miércoles, 22 de febrero de 2012

De cuando Gregorio Samsa murió por equivocación

encontré esta historia, que escribí hace tiempo, mas o menos en 1º de la eso, y me trajo muchos recuerdos xDD

Aquella mañana Gregorio Samsa se despertó convertido en un gran insecto. Anteriormente Gregorio Samsa había sido un hombre regordete y no muy agraciado; era, sin embargo amable, simpático y bonachón. Trabajaba en una iglesia cercana a su pequeña casita. Su oficio le gustaba, ya que se encargaba de los más pequeños. Cuando no trabajaba era un hombre bastante normal. Vivía en una casa en un pueblecito de unas 20 casas, 5 de ellas de veraneo y otras 2 deshabitadas, un bar, la iglesia y un pequeño castillo derruido. Trabajaba solo los veranos y rara vez durante el resto del año. En su tiempo libre cultivaba un pequeño huerto a las afueras del pueblo con ayuda de su burra Badiela. Pero aquello ya era historia, esa mañana, un lunes de marzo de 1978 ya no era el mismo cura regordete y bonachón, si no una horrible cucaracha que ni a malas podía gustar a los niños. Probó todo lo que se le ocurrió para volver a su forma original, desesperado escribió a su hermana Matilde, que vivía a las afueras de la ciudad.

Querida hermanita:

¿Qué tal estás? Verás es muy importante que no se lo digas a nadie pero tengo un grave problema, necesito que vengas a ayudarme, pero tu sola. Un beso, Gregorio

La hermana pensando que sería un problema de dinero cogió todo el que tenía a mano y salió hacia el pueblo, pero cuando llegó allí no encontró a su hermano, si no a una enorme y horrible cucaracha, con la que acabó enseguida, al morir, la cucaracha recuperó su forma original. Y este fue el inesperado y temprano fin de Gregorio Samsa

FIN

viernes, 17 de febrero de 2012

La última sonrisa

Se despidió de sus amigos con una sonrisa en la cara, pero cuando se giró y comenzó a caminar hacia su casa ya había desaparecido. Siempre sonreía cuando iba con ellos, y no era una sonrisa falsa, pero en cuanto se separaban toda aquella felicidad desaparecía sobre todo aquella noche. . . el día anterior ya se había dado cuenta de que algo pasaba, su mejor amiga y ella habían medio discutido y ella había sacado sus conclusiones, creía que quería dejarle a solas con otra chica, a él, al chico que ella secretamente amaba, suponía que él había hablado con ella, y por eso no había dicho nada. Pero aquel día iban un montón de personas a acompañarla, y aun así su amiga le había echado esa mirada de “no deberías estar aquí” y ella se iba antes a casa, sin acompañar a los demás hasta sus casas como solía hacer.

Cuando se alejó suficiente de ellos empezó a tararear la melodía de una triste canción que le vino a la mente. La calle estaba desierta y apenas pasaban coches, pero ella no se fijo en ello, iba sumida en sus pensamientos, de vez en cuando sin darse cuenta comenzaba a hablar sola en voz alta y se reprochaba el no tener claros sus sentimientos ni ser lo suficientemente fuerte como para expresarlos. Casi sin darse cuenta la lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, y a correr por sus mejillas, ella absorbía la tristeza de las personas, siempre escuchaba los problemas de sus amigos e intentaba consolarles o ayudarles, pero a ella nadie la escuchaba, entre otras cosas porque ella no pedía atención, no quería aburrir a sus amigos con sus problemas así que siempre disimulaba. Por culpa de aquella manía cada vez se sentía peor, ya que unía a sus propios problemas los de sus amigos. Sumida en sus pensamientos se dio cuenta de que no veía nada, ya que las lágrimas no paraban de salir, pero le dio igual. Conocía aquel trayecto de memoria ya que era el mismo que hacía para ir y volver del instituto todos los días Comenzó a cruzar la carretera, y de pronto escuchó el ruido de un motor, acercándose a toda velocidad, se giró y a través de la pantalla de lágrimas pudo ver dos luces. se quedo allí, paralizada, sin saber qué hacer, y casi le pareció que el tiempo se detenía, su mirada se aclaró y pudo observar con atención la oscuridad de la noche, el movimiento de las hojas de los árboles y algunos gatos corriendo por el parque, vio como el coche se acercaba a ella sin poder remediarlo, pitando como un loco y haciendo eses, incluso llegó a vislumbrar la cara del conductor, con marcados signos de embriaguez todo aquello pasó ante sus ojos, sin darle tiempo a reaccionar, y quedó grabado en sus retinas, justo antes de que el coche impactara contra ella y la lanzara por los aires, quedo tirada en el duro y frío asfalto de la carretera y vio de reojo como el coche se alejaba a toda velocidad de allí “quizás sea mejor así“ pensó por un momento antes de sumirse en la oscuridad.

miércoles, 15 de febrero de 2012

felicidadeees carloos!!!!

este es el primer capitulo del cuento que me pidieses que escribiera,no se como terminara la cosa pero si quieres que cambie algo o tienes alguna idea ¡dímelo! y asi sera mas "personalizada" xDD



Cuando sonó el timbre Carlos comenzó a recoger sus cosas, aun quedaban algunas horas de clase pero el ya se iba a casa. No le iba demasiado bien en sus estudios y a veces se deprimía pensando que era un inútil, que no servía para nada, pero en su interior guardaba un poder que él desconocía.
Mientras caminaba hacia su casa, le pareció que alguien le seguía, oía sus pasos y casi creyó poder oír su respiración. Se detuvo y se giró, pero la calle estaba totalmente desierta, quizás incluso más de lo habitual. “será mi imaginación” pensó, y volvió a caminar, pero aquella sensación seguía allí, notaba una mirada fría en su nuca y pasos silenciosos tras de sí. Cerró los ojos un momento para convencerse a sí mismo de que todo era irreal, una imaginación suya, pero cuando abrió los ojos se detuvo en seco, había una mujer parada frente a él, su ropa era algo extraña pero no alcanzaba a comprender porque le daba esa impresión. La mujer le observaba con unos ojos gélidos de un azul tan claro que casi parecía blanco. Cuando la miró, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, pero se controló para no salir corriendo y siguió observándola, su pelo castaño oscuro casi negro le caía hasta la cadera, desparramándose como una cascada de agua oscura. No se movía, únicamente le observaba y el la observaba a ella.
-¿Quién eres?- le preguntó- ¿Qué haces aquí?- ella ignoraba todas sus preguntas como si no las escuchara.
Carlos dio un paso hacia ella, armándose de valor y entonces ella cambió su expresión, su aparente curiosidad se tornó en rabia, pero solo en su rostro se distinguía el sentimiento, todo su cuerpo seguía relajado. Sin muestras de crispación alguna retrocedió, aun mirándole, y desapareció entre unos árboles. Carlos corrió hacia allí, pero solo vio un gato corriendo a lo lejos y un par de pájaros en el cielo.
De camino a su casa fue pensando en aquel extraño suceso, alerta por si la extraña mujer volvía, pero nada ocurrió. Cuando llegó, cerró la puerta con llave y se encerró en su habitación, cogió un libro de su estantería y se tumbó en la cama a leer. Mientras estaba concentrado volvió a notar que le observaban e inmediatamente se puso alerta, soltó el libro sobre la cama y se puso en pie, comprobó el pestillo de la puerta y vio que aun estaba echado, luego fue a la ventana se cercioró de que estaba bien cerrada y echó las cortinas. La luz de su lámpara le parecía irreal, las sombras que formaba eran deformes y tétricas. Escucho un ruido tras su puerta y se acercó un poco, aguzando el oído para escuchar a través de la madera y entonces, de repente, se abrieron de golpe las cortinas y la ventana, una ráfaga de aire entro en la habitación y esta volvió a inundarse de luz solar. Carlos se giro, mirando asustado la ventana, entonces escuchó el sonido del seguro de la puerta y una fuerza sobrehumana lo empujó tirándolo al suelo, cayó de rodillas al suelo y se giró, temeroso, la puerta estaba abierta de par en par, y allí se alzaba la imponente figura de la mujer de ojos azules. Le miraba como si fuera un molesto insecto y Carlos percibió el deseo de matar en sus ojos. Impotente descubrió que las piernas no le respondían. Miró alrededor, en busca de algún arma, pero no había nada a su alcance. La mujer comenzó a murmurar algo en un idioma desconocido, Carlos notó que el aire se hacía más pesado y transmitía una extraña sensación. El murmullo cesó y la mujer alzó un brazo, colocando la palma de su mano hacia Carlos y el percibió el peligro, sus piernas volvieron a responder y se levantó, retrocedió hasta quedar pegado a la ventana, y el aire le revolvió el pelo, la mano de la mujer apuntaba directamente a su pecho y una pequeña bola de luz había empezado a formarse frente a ella, gorgoteaba como si fuera lava. Carlos miró de reojo por la ventana, era un octavo, sabía que era imposible que saliera con vida de aquello, pero aun así se pego mas a la ventana, casi subiéndose a ella. La mujer comenzó a reír, su risa era oscura y maligna, cargada de odio y muerte. La pequeña bola de luz había alcanzado el tamaño de una pelota de tenis y se había estabilizado.
-¡MUERE!-grito entonces la mujer
Carlos deseó que el tiempo se detuviera, pero sabía que no pasaría, pudo ver la bola avanzando a toda velocidad hacia el e instintivamente retrocedió, lo que provoco que cayera por la ventana. Fue como si viera una película a cámara lenta, se vio a si mismo cayendo lentamente, la bola le pasó rozándole el hombro, se giró y vio el suelo acercándose a él y deseó caer suavemente, o que algo detuviera su caída, y entonces su cuerpo cayó al suelo, pero el golpe no fue tan fuerte como esperaba, además había tardado excesivamente poco en caer. Abrió los ojos, notaba las piernas y los brazos doloridos, pero estaba vivo. Miró arriba, aun tumbado en el suelo, a tiempo para ver a la mujer asomarse desde su ventana, cerró los ojos y se quedó inmóvil, no quería que aquella que lo quería muerto supiese que en realidad estaba vivo. De repente se escucho un grito, una mujer que pasaba por allí le había visto, entreabrió los ojos y vio que la extraña mujer había desaparecido de la ventana. La mujer que había chillado se acercó a él, cuando le miró la cara y vio que respiraba se calmó un poco.
-¡que susto me has dado!- le dijo mientras rebuscaba en su bolso- ¡pensé que estabas muerto! ¿Qué te ha pasado?
- lo siento- murmuró, intentando incorporarse-me he caído
La mujer sacó un paquete de pañuelos y le dio uno, le ayudó a levantarse y le sentó en un banco.
-¿Qué te ha pasado en el hombro?
Carlos se miró y vio que tenia la camiseta rasgada y empapada de sangre, que salía de un corte en su hombro, pero curiosamente no le dolía, pero no dijo nada.
-hay que llevarte al hospital, ¿quieres que llame a tu madre?
-¡No! No llames a nadie
-de acuerdo– dijo tras observarle gravemente- creo que eres suficientemente adulto como para saber lo que te conviene, pero voy a llevarte al hospital
Afortunadamente había uno cerca de allí, cuando llegó se desplomó en una silla, se estaba quedando sin fuerzas, perdió la consciencia. Cuando despertó estaba rodeado por una cortina blanca, metido en una cama, notaba el hombro rígido y cuando lo miró vio que estaba vendado. Escuchó pasos en el exterior y se puso en tensión, pero entonces una enfermera de aspecto agradable descorrió las cortinas
-Veo que ya estas mejor- dijo con una sonrisa- la mujer que te trajo ha tenido que irse, pero se quedó hasta saber que estabas bien ¡qué suerte has tenido! La herida era profunda ¿Cómo te le hiciste?
-No lo recuerdo bien- dijo eludiendo el tema
-Bueno, ¡lo importante es que te recuperes! Por cierto hemos llamado a tu madre, debe estar a punto de llegar
-Mierda- murmuró desviando la vista
- la mujer ya nos dijo que no querías, pero lo vimos necesario. Bueno te dejo descansar- y tras decir esto salió y volvió a cerrar las cortinas.
Carlos se sumió en un sueño ligero e inquieto, trazos de recuerdos e invenciones se entremezclaban en su mente. De pronto volvió a despertar, oía pasos, estos se detuvieron tras las cortinas
- No quiero hablar, madre- le dijo a la silueta que se dibujaba vagamente en la cortina- ¡márchate!
-no soy tu madre- la cortina se descorrió y una joven asomó la cabeza
- lo siento- se disculpó Carlos
La chica entró. Su pelo, sujeto en dos coletas era morado y estaba muy rizado, y sobre su cabeza descansaba un pequeño gorro de bruja, como de adorno, su vestido era negro y la tela caía hasta sus rodillas, como a jirones. Carlos la miró asombrado. Ella se acercó a él, le miró con sus grandes ojos, también morados, y acto seguido le puso una mano sobre el hombro. Su primera reacción fue apartarse, pero entonces comenzó a sentir, en su hombro, una calidez inusualmente agradable, cuando la calidez cesó la chica cortó las vendas y se las quitó, Carlos vio que su herida estaba totalmente curada.
-¿Quién eres?- le preguntó
-soy una bruja-le contestó ella-me llamo Katja. El consejo me eligió para protegerte
-¿protegerme? ¿De qué? ¿Qué consejo?
-de Ella, por supuesto, La Bruja Malvada, ha venido para destruirte. El consejo de brujas y magos es el que decide casi todo en nuestro mundo
-¿Qué quieres decir exactamente con “bruja”?
-pues eso-dijo riendo- que soy una bruja, como todos en mi mundo, hago magia y esas cosas- y mientras decía esto puso sus manos ante ella y pequeños fuegos artificiales comenzaron a salir de ella
-esto es muy raro –dijo estupefacto-por cierto ¿Por qué quiere destruirme?
-porque eres Tu. Eres la única persona capaz de detenerla y encerrarla para siempre
- ¿Cómo voy a hacer yo eso? Y ¿Quién dice que quiera hacerlo?
-DEBES hacerlo, porque de ello depende la seguridad de Todo
-Pero eso no responde a mi primera pregunta
-El “cómo” es algo que habita en tu interior y que, al parecer, aun no has descubierto
"Algo que habita en mi interior" murmuro pensativo
-¡Debemos irnos!- exclamó Katja- ¡están a punto de llegar!
-¿Quiénes?
-los enfermeros y tu madre
Carlos se incorporo de golpe, volviendo de repente a la realidad, si su madre lo veía no le dejaría en paz, asique con ayuda de Katja salió de la cama y fueron hacia la puerta, pero escucharon voces que se acercaban.
-¡por la ventana!-le susurró Katja
El la miró asombrado pero la siguió. Katja abrió la ventana y silbo fuertemente, luego saltó. Carlos se asomó y vio que había caído sobre una escoba, Katja se acercó a la ventana todo lo que pudo y le tendió una mano. Carlos no estaba seguro de que fuera una buena idea, pero las voces habían llegado ya a la puerta y saltó, sin pensarlo. Casi sin darse cuenta se encontró sentado en la escoba y esta salió disparada, alejándose cada vez mas del hospital.

jueves, 9 de febrero de 2012

Adios

La sangre brotó. Comenzó a salir indiscriminadamente del profundo corte. Ella lo miró, con el cuchillo aun en la mano. Observó como la sangre escapaba de su brazo y se marchaba por el desagüe. Toda aquella rabia que había ido acumulando salía también suavemente, mezclada con la sangre. El mundo no la había tratado bien. Todos se habían aprovechado de ella, incluso aquellos a los que había considerado amigos. Estaba harta de ayudar a todo el mundo y que nadie la ayudara a ella. Había llegado su fin, no pasaría de aquella noche. La vida se escapaba lentamente de su cuerpo, demasiado lentamente. Aferró el cuchillo con más fuerza lo elevó, llevándolo hacia su cuello, y presionó a la vez que lo deslizaba sobre su suave piel. Notó que su camisa se empapaba y la cálida sangre le acariciaba la piel. No dejó ninguna nota, ni habló con nadie, su único deseo era que todos aquellos que le habían hecho la vida imposible sufrieran. La rabia ya había desaparecido y desbordada por una profunda calma se dejó caer al suelo. En silencio.

miércoles, 8 de febrero de 2012

mi Yo real

Todo está oscuro. Hay sangre por todas partes. Siento la adrenalina corriendo por mi cuerpo. El peso del cuchillo en mi mano me hace sentir vivo, pero aun mas las sangre que gotea de él, en el suelo se amontonan trozos de carne, sobresalen brazos, piernas, cabezas, algún que otro torso abierto en canal, dejando al descubierto los órganos, bañados en sangra, brillantes. ¿Por qué había hecho aquello? Ni siquiera yo misma lo sabía, simplemente lo había hecho. No conocía a ninguna de esas personas, no habían hecho nada malo, o quizá sí, pero a mí me daba igual, solo estaban ahí, en el momento equivocado y en el lugar inadecuado, yo llegué y dejé que mi cuerpo se moviera solo, me relaje y el demonio que dormía en mi despertó. Pero no le estoy echando la culpa a otro, ese demonio soy yo, ese es mi estado natural, mi cara de niña buena es solo una tapadera. Ahora, al fin, me he liberado. Ya soy LIBRE

Frio. Hielo. Viento. Nieve.

Frio. Hielo. Viento. Nieve.

Todos aquellos pensamientos rondaban su mete, aunque intentara evitarlos siempre volvían, el frio había penetrado demasiado en su interior, a pesar de las pesadas capas que llevaba. La fuerte ventisca lo rodeaba, apenas veía más allá de su nariz, la nieve se arremolinaba frente a sus ojos y el viento le golpeaba sin piedad como si fueran fuertes puños, sacudiéndole. Pero el continuaba caminando, intentaba pensar en cosas cálidas, levantaba trabajosamente los pies del suelo y los dejaba caer pesadamente más adelante. Sus manos, aunque embutidas en los gruesos guantes, estaban congeladas, ya no podía moverlas, la escarcha se formaba alrededor de su boca y su nariz, debido a su respiración, y sus pestañas se unían con el hielo. Una ráfaga de viento, más fuerte que las demás, le golpeó de costado, perdió el equilibrio, se tambaleó y cayó al suelo, sobre la nieve, que se hundió bajo su peso, dejándole semienterrado. Sus esperanzas se habían desvanecido, ya no tenía ninguna posibilidad. Una lágrima salió de sus ojos, pero se congeló sobre su piel. Ya no le quedaban fuerzas, o podía levantarse, los brazos le pesaban, las piernas le pesaban y en su pecho notaba un gran peso, como si un elefante se hubiera sentado sobre él. Era incapaz de moverse, pero seguía consiente y observaba como a su alrededor la nieve seguía cayendo, notaba como cubría poco a poco su cuerpo. Pronto el frio dejó de importarle, ya no sentía nada más que un gran gran peso en todo el cuerpo, como si lo estuvieran aplastando, la nieve había cubierto su rostro y no podía ver nada, solo el blanco de la nieve que se hacía cada vez mas y mas oscuro, hasta que todo quedó negro. Un hilo de sangre salió de su boca pero se congeló en seguida. Poco a poco su vida se fue desvaneciendo, mientras que fuera, en la superficie, las nubes huían y dejaban al descubierto el claro azul del cielo y los luminosos rayos del sol, que iluminaban todo el valle, el suelo cubierto de nieve blanca, que brillaba, y completamente lisa salvo por un pequeño montículo, donde se encontraba el cadáver y unos metros más lejos una pequeña cabaña cuyo tejado estaba cubierto de nieve, pero había resistido el temporal.

no juegues con mis sentimientos. este es de hace tiempo pero bueno. . .

Todo está oscuro, en mi mano hay un cuchillo, estoy sentada al lado de una puerta, esperando a que se abra. Me pregunto cómo he llegado a esto, necesito reflexionar, no tengo mucho tiempo, está a punto de llegar.

• • • •

Todo empezó hace unos días, había quedado por primera vez con el chico que me gustaba, era un compañero de clase, le acababan de transferir hacía poco. Aquel día sospeche por un instante que no era el tipo de persona que pretendía ser en clase, allí siempre era muy amable con todo el mundo y nunca daba problemas. Sin embargo aquel día en nuestra “cita” todo le molestaba, desde mi ropa hasta la comida del restaurante, aun así pensé “quizás tenga un mal día”. Al día siguiente se disculpo con migo así que los olvide. La siguiente vez que quedamos le confesé mis sentimientos, le dije que me gustaba y, que si era posible, quería salir con él. Aceptó, y en ese momento mi felicidad era tal que no me di cuenta de que apenas reaccionó cuando me declaré.
Esos días iban en camino de ser los más felices de mi vida, pero al día siguiente mientras paseaba con mis amigas vi un chico, que me resulto familiar, besando a una mujer. Cuando se separaron y le vi la cara me dio un vuelco el corazón, era la misma persona que había aceptado mis sentimientos el día anterior. Les dije a mis amigas que se adelantaran, que yo tenía algo que hacer, cuando se alejaron me acerque a ellos
-¡¡¡no me dijiste ayer que ibas a salir con migo!!!-le grité
-si-me respondió mirándome a los ojos –pero ella es mi prometida-
Me quede sin habla, con la boca abierta. No me lo podía creer
-ven esta noche a la azotea del instituto no quiero montar un escándalo aquí-le dije-
En ese momento estaba demasiado frustrada como para pensar en lo que quería de él. Me respondió con un simple “vale” y yo me marche lo más deprisa que me permitían mis piernas.
Cuando llegué a mi casa me encerré en mi habitación, aun quedaban unas horas para que llegara el momento. Me senté en la cama y empecé a pensar. Había sido una tonta, debería haberme dado cuenta de que no mostraba ninguna emoción cuando estaba a mi lado. Me quede un rato deprimida, pero esta depresión dio paso a la rabia. Si el ya estaba prometido no tendría que haber empezado a salir conmigo, tenía que haberme rechazado.
¡SI! él tenía la culpa, así que tenía que pagar por jugar con mis sentimientos. Baje a la cocina y cogí el cuchillo más grande que encontré, después Salí a la calle y me dirigí al instituto. Cuando llegué a la azotea me senté junto a la puerta y espere mientras pensaba en lo que había pasado.

• • • •

Mientras estoy sumida en mis pensamientos oigo pasos detrás de la puerta, ¿será él?, me pongo en pie lentamente, sin hacer ruido. Los pasos llegan a la puerta, y esta empieza a abrirse. Veo una silueta atravesando la puerta y me abalanzo sobre ella. Le clavo el cuchillo en el estomago, pero entonces noto algo extraño. El cuerpo no es de un chico. Me aparto y miro atentamente, cuando mi mente se aclara me doy cuenta de que no es el si no su prometida
-¡vaya! así que a ti también te ha traicionado
Cojo su bolso, rebusco dentro y encuentro su móvil, busco en la agenda y encuentro su número. Le escribo un mensaje “ya está arreglado, ven, quiere despedirse de ti”
Arrastro el cuerpo de ella para que no bloquee la puerta, aun está viva, pero débil, no puede moverse. Al rato aparece el, cuando la ve corre hacia ella y se arrodilla a su lado, me acerco a su espalda y le susurro al oído “adiós”. Gira la cabeza, puedo ver el miedo en sus ojos, le clavo el cuchillo con todas mis fuerzas. Lo saco. Retrocedo unos pasos. Suelto el cuchillo. Les miro. Me dan un poco de envidia, han muerto juntos. Me acerco a la valla, la escalo, cuando estoy al otro lado miro a mis pies. Solo unos pocos centímetros me separan del abismo de tres pisos que hay debajo. Doy un paso hacia delante. Caigo. Veo el suelo acercándose muy deprisa, y luego. . . NEGRO.