Machete en mano, arremetí contra ellos. En la calle podía ver a Jack y a Nya luchando contra cientos de zombies también, supuse k Hiro ya había ido a por nuestra salvación.
Me abrí paso como pude hacia el cristal de la puerta, justo cuando llegue Nya se giró y pude hacerle una señal y darle a entender que ya estábamos listas. Entonces mi objetivo fue despejar por completo el portal para que mi madre y su amiga pudieran bajar a salvo, así que me giré, a tiempo para apartar de una patada al que se me estaba echando encima, arremetí contra ellos una y otra vez, pero parecían interminables.
De pronto me di cuenta de algo extraño, siempre había imaginado a los zombies como simples esclavos de su hambre de carne fresca, sin consciencia, ni sentimientos, ni humanidad. Pero estos… hablaban, pero sus palabras no concordaban con sus actos, algunos parecían ajenos a lo que ocurría e intentaban entablar conversaciones amistosas. Otros, que al parecer si eran conscientes de la situación, pedían perdón o lloraban, incluso algunos me pedían que acabara con ellos, y sin embargo seguían viniendo, arrinconándome, intentado que cediera para transformarme en lo que ellos eran, y de paso alimentarse de mí carne, de mi cuerpo, de mi cerebro.
Perdí la noción del tiempo, pronto ni siquiera fui consciente de lo que hacía, comencé a moverme por mero instinto de supervivencia pero cada vez me dolía mas el cuerpo, el cansancio se apoderó de mí y, de repente, todo se volvió negro.





EPILOGO
Me desperté sobresaltada, pero no me incorporé, solo me quedé bajo las mantas pensando, ¿había sido todo aquello un sueño? ¿Hasta qué punto? No recordaba haberme dormido. Retiré lentamente la manta de mi cara. Aquella no era mi habitación, caí en la cuenta de que era una de las habitaciones de la base. Me levanté lentamente y me di cuenta de que me dolía todo el cuerpo.  Abrí la puerta despacio y encontré en la sala central a Hiro, Nya y Jack sentados, Neko, que paseaba por el respaldo de la silla de Nya, me miró y maulló, los tres se giraron y, al verme, se levantaron rápidamente y vinieron hacia mí. Me abrazaron.
— ¿estás bien?
—bueno… me duele todo, pero no pensé que fuera a salir viva de allí
—es normal, pero lo importante es que estas aquí, con nosotros, tu madre y su amiga están durmiendo aun
—entonces… ¿ya estamos todos a salvo?
—para nada, esto es solo el principio, aun queda mucho por hacer

jueves, 1 de marzo de 2012

Arena capitulo 1

El sol ardía con fuerza y no había rastros de vegetación a mí alrededor. Frente a mí se extendía un vasto desierto de arena fina que se movía con el viento, había dejado ya muy atrás el campamento y no alcanzaba a verlo mi sentido de la orientación se hallaba un poco confuso, ya que todo a su alrededor era a la vez igual y completamente diferente, la arena se extendía durante kilómetros y kilómetros, pero las dunas cambiaban constantemente y nunca eran las mismas. Por eso debía centrarme en mi objetivo, llegar al otro lado era vital, no solo para mí, sino para todo mi grupo. Una tormenta nos había alcanzado, de pronto nos habíamos visto rodeados por ráfagas de viento cargadas de arena que nos azotaban y nos cegaban, la mayoría de los camellos habían resultado heridos y los otros estaban débiles, las provisiones escaseaban y los hombres, mis compañeros, tampoco habían salido muy bien parados de la tormenta. Yo era el único hombre capaz de aguantar lo suficiente como para tener una mínima posibilidad de pedir ayuda, y allí estaba. Solo, a través de aquel mar de arena que se introducía por cada rendija de mis ropas, que me llenaba la boca y la secaba, a cada segundo que pasaba mis esperanzas disminuían, pero debía confiar en mi instinto, había hecho muchas veces aquella travesía, aunque nunca solo, y aunque cada vez había sido diferente confiaba en poder hallar el camino. Por última vez mire atrás, deseando que todos estuviesen a salvo, pero vi algo que no me gusto, por mi derecha se acercaba otra tormenta, y aunque parecía más débil que la anterior sabía que no podría resistirla yo solo. Apreté el paso, al cabo de un rato me pareció distinguir unas sombras a lo lejos, como de una cabaña, y me dirigí hacia allí. Pero cada vez me costaba más caminar, sentía como si no avanzara nada por mucho que anduviera, que aquel oasis siempre estaba a la misma distancia, o mejor dicho que se acercaba muy lentamente. Mis pasos se volvieron pesados y lentos, pero mi fuerza de voluntad me mantuvo en pie. Ya no veía hacia donde iba, ni cuánto me quedaba, utilizaba todas mis fuerzas para llegar a algún lugar con refugio y provisiones. Pero el agotamiento pudo conmigo, perdí el conocimiento y me derrumbé sobre la arena.
Note el agua correr por mis labios y mi garganta bebió ávidamente. Abrí los ojos, sorprendido, “no estoy muerto” pensé, entonces me encontré de frente con unos ojos grandes, de un marrón tan oscuro que casi se confundía con negro, y vi en su interior una gran sabiduría, adquirida en el paso de los años. Intenté incorporarme, pero el anciano me sujetó fuertemente contra mi lecho para que no lo hiciera.
–Gracias, – le dije–pero debo ir con mis compañeros, están aislados en el desierto, no tienen provisiones
El anciano asintió, sin decir una palabra, y me obligó a beber un extraño brebaje, era dulce y sentí que recuperaba fuerzas, me indicó que me quedara tumbado y comenzó a ir de un lado a otro de la cabaña cogiendo botes y llenándolo del reparador líquido. Me hizo una seña y me ayudó a incorporarme, cuando vio que podía mantenerme en pie, me guió fuera de la cabaña hacia un viejo pero robusto camello, lo cargo con los botes y me hizo subir, acto seguido lo agarró de las riendas y comenzó a caminar, el animal casi parecía ser inteligente, y seguía al viejo donde fuera sin que el necesitara tirar de las riendas siquiera, caminamos sin descanso, de vez en cuando el anciano me pedía indicaciones y yo intentaba guiarle tan fielmente como podía. Aunque estaba algo mejor seguía estando débil, y apenas podía mantenerme despierto, pero necesitaba llevarles la ayuda al resto, pero había una persona que sobresalía entre mis prioridades, aquella persona también estaba intentando sobrevivir junto a los otros hombres, allí perdidos en mitad del desierto. Me costaba mantener la vista fija pero, aunque me había dado un bote de brebaje, no quería gastarlo antes de lo necesario, de pronto noté que el camello aceleraba el paso, miré al anciano y me percaté de que miraba al frente y caminaba más rápido, pero no transmitía desesperación, si no alivio. Yo miré al frente también y pude distinguir entre la arena una pequeña mancha oscura formada por telas que se alzaban desde el suelo, se me iluminaron los ojos, los habíamos encontrado, y con un poco de suerte seguirían todos vivos. Poco a poco la distancia fue disminuyendo, y cuando ya estaban cerca salió un hombre iba envuelto en un turbante marrón, de un tono parecido al de la arena, lo reconocí al instante, aquel turbante se lo había regalado yo en nuestro primer viaje juntos, me bajé del camello y corrí como pude hacia él, tenia ojeras y sus hermosos rasgos se veían algo demacrados, pero iluminados por la sonrisa de quien recupera la esperanza, llegué junto a él y le abracé fuertemente, el correspondió a mi abrazo, y con nuestros cuerpos fundidos en aquel abrazo le sentí sollozar, me aparté suavemente, le sujete los hombros y le besé suavemente, transmitiéndole esperanza y seguridad, las lagrimas salían de sus preciosos ojos verdes y se mezclaron con nuestro beso, volviéndolo salado, apasionado, lleno de amor y apoyo, al fin estábamos juntos de nuevo. Entramos bajo las telas pero el panorama allí era desolador, algunos camellos habían muerto, y lo mismo había pasado con alguno heridos, no habían sido lo suficientemente fuertes y sus cuerpos yacían, sobre la arena, cubiertos con telas, nuestra llegada les revolucionó, brillos de esperanza se despertaron en sus miradas aunque en algunas se detectaba reproche, por llegar demasiado tarde. Reunimos a los supervivientes a nuestro alrededor y fuimos repartiendo las pequeñas botellas, los hombres bebieron y recuperaron fuerzas poco a poco. Un hombre entró y nos avisó de que se acercaba una tormenta, debíamos quedarnos allí y descansar. Nos repartimos los turnos de vigilancia, me quedé primero, observe a los demás mientras se recostaban en el suelo e intentaban conciliar el sueño. Me acerque a la abertura que hacía de puerta, y me senté mirando al exterior, vigilando el cielo. A lo lejos una gran nube de arena se acercaba inexorablemente hacia nosotros, pero aun tardaría en llegar. Noté que me rodeaban unos brazos fuetes pero gentiles y me giré, para mirar de frente aquellos ojos verdes. Se sentó tras de mí, abrazándome y colocando su cabeza en mi hombro.
-te he echado de menos- le dije
-y yo a ti- me susurró en el oído-temí que te pasara algo, Christian, era muy peligroso y tuviste que ir tu solo
Noté que su cuerpo se contraía en un silencioso sollozo, tomé sus brazos y me giré lentamente, llevé las manos a su cabeza y retiré con suavidad el turbante que la cubría, dejando libres sus cabellos de oro, de sus ojos verdes brotaban lagrimas de nuevo, lagrimas de alegría y de alivio.
-no podía dejarte aquí a tu suerte, Jack, necesitaba encontrar alguien que pudiera salvarte, que pudiera salvarnos a todos
Sus manos se deslizaron por mi espalda y me arrebataron el turbante, noté mi pelo caer sobre mi espalda, algunos mechones oscuros cayeron frente a mi cara y Jack los retiró suavemente mientras se acercaba y me besaba. Le abracé y le recosté suavemente sobre la arena, encerrándole entre mis brazos deseando no volver a separarme de él, mis dedos fueron apartando poco a poco su ropa y acariciando su piel, sus manos recorrían mi cuerpo, ávidas, dejando al descubierto mi blanca piel. Retozamos allí olvidándonos por completo de nuestro alrededor, de nuestros compañeros dormidos, de la tormenta que se acercaba, solo estábamos él y yo juntos de nuevo, al fin.
El viento comenzó a aumentar, cada vez sacudía el refugio con más fuerza Jack y yo nos levantamos rápidamente y nos vestimos, luego cerramos la abertura para que no entrara demasiada arena y despertamos a los demás, entre todos aseguramos las cosas, las provisiones, los animales que aun quedaban y nos acurrucamos todos juntos.la tormenta no fue muy fuerte, pero el recuerdo de la anterior aun vivía entre los hombres. Cuando al fin pasó la tensión se alivió, comenzamos a recoger todo y cargar las cosas en los camellos supervivientes, rápidamente nos pusimos en marcha y el anciano nos guió hacia su casa, el trayecto me pareció mucho más corto que la primera vez que lo había hecho, y cuando llegamos al pequeño oasis todos respiramos aliviados. Rellenamos las cantimploras y el anciano nos regaló algo de comida que aceptamos agradecidos, nos indicó hacia donde debíamos ir y al fin partimos con la esperanza de llegar por fin a algún sitio con civilización. A pesar de que volvíamos a caminar rodeados de arena por todas partes nuestros ánimos estaban mucho más altos. Poco a poco notamos como el aire se hacía más ligero y a la vez aumentaba la contaminación, cerca debía haber un pueblo. Seguimos caminando esperanzados y al rato empezamos a ver casas a lo lejos un escalofrío recorrió mi cuerpo, algo no andaba bien. Cuando llegamos al pueblo vimos que la mayoría de las casas estaban destrozadas o incendiadas. No nos atrevimos a entrar en las casas, pero por las ventanas llegamos a ver algunos cadáveres, al parecer unos bandidos del desierto habían asaltado el poblado. Y no hacía mucho tiempo. Escuche un ruido a nuestra espalda y me giré.
-¡quien anda ahí!- grité
Entonces se escuchó un llanto, me acerque cuidadosamente y vi que tras una pared se escondía una niña de unos 8 años, de tez morrena y ojos oscuros, que lloraba pero no había miedo en su mirada, si no impotencia y rabia. Cuando me acerqué a ella me atacó con un pequeño cuchillo que llevaba en su mano, pero la detuve y se lo quité.
-no vamos a hacerte daño-le dije mirándola a los ojos, me resultaron familiares- ¿Qué ha pasado aquí? ¿Dónde han ido los responsables?
-esos hombres malos vinieron y rompieron las casas, se llevaron a mamá y las otras mujeres, además mataron a los hombres- y tras decir esto se derrumbó, llorando desoladamente. Yo la cogí en brazos y solo pude entender entre sus sollozos la palabra “papá”.
La tranquilizamos y le dimos comida y bebida, cuando se calmó le pregunte hacía cuanto que se habían ido los bandidos y si sabía hacia donde, me dijo, aun entre sollozos, que habían llegado el día anterior habían destrozado todo y se habían ido antes del mediodía hacia el oeste, nosotros habíamos llegado desde el sur, habíamos tenido suerte de no cruzarnos con ellos, ya debían estar lejos, pero nosotros debíamos partir en su misma dirección y un pequeño miedo nació en nuestros corazones.
-¿no te queda ningún familiar?- le pregunté
-mi abuelo vive en una cabaña en aquella dirección- murmuró, señalando al sur
-¿tu abuelo es aquel anciano de ojos marrones que vive allí solo?
- sí, ¿le habéis visto?- la cara se le iluminó-¿está bien?
- sí, ¡el nos salvó la vida! Está bien, los bandidos no pasaron por allí
- ¡menos mal! Pero. . . que voy a hacer yo ahora
- mmm. . . eso es un problema, nosotros no podemos volver atrás, perderíamos demasiado tiempo, pero podemos llevarte con nosotros y una vez en la ciudad enviar a alguien a por tu abuelo
-me da pena dejar solo al abuelo, pero puedo ayudaros a llegar más rápidamente, ¡mi abuelo estará bien! Sabe defenderse, además los bandidos no fueron en esa dirección- dijo esto último con un brillo de esperanza en su mirada y luego calló
-¡bien, Chicos!- llamé al grupo-ya tenemos nuevo guía, os presento a. . .
-Bāli-dijo sonriendo
Todos le dieron la bienvenida y cuando ya habíamos descansado suficiente nos pusimos en marcha. Jack, Bāli y yo íbamos los primeros, seguidos por los escasos 20 hombres y los 15 camellos supervivientes. Caminamos sin descanso, racionábamos las provisiones de agua y comida, y reservamos el brebaje del anciano para casos extremos, no había muchas novedades, el trayecto era monótono, estábamos constantemente rodeados por aquellas dunas que parecían siempre iguales, pero que cambiaban constantemente, y jugaban con nuestras mentes. Nos dejamos guiar por la chiquilla, que parecía mucho más segura que nosotros, y no vaciló ni por un momento.
Bāli me llamó y señaló al frente. A lo lejos, entre las dunas había surgido un oasis.
-es nuestra primera parada, ya esta anocheciendo así que pasaremos allí la noche- era una niña muy madura para la edad que tenia
Aceleramos un poco el paso, deseando llegar y descansar cuanto antes. Una vez allí montamos las tiendas, bebimos del agua cristalina y rellenamos nuestras cantimploras, luego nos fuimos a dormir, Bāli se quedó fuera, indecisa.
-que haces ahí de pie, ¡entra!- le dije
-p-pero no quiero molestar- murmuró mirando al suelo
-no molestas, en nuestra tienda hay sitio de sobra, son para tres personas
Tras dudar un momento entró, Jack y ella se acostaron cada uno a un lado de mi nos tapamos con las mantas y enseguida se quedaron dormidos, pero a mí no me fue tan fácil, no podía conciliar el sueño, notaba el cálido cuerpo de Jack a mi derecha y la pequeña mano de Bāli aferrada a mi brazo, suavemente. Sin hacer ruido me incorporé y me deslicé fuera de la tienda, había mucha luz para ser de noche, miré al cielo y me encontré con una preciosa luna llena que me pareció inusualmente grande, nuestra tienda estaba casi en la orilla del oasis , me acerqué al agua y la observé, mi reflejo me devolvió la mirada, mis rasgos afilados, mis ojos azules, mi melena oscura, todo se reflejaba como si el agua fuera un espejo, sin una ondulación, lo rodeé y me senté en lo alto de una duna, mirando la vasta inmensidad del desierto, me agradaba la fría noche, el día allí era demasiado caluroso, demasiado sofocante. Mientras observaba el horizonte el sueño me fue alcanzando, de pronto me pareció ver destellos rojos de fuego tras las dunas, los destellos danzaban y me fueron hipnotizando, poco a poco.
Noté unos golpecitos en mi hombro y me desperté sobresaltado, me di cuenta de repente de que tenía mucho frio, me había quedado dormido en la arena.
-me desperté y no estabas ahí, me has asustado- me reprochó Jack
-lo. . . lo siento- balbucee- no tenía pensado quedarme dormido
- vamos dentro, te estás quedando helado
Me ayudó a levantarme y me rodeó con su cálido cuerpo, juntos fuimos a la tienda. Ambos estábamos muy cansados y nos dormimos en seguida, pero el mío fue un sueño inquieto, repleto de pesadillas.
En medio de la oscuridad un grito desgarrador nos sacó de nuestro sueño, algo pasaba, Jack y yo nos levantamos de un salto, Bāli estaba acurrucada y temblaba entre las mantas.
-cógela y corre- le dije a Jack señalando a Bāli
-¡¡No!!- exclamó indignado- no puedo dejarte solo ante el peligro, no otra vez-la voz se le quebró
-debemos protegerla-le reproché-está aquí por nuestra culpa
A regañadientes aceptó, le abracé fuertemente para transmitirle mi fuerza, le besé y nos despedimos, se cargó a la pequeña, que aun temblaba, a a la espalda y salimos sigilosamente.
-son ellos-murmuró Bāli con el miedo en la voz- son los bandidos
Se habían aproximado desde el noreste, Jack se escabulló hacia el oeste y yo fui en dirección contraria, hacia el otro lado del campamento por suerte el ataque había empezado allí, si no Bāli no tendría ninguna oportunidad. Me escondí detrás de unas telas y observé desde allí a los bandidos, iban armados con unas extrañas espadas cortas, tiré una cacerola que encontré a mi lado. Uno de los bandidos se acercó, picando en mi anzuelo, en cuanto asomó la cabeza entre las telas y le golpeé en la mandíbula con fuerza, dejándole fuera de combate, le arrebaté la espada y se la clavé en el pecho, por si acaso. Otro bandido, que también había oído el ruido, apareció entre las telas y, sin darle tiempo a reaccionar, le rebané el cuello con la espada de su compañero. Armado con le despojé de sus ropas y me las puse yo, para pasar desapercibido, armado con las dos espadas salí de mi escondite. Me mezclé con los bandidos fui corriendo entre ellos, cuando pillaba a uno desprevenido le clavaba la espada a traición, cada vez quedaban menos bandidos y al final se dieron cuenta de que algo pasaba, al la señal de un fuerte silbido todos se detuvieron, yo les imité, el que parecía el jefe empezó a pasearse entre ellos y hablarles en un idioma que yo no conocía, como intentando descubrir quién era el traidor, tras el entre las tiendas vi a uno de mis hombres preparando un ataque suicida contra el jefe. Intenté llamar su atención, pero no sabía cómo hacerlo sin desvelar mi posición, mientras le observaba noté que el silencio se había extendido a mi alrededor, miré y vi que todos los bandidos me miraban, incluido el jefe, que se había acercado a mí y me observaba con una mezcla de curiosidad y rabia, me dijo algo en su idioma.
-no hablo tu idioma-le dije, ya me habían descubierto, no tenia por que esconderme
-¿Quién eress?- me preguntó con un marcado acento, alargando la ese
-mi nombre es Christian-le dije
-chrisstian- dijo pensativo- me gussta tu nombre, eresss valiente y hábil, únete a nosotros
-debo negarme- le dije sosteniéndole la mirada
-entoncesss hass de morir, ¿esstass sserguro?
-sí, hay cosas más importantes que mi vida, además tendréis que cogerme antes de matarme
-¿piensass que puedes huir de nossotross?- una risa extraña salió de su garganta
-no- dije sin poder contener una sonrisa
Esto dejó confusos a las bandidos y aprovechando ese momento de despiste me giré y maté a los dos hombres que estaban tras de mí. Luego lancé mis espadas, una acertó en el estomago de un hombre cercano y, que cayó al suelo agonizando; la otra pasó produciéndole un profundo corte al jefe en el brazo, pero no lo mató. Me agaché y cogí las espadas de los que había matado ante mí. Tres hombres se abalanzaron sobre mí, con un ágil movimiento me aparté ellos chocaron y sin apenas darles tiempo a mirarme fueron atravesados por mis espadas, uno tras otro los bandidos fueron cayendo a mis pies, un brillo frio y despiadado había surgido en mis claros ojos azules, perdí el sentido de lo que hacía, mi cuerpo se movía solo y no podía detenerme, llegado un momento no recuerdo nada, mi consciencia se desvaneció.
Según me contó Jack más tarde, ellos habían ido hacia el oeste, habían encontrado una pequeña cabaña abandonada y se habían escondido allí, al la mañana siguiente se habían acercado al oasis y al ver que estaba todo en silencio se habían acercado.se habían encontrado el suelo repleto de cadáveres, el agua contaminada por la sangre, no habían visto a todos nuestros hombres así que habían supuesto que los supervivientes habían huido, habían recuperado las provisiones y las cantimploras de las tiendas. Me habían encontrado a mi enterrado bajo los cuerpos de los bandidos, cubierto de sangre, y me habían creído muerto, pero al ver que respiraba me habían cogido y me habían llevado a la cabaña abandonada, había estado inconsciente dos días y cuando al fin había despertado aun estaba débil.

con la coloración de Jonathan, que me ayudo cuando estaba sin ideas
y con la contracolaboración de mi madre, que no me deja el ordenador todo lo que me gustaría xDD